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lunes, 7 de diciembre de 2015

Hermenéutica


Ante todo, por tu parte, ruega para que se te abran las puertas de la luz, pues estas cosas no son fáciles de ver y comprender por todos, sino a quien Dios y su Cristo concede comprenderlas. (Justino Mártir - 160 d.C.)  

Una mente sana y religiosa que ama la verdad, sin peligro alguno pone la capacidad que Dios concedió a los seres humanos al servicio de la ciencia, y con un constante estudio podrá progresar en su conocimiento de las cosas. Por éstas quiero decir aquellas que día tras día suceden ante nuestros ojos, y también aquellas que las palabras de la Escritura tratan en forma abierta. Por eso se deben interpretar las parábolas sin métodos ambiguos: quien de esta manera las entiende, no correrá peligro, y todos deben explicar las parábolas de modo semejante. (Ireneo - 180 d.C.)  

Teniendo, pues, la Regla misma de la verdad y un claro testimonio de Dios, no podemos abandonar el conocimiento cierto y verdadero sobre Dios, por cuestiones desviantes en otras y otras interpretaciones… Si aun entre las cosas creadas algunas son accesibles sólo al conocimiento de Dios, y otras también pueden caer bajo nuestra ciencia, ¿qué dificultad hay si en las cuestiones de la Escritura, siendo éstas espirituales, averiguamos unas cosas con su gracia y otras las dejamos a Dios…
Por consiguiente, si por los motivos que acabamos de exponer dejamos a la ciencia de Dios ciertas cuestiones, mientras conservamos la fe, podemos vivir seguros y sin peligros. De este modo toda la Escritura que Dios nos ha dado nos parecerá congruente, concordarán las interpretaciones de las parábolas con expresiones claras, y escucharemos las diversas voces como una sola melodía que eleva himnos al Dios que hizo todas las cosas. (Ireneo - 180 d.C.)  

Por eso debemos dejar a la ciencia de Dios muchas de estas cuestiones, como el Señor le dejó el día y la hora. Correríamos el más grande peligro si a Dios nada le dejamos, aunque hemos recibido de él sólo en parte esta gracia, cuando investigamos las cosas que nos superan y que por ahora no nos es posible descubrir. Pero caer en tan grande osadía que fosilicemos a Dios, que presumamos de haber descubierto lo que no hemos descubierto… (Ireneo - 180 d.C.)  

Entonces, si se halla alguna divergencia aun en alguna cosa mínima, ¿no sería conveniente volver los ojos a las Iglesias más antiguas, en las cuales los Apóstoles vivieron, a fin de tomar de ellas la doctrina para resolver la cuestión, lo que es más claro y seguro? Incluso si los Apóstoles no nos hubiesen dejado sus escritos, ¿no hubiera sido necesario seguir el orden de la Tradición que ellos legaron a aquellos a quienes confiaron las Iglesias? (Ireneo - 180 d.C.)  

Por eso el profeta Daniel decía: «Oculta las palabras y sella el libro hasta el tiempo final, hasta que muchos aprendan y se cumpla lo que saben. Pues, cuando la persecución haya llegado a su fin, se sabrán todas estas cosas» (Daniel 12:4,7). Y Jeremías dice: «Estas cosas se comprenderán al final de los tiempos» (Jeremías 23:20). En efecto, cualquier profecía es para los seres humanos enigmática y ambigua hasta que se cumple; mas cuando llega el tiempo y sucede lo profetizado, entonces se pueden explicar las profecías claramente.
Por eso aun en nuestros tiempos lo que se lee en la Ley les parece una fábula a los judíos. Es que no tienen aquello que lo explica todo, como es lo que toca a la venida del Hijo de Dios hecho hombre. En cambio para los cristianos, cuando lo leen, se convierte en el tesoro escondido en el campo, revelado y explicado por la cruz de Cristo, que les da inteligencia a los seres humanos y muestra la sabiduría de Dios; también manifiesta las Economías en favor de los hombres, prefigura el Reino de Cristo y anuncia de antemano la heredad de la Ciudad Santa… Por consiguiente, si alguien lee las Escrituras como acabamos de explicar -así como Cristo enseñó a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos, mostrándoles a partir de las Escrituras que «era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y así entrara en su gloria», «y en su nombre se predicara el perdón de los pecados en todo el mundo» (Lucas 24:26, 46-47)-, llegará a ser un perfecto discípulo, como aquel «padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas» (Mateo 13:52). (Ireneo - 180 d.C.)  

