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lunes, 7 de diciembre de 2015

Paraíso


Las manos de Dios se habían acostumbrado en Adán a ordenar, sostener y apoyar a su criatura, y a ponerla y cambiarla a donde querían. ¿Dónde fue colocado el primer hombre? En el paraíso, como dice la Escritura: «Y Dios plantó un jardín en el Edén, hacia el oriente, y ahí puso al hombre que había formado» (Génesis 2:8). De ahí fue arrojado a este mundo, una vez que pecó. Por eso dicen los presbíteros, discípulos de los Apóstoles, que allá se llevó a quienes fueron trasladados (porque el paraíso se preparó para los justos, portadores del Espíritu: ahí fue elevado también Pablo, que escuchó palabras inefables para quienes vivimos en este mundo (2 Corintios 12:4). Allí permanecen hasta la consumación (de los siglos) preludiando la incorrupción. (Ireneo - 180 d.C.)  

… el hombre, era aún pequeño, como niño, y debía crecer para llegar a la madurez. Y a fin que se alimentara y desarrollara con gozo y alegría, le fue preparado un sitio mejor que este mundo, superior a él por el aire, la belleza, la luz, el alimento, las plantas, los frutos, las aguas y todas las demás cosas necesarias para la vida. Y este lugar tiene por nombre Jardín. El Jardín era tan bello y agradable que el Verbo de Dios se personaba con frecuencia en él; se paseaba y entretenía con el hombre prefigurando lo que había de suceder en el futuro, es decir, que el Verbo de Dios se haría conciudadano del hombre y conversaría y habitaría con todos los hombres enseñándoles la justicia. Pero el hombre era todavía niño y no tenía aún pleno uso de razón, de ahí que le fuera fácil al seductor engañarle. (Ireneo - 180 d.C.)  

Si nombramos el paraíso (lugar de divina amenidad, destinado para hospicio de las almas santas, que la distingue de la noticia de este orbe la flamante zona de la espada del Querubín) no lo creen, porque todo el crédito lo tiene ocupado la fe de los campos Elíseos que describen los poetas… (Tertuliano - 197 d.C.)
 
 

martes, 17 de noviembre de 2015

Libre albedrío y predestinación


I. El libre albedrío en los hombres y ángeles  

Escribo a todas las iglesias, y hago saber a todos que de mi propio libre albedrío muero por Dios, a menos que ustedes me lo estorben. (Ignacio - 50-100 d.C.)  

Por tanto, tenemos deber de dar sobremanera gracias al Señor, porque nos dio a conocer lo pasado, nos instruyó acerca de lo presente y no estamos sin inteligencia para lo por venir. Y así dice la Escritura: No se tienden injustamente las redes a los volátiles. Lo cual quiere decir que con razón se perderá el hombre que, teniendo conocimiento del camino de la justicia, se precipita a sí mismo por el camino de las tinieblas. (Bernabé - 150 d.C.)  

Por el contrario, cada uno camina, según el mérito de sus acciones, hacia el castigo o hacia la salvación eterna. Si todos los hombres fuesen conscientes de esto, nadie escogería la maldad por un momento, sabiendo que así emprendía la marcha hacia su condena eterna en el fuego, sino que por todos los medios se contendría y se adornaría con las virtudes, para alcanzar los bienes de Dios y verse libre de la pena. (Justino Mártir - 160 d.C.)  

El Espíritu Santo reprende a los hombres porque habiendo sido creados impasibles e inmortales a semejanza de Dios con tal de que guardaran sus mandamientos, y habiéndoles Dios concedido el honor de llamarse hijos suyos, ellos, por querer asemejarse a Adán y a Eva, se procuran a sí mismos la muerte... Queda así demostrado que a los hombres se les concede el poder ser dioses, y que a todos se da el poder ser hijos del Altísimo, y culpa suya es si son juzgados y condenados como Adán y Eva... (Justino Mártir - 160 d.C.)  

El hombre fue creado racional, y por ello semejante a Dios, libre en sus decisiones y con un fin en sí mismo; y si alguna vez se convierte en paja y otra en trigo, es por su propia responsabilidad… (Ireneo - 180 d.C.)  