Los que sabemos bien que el Salvador no dice nada de una manera puramente humana, sino que enseña a sus discípulos todas las cosas con una sabiduría divina y llena de misterios, no hemos de escuchar sus palabras con un oído carnal, sino que, con un religioso estudio e inteligencia, hemos de intentar encontrar y comprender su sentido escondido. En efecto, lo que el mismo Señor parece haber expuesto con toda simplicidad a sus discípulos no requiere menos atención que lo que les enseñaba en enigmas; y aun ahora nos encontramos con que requieren un estudio más detenido, debido a que hay en sus palabras una plenitud de sentido que sobrepasa nuestra inteligencia... Lo que tiene más importancia para el fin mismo de nuestra salvación, está como protegido por el envoltorio de su sentido profundo, maravilloso y celestial, y no conviene recibirlo en nuestros oídos de cualquier manera, sino que hay que penetrar con la mente hasta el mismo espíritu del Salvador y hasta lo secreto de su mente... (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

Volvamos a nuestra discusión acerca del principio de que lo más originario es lo verdadero, y lo posterior es lo falso… (Tertuliano - 197 d.C.)

 

Libros deuterocanónicos


Los libros deuterocanónicos, también llamados apócrifos, son libros del antiguo testamento incluidos en la Septuaginta, la cual era usada como la biblia de la Iglesia Primitiva; pero fueron excluidos por los judíos de su antiguo testamento a finales del primer siglo.  

I. Los cristianos primitivos citaron de los libros deuterocanónicos

Los escritos de la Iglesia Primitiva contienen más de 300 citas y referencias de los libros deuterocanónicos. He aquí unos pocos ejemplos:  

La bendita Judit, cuando la ciudad estaba sitiada, pidió a los ancianos que se le permitiera ir al campamento de los sitiadores. Y por ello se expuso ella misma al peligro y fue por amor a su país y al pueblo que estaba bajo aflicción; y el Señor entregó a Rolofernes en las manos de una mujer. No fue menor el peligro de Ester, la cual era perfecta en la fe, y se expuso para poder librar a las doce tribus de Israel cuando estaban a punto de perecer. Porque con su ayuno y su humillación suplicó al Señor omnisciente, el Dios de las edades; y Él, viendo la humildad de su alma, libró al pueblo por amor al cual ella hizo frente al peligro. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

El Señor está cerca de todos los que se vuelven a Él, como está escrito en Eldad y Modat, que profetizaron al pueblo en el desierto"» (Hermas - 150 d.C.)  

A éste anunció Daniel a Ciro, rey de los persas, cuando diciéndole el rey: «¿Por qué no adoras a Bel?» (Dan 14,3), Daniel le dijo: «Porque no adoro ídolos hechos por mano de hombre, sino al Dios vivo que hizo el cielo y la tierra y tiene el poder sobre toda carne» (Ireneo - 180 d.C.)  

II. ¿Porque los Judíos suprimieron estos libros?

No puedo confiar en sus maestros (los judíos) los cuales no aceptan la traducción realizada por los setenta como correcta (la Septuaginta)… Nótese que ellos han excluido muchas escrituras de la traducción de los setenta hecha por los ancianos bajo la dirección de Tolomeo. Dichas escrituras comprueban que el mismo que fue crucificado demuestra ser Dios y Hombre. (Justino Mártir - 160 d.C.)  

No he intentado comprobar la verdad acerca de Cristo usando las escrituras que los judíos no aceptan… Pero lo he comprobado usando las escrituras aun aceptadas por ellos. De las cuales, si hubieran entendido bien, ténganlo por seguro que, también las habrían suprimido, como las que tratan de la muerte de Isaías a quien los judíos aserraron por la mitad con una sierra de madera. (Justino Mártir - 160 d.C.)  

Hemos leído que todas las escrituras son dadas para edificación. Parece que, por esta misma razón, son rechazadas por los judíos, por todas las porciones que hablan de Cristo. Tampoco nos debe sorprender que no hayan recibido algunas escrituras que hablen acerca del cual a quien no han recibido. (Justino Mártir - 160 d.C.) 

III. La posición de la Iglesia Primitiva frente a estos libros

El libro de Susana se encuentra en todas las iglesias de Cristo en griego… También el fin de Daniel que se trata de Bel y el dragón que no están en hebreo… (Orígenes - 240 d.C.)  

Los judíos no usan el libro de Tobías. Sin embargo todas las iglesias usan el libro de Tobías. (Orígenes - 240 d.C.)

 

 

Septuaginta o la versión de los LXX


I. Historia y uso de la Septuaginta

“Pues antes de que los Romanos estableciesen el imperio, cuando aún los macedonios dominaban sobre Asia, Ptolomeo, hijo de Layo, quiso enriquecer la biblioteca que él mismo había erigido en Alejandría, con los escritos de todos los hombres más destacados. Pidió también a judíos de Jerusalén sus Escrituras, pero traducidas al griego. Ellos entonces (pues en esa época eran súbditos de Macedonia) enviaron a Ptolomeo a los 70 más profundos conocedores de las Escrituras, prácticos en ambas lenguas, para que se pusiesen a su servicio. El, queriendo controlarlos, pues temía que se pusieran de acuerdo en esconder, al momento de traducir, la verdad de las Escrituras, los separó unos de otros y mandó a cada uno de ellos que tradujera la Escritura. Esto hizo con cada uno de los libros.
“Cuando se reunieron con Ptolomeo para comparar sus traducciones, Dios fue glorificado porque se probó que las Escrituras eran de verdad divinas, pues, habiendo recitado cada uno de ellos desde el principio hasta el fin con las mismas palabras y los mismos nombres, todos los presentes cayeron en la cuenta de que las Escrituras habían sido traducidas con inspiración divina.
“Y nadie se admire de que Dios haya realizado tal prodigio en ellos, pues durante la cautividad a la que Nabucodonosor los arrastró se perdieron las Escrituras. Después de 70 años los judíos regresaron a su tierra, y durante el imperio del rey Artajerjes de Persia, Dios inspiró a Esdras, sacerdote de la tribu de Leví, para que, recordando todas las palabras de los antiguos profetas, restituyese al pueblo la Ley que por medio de Moisés le había dado. Fue, pues, muy grande la fidelidad con la cual la gracia de Dios hizo que fuesen traducidas las Escrituras, a partir de las cuales Dios preparó y modeló de antemano nuestra fe en su Hijo, y fueron conservadas incorruptas en Egipto, donde se había desarrollado la casa de Jacob cuando huyó del hambre que asoló la tierra de Canaán, y donde también se protegió el Señor cuando huyó de la persecución de Herodes. Y dicha traducción se hizo antes de que nuestro Señor descendiera y de que los cristianos aparecieran (pues nuestro Señor nació alrededor del año 41 del gobierno de Augusto, y muy anterior había sido Ptolomeo, bajo cuyo reinado se habían traducido las Escrituras). No tienen, pues, vergüenza esos atrevidos que ahora pretenden hacer otras traducciones cuando usamos las mismas Escrituras para argüirles y probarles la fe en la venida del Hijo de Dios”. (Ireneo - 180 d.C.)  

En consecuencia, la única fe no falseada y verdadera es la nuestra, pues halla toda su clara exposición en las Escrituras que fueron traducidas de la manera que hemos descrito, y que la Iglesia predica sin alterar nada. En efecto, los Apóstoles, siendo más antiguos que cualquiera de ellos, están de acuerdo con esta versión, y a su vez esta versión está de acuerdo con la Tradición apostólica. Pues Pedro, Juan, Mateo, Pablo y los demás, así como sus discípulos, predicaron con los textos contenidos en la traducción de los antiguos… (Ireneo - 180 d.C.)  

El más erudito de los tolomeos que tuvo por sobrenombre Filadelfo, conocedor en todas letras, queriendo competir, según creo, con la diligencia que tuvo Pisistrato en congregar famosas librerías, entre las memorias con que la curiosidad se adorna y la antigüedad se celebra, pidió á los judíos, por consejo de Demetrio Falereo ,el más excelente gramático de aquella edad, por cuya cuenta corría este negocio, sus libros escritos en idioma y caracteres tan propios de aquella gente, que no los tenía otra nación. En este idioma habló Dios á los profetas, y en este predicaban ellos á los judíos, que era la familia de Dios por méritos de sus primeros padres. Los que ahora se dicen judíos se llamaron antiguamente hebreos, y por eso se llaman hebreos los caracteres y el lenguaje. Los judíos, ajustándose a la petición del rey, enviaron los libros y setenta y dos intérpretes para que con fidelidad tradujesen escrituras tan obscuras. Estos hicieron la traducción de hebreo en griego, y confiriéndola Menedemo, filósofo, que fue el que reconoció la providencia divina en este suceso, halló que la traslación de todos constaba de unas mismas palabras y sentencias. La verdad de esta historia ya os la dejó escrita Aristeas. Por este camino Tolomeo dejó las escrituras hebreas clarísimamente traducidas en griego estilo. Hoy se pueden ver en el templo de Serapis, donde está la librería, y se guardan los originales de esta versión. Y el que quisiere informarse de más cerca, aquí en Roma tiene los judíos que todos los sábados leen en su sinagoga esta escritura pagando anual tributo por entrar á oír la explicación. El que oyere estas voces hallará á Dios, y el que cuidare de conocerle se verá forzado a creerle. (Tertuliano - 197 d.C.)  