Dios siempre ha protegido, por una parte la libertad y decisión del ser humano, y por otra su exhortación a él: por ello quienes no obedecen son justamente juzgados por su desobediencia, y quienes obedecen y creen reciben la corona incorruptible. (Ireneo - 180 d.C.)  

Esta frase: « ¡Cuántas veces quise recoger a tus hijos, pero tú no quisiste!» (Mateo 23:37), bien descubrió la antigua ley de la libertad humana; pues Dios hizo libre al hombre, el cual, así como desde el principio tuvo alma, también gozó de libertad, a fin de que libremente pudiese acoger la Palabra de Dios, sin que éste lo forzase. Dios, en efecto, jamás se impone a la fuerza, pues en él siempre está presente el buen consejo. Por eso concede el buen consejo a todos. Tanto a los seres humanos como a los ángeles otorgó el poder de elegir -pues también los ángeles usan su razón-, a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre este bien como un don de Dios que ellos custodian. En cambio no se hallará ese bien en quienes le desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo… Dios, pues, nos ha dado el bien, de lo cual da testimonio el Apóstol en la mencionada epístola, y quienes obran según este don recibirán honor y gloria, porque hicieron el bien cuando estaba en su arbitrio no hacerlo; en cambio quienes no obren bien serán reos del justo juicio de Dios, porque no obraron bien estando en su poder hacerlo. Si, en efecto, unos seres humanos fueran malos por naturaleza y otros por naturaleza buenos, ni éstos serían dignos de alabanza por ser buenos, ni aquéllos condenables, porque así habrían sido hechos. Pero, como todos son de la misma naturaleza, capaces de conservar y hacer el bien, y también capaces para perderlo y no obrarlo, con justicia los seres sensatos (¡cuánto más Dios!) alaban a los segundos y dan testimonio de que han decidido de manera justa y han perseverado en el bien… (Ireneo - 180 d.C.)  

Y también: «Si el criado dice en su corazón: Mi amo tarda en venir, y empieza a golpear a sus compañeros, a comer, beber y emborracharse, cuando su amo llegue, en el día que menos lo espere, lo echará y le dará su parte entre los hipócritas» (Lucas 12:45-46). Todos los textos semejantes a éstos, que nos muestran al ser humano como libre y capaz de tomar decisiones, nos enseñan cómo Dios nos aconseja exhortándonos a obedecerle y apartarnos de la infidelidad, pero sin imponerse por la fuerza… (Ireneo - 180 d.C.) 

Por eso el Señor dice que el reino de los cielos es de los violentos: «Los violentos lo arrebatan» (Mateo 11:12), quiere decir aquellos que se esfuerzan, luchan y continuamente están alerta: éstos lo arrebatan… (Ireneo - 180 d.C.) 

Por su generosidad Dios dio a conocer al ser humano el bien de la obediencia y el mal de la desobediencia.... Por eso su conocimiento de ambas cosas va en los dos sentidos, a fin de que pueda elegir lo mejor con discernimiento… Aquellos, pues, que se han apartado de la luz del Padre transgrediendo la ley de la libertad, se han alejado por su culpa, pues se les concedió la libertad y el libre albedrío. (Ireneo - 180 d.C.)  

Por eso decía el Señor: «Quien cree en mí no será juzgado»; es decir, no será separado de Dios, pues está unido a él por la fe. «Mas quien no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios», pues de este modo él mismo se ha separado de Dios, por decisión propia… (Ireneo - 180 d.C.)  

Creer y obedecer está en nuestro poder… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

Ni alabanza ni condenación, ni recompensa ni castigo, sería justo si el hombre no tuviera el poder de escoger [lo bueno] y evitar [lo malo], si el pecado fuera involuntario… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

Dios no corona a aquellos que se abstienen de lo malo sólo por obligación. Es imposible que una persona viva día tras día de acuerdo a la justicia verdadera excepto de su propia voluntad. El que se hace ‘justo’ bajo obligación de otro no es justo en verdad… Es la libertad de cada persona la que produce la verdadera justicia y revela la verdadera maldad. (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

…el hombre fue hecho por Dios como ser libre, capaz de arbitrio y decisión propia: precisamente es en esto donde más en particular se manifiesta que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios…en aquello más esencial que procede del mismo Dios, esto es, el alma, que ha recibido el sello del ser divino en lo que se refiere a la libertad de arbitrio y de decisión…. Dios llama, amenaza y exhorta al hombre que, dotado de voluntad y de libertad, es capaz de obediencia o de rebelión… Le fue concedida plena libertad de elección en uno u otro sentido, de suerte que siempre fuese dueño de sí para hacer libremente el bien y para evitar libremente el mal; pues, por otra parte, convenía que el hombre estuviera bajo el juicio de Dios y que fuese justo por sus méritos propios, es decir, libres. En efecto, no podía asignarse razonablemente una recompensa del mal ni del bien a aquel que fuese bueno o malo por necesidad, no por voluntad propia. Para esto se dio la ley, la cual no anula, sino que pone a prueba la libertad con que uno o libremente se somete o libremente la traspasa. Por esto tenían que estar ambos caminos abiertos al libre arbitrio... una reflexión sobre la libertad del hombre mostrará que el es el culpable de todo el mal que cometió. (Tertuliano - 197 d.C.)  

 “Como si hablara de la agricultura, Pablo dice: ‘Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo da Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento’ [1 Corintios 3.6-7]. Ahora pudiéramos decir con razón que la cosecha del agricultor no es trabajo sólo del agricultor. Tampoco es trabajo sólo del que riega. Al fin y al cabo, es trabajo de Dios. Así mismo, no es que no tengamos nada que hacer para que nos desarrollemos espiritualmente a la perfección. Más, con todo, no es obra de sólo nosotros, porque Dios tiene una obra aun más grande que la nuestra. Así es en nuestra salvación. La parte que hace Dios es muchísimo mayor que la nuestra… (Justino Mártir - 160 d.C.)  

Aquellos [paganos] que deciden que el hombre no tiene libre albedrío, sino afirman que se gobierna por las disposiciones inevitables de la suerte, son culpables de impiedad ante el mismo Dios, ya que le hacen la causa y el autor de las maldades humanas… (Metodio - 290 d.C.)  

Toda la creación de Dios, Dios la hizo muy bien. Y él ha dado a cada persona el poder del libre albedrío, y por la misma norma ha instituido la ley de juicio… Y por cierto todo el que quiera, puede guardar sus mandamientos. Pero el que los desprecia y se vuelve en contra de ellos, sin duda alguna tendrá que hacer frente a esa ley de juicio… No cabe duda de que cada persona, utilizando el poder de su libre albedrío, puede fijar su camino en la dirección que él quiera… (Arquelao - 320 d.C.)  

II. La elección  

Y procuraban día y noche, en toda la comunidad, que el número de sus elegidos pudiera ser salvo, con propósito decidido y sin temor alguno. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

A estos hombres de vidas santas se unió una vasta multitud de los elegidos, que en muchas indignidades y torturas, víctimas de la envidia, dieron un valeroso ejemplo entre nosotros. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

Por tanto, acerquémonos a Él en santidad de alma, levantando nuestras manos puras e inmaculadas a Él, con amor hacia nuestro Padre bondadoso y compasivo, el cual ha hecho de nosotros su porción elegida. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no imputará pecado, ni hay engaño en su boca. Esta declaración de bienaventuranza fue pronunciada sobre los que han sido elegidos por Dios mediante Jesucristo nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

…Él también bendijo; he aquí, quita los cielos y los montes y las colinas y los mares, y todas las cosas serán allanadas para sus elegidos, para que Él pueda cumplirles la promesa que había hecho con gran gloria y regocijo, siempre y cuando ellos guarden las ordenanzas de Dios, que han recibido con gran fe.» (Hermas - 150 d.C.)  

Porque el Señor juró por su propia gloria, con respecto a sus elegidos: que si, ahora que se ha puesto este día como límite, se comete pecado, después no habrá para ellos salvación; porque el arrepentimiento para los justos tiene un fin; los días del arrepentimiento se han cumplido para todos los santos; en tanto que para los gentiles hay arrepentimiento hasta el último día. (Hermas - 150 d.C.)  

Pero la parte blanca es la edad venidera, en la cual residirán los elegidos de Dios; porque los elegidos de Dios serán sin mancha y puros para la vida eterna. (Hermas - 150 d.C.)  