II. Citas de la Septuaginta y las diferencias entre otros textos del antiguo testamento

Cuando los escritores del nuevo testamento citan el antiguo testamento muchas veces se lee diferente que los pasajes en el antiguo testamento de nuestra biblia. Esto es porque los escritores del nuevo testamento citaron de la Septuaginta. En cambio el antiguo testamento de las Biblias modernas como “La Reina 171 Valera” ha sido traducido del texto masorético en vez de ser traducido de la Septuaginta…  

Pues este es aquel que hablo el profeta Isaías cuando dijo: “Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas” Mateo 3:3 (Aquí Mateo está citando Isaías 40:3 de la Septuaginta. En la Reina Valera Isaías 40:3 dice: Voz que clama en el desierto: ”Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios”)  

Y enviado José, hizo venir a su padre Jacob, y toda su parentela, en número de setenta y cinco personas. Hechos 7:14 (Aquí Esteban esta citando Génesis 46:27 de la Septuaginta. En la Reina Valera Génesis 46:27 dice: “Todas las personas de la casa de Jacob que entraron a Egipto fueron setenta”  

Por eso Cristo al entrar en el mundo dijo a Dios: “No quieres sacrificio ni ofrendas, sino que me has dado un cuerpo.” Hebreos 10:5 (Aquí el escritor de hebreos está citando Salmos 40:6 de la Septuaginta. En la Reina Valera dice: “Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos”)  

Nótese también las diferencias entre: Romanos 15:12 / Isaías 11:10; Gálatas 3:13 / Deuteronomio21:23; Hechos 13:6 / Salmo118:6; Santiago 4:6 / Proverbios 3:34; 1 Pedro2:22 / Isaías 53:9; y 1 Pedro 4:18 / Proverbios 11:31  

Compara Isaías 53:10-11 con la siguiente cita. Esto demuestra una diferencia fundamental entre el texto de la Septuaginta y nuestro antiguo testamento en cuanto a la expiación.  

Según el Espíritu Santo habló, diciendo: Porque dijo: ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Ya quién se ha revelado el brazo de Jehová? (Isaías 53:10)... Y el Señor desea limpiarle de sus heridas. Si hacen ofrenda por el pecado, su alma verá larga descendencia. Y el Señor desea quitarle el padecimiento de su alma, mostrarle luz y moldearle con conocimiento, para justificar al Justo que es un buen siervo para muchos. …Ven, queridos hermanos, cuál es el ejemplo que nos ha sido dado. (Clemente de Roma - 90 d.C.)  

Ni tiendas la mano para recibir, ni la tengas cerrada cuando se trate de dar. (Citando Sirach 4:31) (Didaché - 80-140 d.C.)  

Cuando puedan hacer bien, no se demoren, porque la limosna libra de la muerte. (Citando Tobit 4:10) (Policarpo - 135 d.C.)  

Dios, pues, se ha hecho hombre, el Señor nos ha salvado (Isaías 63:9) y nos ha dado él mismo el signo de la Virgen. Luego no es verdadera la interpretación de algunos que se atreven a traducir así la Escritura: «He aquí que una joven concebirá en su seno y dará a luz un hijo» (Isaías 7:14), según han traducido Teodosio de Éfeso y Aquila del Ponto, ambos prosélitos judíos; a éstos siguen los ebionitas, quienes afirman que fue engendrado de José, disolviendo la Economía en cuanto está de su parte y frustrando el testimonio que Dios nos ofreció por los profetas. Esta profecía tuvo lugar antes de la transmigración a Babilonia, es decir, antes de que los medos y persas gobernaran. Y los mismos judíos lo tradujeron al griego mucho tiempo antes de la venida de nuestro Señor, a fin de que los judíos no hagan recaer sobre nosotros alguna sospecha de que así lo hemos traducido para acomodarlo a nuestro modo de pensar. (Ireneo - 180 d.C.)

 

 

lunes, 6 de abril de 2015

Apocalipsis


Los querubines, en efecto, se han manifestado bajo cuatro aspectos que son imágenes de la actividad del Hijo de Dios «El primer ser viviente, dice [el escritor sagrado], se asemeja a un león», para caracterizar su actividad como dominador y rey; «el segundo es semejante a un becerro», para indicar su orientación sacerdotal y sacrificial; «el tercero tiene cara de hombre» para describir su manifestación al venir en su ser humano; «el cuarto es semejante a un águila en vuelo», signo del Espíritu que hace sobrevolar su gracia sobre la Iglesia.
Los Evangelios, pues, concuerdan con estos [símbolos], sobre los cuales Cristo descansa. Uno de ellos, según Juan, narra su real y gloriosa generación del Padre, diciendo: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba ante Dios, y el Verbo era Dios: todas las cosas fueron hechas por su medio, y sin él nada ha sido hecho» Por tal motivo, este Evangelio nos llena de confianza: ésta es su característica. El Evangelio según Lucas, ya que tiene rasgos sacerdotales, comenzó presentando a Zacarías cuando ofrece a Dios el sacrificio. Y es que ya se estaba preparando el becerro cebado que debía matarse por el regreso del hermano menor. Mateo anuncia su origen humano, diciendo: «Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham». Y sigue: «Este fue el origen de Jesucristo». Es, pues, el Evangelio de su humanidad, por eso este Evangelio habla de él de manera humilde y conserva su figura como hombre manso. Marcos, a su vez, toma inicio del Espíritu profético que viene de lo alto sobre los hombres, diciendo: «Principio del Evangelio de Jesucristo, como está escrito en el profeta Isaías» , dando la imagen de un Evangelio que vuela con sus alas. Por eso comunica sus mensajes en forma fluida y suscinta; este es, en efecto, el estilo propio de los profetas. (Ireneo 180 d.C.)  

Por eso El mismo es «juez de vivos y muertos» (Hechos 10:42), el cual «tiene la llave de David; abrirá y nadie cerrará; cerrará y nadie abrirá» (Apocalipsis 3:7). Pues, en efecto, nadie en los cielos ni en la tierra ni bajo la tierra puede abrir el libro del Padre, ni siquiera verlo (Apocalipsis 5:3), excepto el Cordero que ha sido muerto (Apocalipsis 5:12), que nos ha redimido con su sangre (Apocalipsis 5:9) después de haber recibido el poder de Dios que hizo todas las cosas por medio de su Verbo y las ordenó por su Sabiduría. (Ireneo 180 d.C.) 

Juan, discípulo del Señor, vio en el Apocalipsis la gloriosa y sacerdotal venida de su reino: «Me di vuelta para mirar de quién era la voz que me hablaba, y al volverme vi siete candelabros de oro y entre los candelabros a uno semejante al Hijo del Hombre vestido de poder y ceñido a la altura del pecho con un cinturón de oro; su cabeza y cabellos eran blancos, como lana blanca y como nieve; sus ojos eran como una llama de fuego; sus pies parecían bronce que se fundiera en el horno; su voz era como un torrente; en su mano derecha tenía siete estrellas; de su boca brotaba una espada de dos filos, y su cara era como un sol brillante en todo su poder» (Apocalipsis 1:12-16). Entre todas estas cosas, la cabeza significa que ha recibido la gloria del Padre; lo sacerdotal señala los poderes -por eso Moisés vistió al pontífice según este modelo (Éxodo 28:4; Levítico 8:7); otra cosa es el fin, representado por el bronce en el horno de fundición, que indica la fe y la perseverancia de las oraciones por el fuego que se encenderá al fin de los tiempos.
Juan mismo no soportó la visión. En efecto, dice: «Caí a sus pies como muerto» (Apocalipsis 1:17), para que se cumpliera lo escrito: «Nadie puede ver a Dios y seguir viviendo» (Éxodo 33:20). Mas el Verbo le dio vida y le recordó que él, estando reclinado sobre su pecho durante la cena, le había preguntado quién era el que lo había de traicionar (Juan 13:15), y le dijo: «Yo soy el primero y el último, vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y de los lugares inferiores» (Apocalipsis 1:17-18). Después de esto, sobre una segunda visión en la que contempló al mismo Señor, escribió: «Vi en medio del trono, de los cuatro animales y de los ancianos, a un Cordero como muerto pero en pie, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus enviados por Dios a la tierra» (Apocalipsis 5:6-7). (Ireneo 180 d.C.)  

Juan, el discípulo del Señor, contempló en el Apocalipsis, notará que las naciones paganas en general sufrirán las mismas plagas que en particular afligieron a Egipto… (Ireneo 180 d.C.)  