Son elegidos por su anhelo de una mejor preparación y entrenamiento. Éstos son los que están dispuestos a oír lo que les dice, a poner en orden sus vidas, a progresar por una cuidadosa observancia de la ley de la justicia… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

III La predestinación  

Hemos aprendido de los profetas, y lo afirmamos nosotros, que los correctivos, los castigos y los galardones se miden conforme al mérito de los hechos de cada uno. De otra manera, si todo sucediera sólo por suerte, no hubiera nada a nuestro poder. Porque si un hombre se predestinara a lo bueno y otro a lo malo, el primero no mereciera la alabanza ni el segundo la culpa. Si los hombres no tuvieran el poder de evitar lo malo y de escoger lo bueno según su propia voluntad, no fueran responsables por sus hechos, sean buenos o malos… Porque el hombre no sería merecedor de recompensa o alabanza si él mismo no escogiera lo bueno, o si sólo fuera creado para hacer lo bueno. De igual manera, si un hombre fuera malo, no merecería el castigo, ya que él mismo no hubiera escogido lo malo, siendo él capaz de hacer sólo lo que fue creado para hacer… (Justino Mártir - 160 d.C.)  

Pero, alegan, fue Dios quien endureció el corazón del faraón y de sus ministros (Éxodo 9:34). ¿Acaso quienes así lo acusan no han leído lo que en el Evangelio respondió Jesús a sus discípulos cuando le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?» El contestó: «A ustedes se les concede conocer el misterio del reino de los cielos; a ellos les hablo en parábolas para que, viendo, no vean, y oyendo no oigan… Dios sabe quiénes son los que no habrán de creer, pues conoce de antemano todas las cosas, los entrega a su incredulidad, retira de ellos su rostro y los abandona en las tinieblas que ellos mismos eligieron. ¿Por qué admirarse, entonces, de que en aquel tiempo abandonó en su incredulidad al faraón y a sus ministros, los cuales jamás habrían creído en él? (Ireneo - 180 d.C.)  

Nosotros, los que hemos nacido recientemente, recibimos el crecimiento del que es perfecto y anterior a toda la creación, y el único bueno y excelente; y a semejanza de aquél, para obtener de él el don de la incorrupción, puesto que hemos sido predestinados a existir (Efesios 1:11-12) cuando aún no existíamos, según el pre conocimiento del Padre (1 Pedro 1:2); y comenzamos a existir por el ministerio del Verbo en los tiempos prefijados. (Ireneo - 180 d.C.)  

No que Dios por sí mismo haya planeado castigarlos, sino que a ellos se les echa encima el sufrimiento de haberse separado por sí mismos de todos los bienes. Mas los bienes divinos son eternos y no tienen fin… (Ireneo - 180 d.C.)  

Y creo que resulta evidente después de lo dicho, que la verdadera Iglesia es una, la realmente primitiva, en la cual están inscritos los que son predestinados como justos… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

IV. Sinergismo  

(Sinergismo es la doctrina, la cual afirma que la voluntad del hombre puede y debe cooperar con el Espíritu Santo para lograr la salvación. Según este entendimiento el ser humano es capaz de rechazar la gracia de Dios).  

Cuando estás dispuesto a hacer lo bueno Dios también está listo para ayudarte. (Ignacio – 105 d.C.)  

Y espero, Señor, que ahora seré capaz de guardar estos mandamientos que tú has mandado, capacitado por el Señor.» «Los guardarás», me dijo, «si tu corazón es puro ante el Señor, sí, y los guardarán todos cuantos purifiquen sus corazones de los deseos vanos de este mundo y vivan para Dios.» (Hermas - 150 d.C.)  

« ¿Por qué, pues, señor», le pregunté, «no se arrepintieron todos?» «A aquellos cuyo corazón Él vio que estaba a punto de volverse puro y de servirle a Él de todo corazón, Él les dio arrepentimiento; pero a aquellos en los que vio astucia y maldad, que intentaban arrepentirse en hipocresía, a éstos no les dio arrepentimiento, para que no profanaran de nuevo su nombre.» (Hermas - 150 d.C.)  

[Por lo tanto] si tú llevas el Nombre (de Cristo), y no llevas su poder, llevarás el Nombre sin ningún resultado. (Hermas - 150 d.C.)  

Estas son los que han oído mis mandamientos, y han practicado arrepentimiento con todo su corazón. Por ello, cuando el Señor vio que su arrepentimiento era bueno y puro, y que podían continuar en él, ordenó que sus pecados anteriores fueran borrados. (Hermas - 150 d.C.)  