Porque en todas partes la Iglesia predica la verdad, y es el candelabro de las siete lámparas que porta la luz de Cristo… (Ireneo 180 d.C.)  

Más claramente aún Juan, discípulo del Señor, escribió en el Apocalipsis acerca de los últimos tiempos y de los diez reyes que se dividirán el reino que ahora impera. Cuando explica el significado de los diez cuernos que Daniel vio, dice que esto le fue revelado: «Y los diez cuernos que viste son diez reyes a los que aún no se les ha dado el reino, sino que por una hora recibirán el poder junto con la bestia. Estos tienen una sola idea en su mente, la de entregar a la bestia la fuerza y el poder. Estos lucharán con el cordero, y éste los vencerá porque es el Señor de los señores y Rey de los reyes» (Apocalipsis 17:12-14). También se declara que aquel que viene matará a tres de ellos, los otros le quedarán sometidos, y el mismo será el octavo de ellos. Y devastarán Babilonia y la quemarán a fuego, le entregarán su reino a la bestia y perseguirán la Iglesia. Una vez acaecidas estas cosas, quedarán destruidos con la venida de nuestro Señor.
Que el reino será dividido y así acabará, lo dice el Señor: «Todo reino dividido perecerá, y toda ciudad o casa dividida no durará» (Mateo 12:25). El reino, la ciudad y la casa se dividirán en diez partes. Ya el Señor preanunció esta división y partición… (Ireneo 180 d.C.)  

(El Apocalipsis) ha apuntado el nombre (del Anticristo) para precavernos de él cuando venga, sabiendo quién es. Pero calló el nombre, porque no es digno que el Espíritu Santo lo pregone. En efecto, si éste lo hubiese pregonado, podría permanecer por mucho tiempo. Mas puesto que «era pero ya no es; va a surgir del abismo pero para ir a la perdición» (Apocalipsis 17:8), como quien no existe, por eso no se ha proclamado su nombre. Cuando el Anticristo devastare todas las cosas en este mundo, y hubiese reinado durante tres años y seis meses, sentado en el templo de Jerusalén, entonces el Señor vendrá entre las nubes del cielo en la gloria del Padre (Mateo 16:27). Entonces lo enviará al lago de fuego con sus seguidores (Apocalipsis 19:20), e instaurará el tiempo del reino para los justos, es decir el descanso, el séptimo día santificado, y cumplirá a Abraham la promesa de la herencia. Este es el reino al cual, según la palabra del Señor, muchos vendrán de oriente y occidente, para tomar su lugar junto con Abraham, Isaac y Jacob… (Ireneo 180 d.C.)  

En el Apocalipsis Juan la vio descender sobre la tierra nueva. Y después de los tiempos del reino, afirma, «vi un gran trono blanco y, sentado en él, a aquél de cuya presencia huyen la tierra y el cielo, los cuales no dejaron rastro» (Apocalipsis 20:11)... Y más adelante añade: «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva. El primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar dejó de existir. Y vi la nueva Jerusalén, la ciudad santa, bajar del cielo como una mujer preparada para su esposo. Y oí una fuerte voz que salía del trono y decía: Este es el santuario de Dios con los hombres, y habitará con ellos, los pueblos serán suyos, el mismo Dios estará con ellos y será su Dios. Y borrará toda lágrima de sus ojos y ya no habrá muerte, ni luto, ni duelo, ni dolor, porque el mundo viejo ha pasado» (Apocalipsis 21:1-4)… No podemos decir que se trata de una mera alegoría; sino que todo cuanto Dios preparó para la felicidad de los justos tiene un sólido y verdadero cimiento. Pues, así como es verdadero y no alegórico el Dios que resucita al hombre, igualmente será que el hombre resucite de entre los muertos, como lo hemos expuesto con los anteriores argumentos. (Ireneo 180 d.C.)  

Primero habla de aquellos que resucitarán habiendo hecho el bien, para entrar en el reposo; después, de aquellos que resucitarán para ser juzgados; como dice la Escritura en el Génesis: que después de la consumación de este siglo, seguirá el día sexto (Génesis 1:31-2:1), o sea el año 6000; porque éste será el día séptimo, día del descanso, como canta David: «Este es mi reposo, en él entrarán los justos». Este séptimo día es el séptimo milenario (Apocalipsis 20:4-6) en el que reinarán los justos, en el que está prometida la incorrupción… (Ireneo 180 d.C.)