De modo semejante, quien sirve al Señor nada le añade, ni a Dios le hace falta el servicio humano. Sino que El concede la vida, la incorrupción y la vida eterna a quienes le siguen y le sirven… (Ireneo - 180 d.C.)  

Un hombre que trabaja solo para libertarse de sus deseos pecaminosos nada logra. Pero si él manifiesta su afán y su deseo ardiente de eso, lo alcanza por el poder de Dios. Dios colabora con los que anhelan su ayuda. Pero si pierden su anhelo, el Espíritu de Dios también se restringe. El salvar al que no tiene voluntad es un acto de obligación, pero el salvar al que sí tiene voluntad es un acto de gracia… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

“Veamos a otro pasaje: ‘Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia’ (Romanos 9:16). Aquí Pablo no niega que los humanos tenemos que hacer algo. Sino alaba la bondad de Dios, quien lleva lo que se hace a su fin deseado. El sencillo deseo humano no basta para alcanzar el fin. Solo el correr no basta para que el atleta gane el premio. Tampoco basta para que los cristianos ganemos el premio que da Dios por Cristo Jesús. Estas cosas se llevan a cabo sólo con la ayuda de Dios.
“Como si hablara de la agricultura, Pablo dice: ‘Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo da Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento’ (1 Corintios 3:6-7). Ahora pudiéramos decir con razón que la cosecha del agricultor no es trabajo sólo del agricultor. Tampoco es trabajo sólo del que riega. Al fin y al cabo, es trabajo de Dios. Así mismo, no es que no tengamos nada que hacer para que nos desarrollemos espiritualmente a la perfección. Más, con todo, no es obra de sólo nosotros, porque Dios tiene una obra aun más grande que la nuestra. Así es en nuestra salvación. La parte que hace Dios es muchísimo mayor que la nuestra… (Justino Mártir - 160 d.C.)
 
 

Doctrina de hombre


I. El hombre creado a imagen de Dios  

A fin de puntualizar la verdad, este Adán es aquel primer hombre modelado, sobre el cual la Escritura afirma que Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza» (Génesis 1:26). Todos los demás descendemos de él. Y, como provenimos de él, por eso llevamos también su nombre. Y si se salva el ser humano, entonces es preciso que también se salve el primero que ha sido modelado. (Ireneo - 180 d.C.)  

Luego el mismo Cristo es, con el Padre, Dios de los vivientes, el que habló a Moisés, el que se manifestó a los padres… (Ireneo - 180 d.C.)  

Pero, como desde el principio el ser humano fue dotado del libre arbitrio, Dios, a cuya imagen fue hecho, siempre le ha dado el consejo de perseverar en el bien, que se perfecciona por la obediencia a Dios. (Ireneo - 180 d.C.)  

Los herejes nos presentan la cuestión de si Adán fue creado perfecto o imperfecto. Porque si lo fue imperfecto, ¿Cómo puede ser imperfecta la obra de un Dios perfecto, y más aún tratándose del hombre? Pero si era perfecto, ¿Cómo traspasó el mandato? Nuestra respuesta es que no fue creado perfecto en su constitución, pero si dispuesto para recibir la perfección. Hay cierta diferencia entre tener capacidad para la virtud y poseerla. Dios quiere que nos salvemos por nosotros mismos, pues ésta es la naturaleza del alma, la de poder moverse por sí misma… todos, como he dicho, están hechos para alcanzar la virtud. Lo que sucede es que unos se entregan más, y otros menos al aprendizaje y a la práctica de la misma. (Clemente de Alejandría - 195 d.C.) 

II. El libre albedrío, la naturaleza y la caída del hombre  

El Espíritu Santo reprende a los hombres porque habiendo sido creados impasibles e inmortales a semejanza de Dios con tal de que guardaran sus mandamientos, y habiéndoles Dios concedido el honor de llamarse hijos suyos, ellos, por querer asemejarse a Adán y a Eva, se procuran a sí mismos la muerte... Queda así demostrado que a los hombres se les concede el poder ser dioses, y que a todos se da el poder ser hijos del Altísimo, y culpa suya es si son juzgados y condenados como Adán y Eva... (Justino Mártir - 160 d.C.) 

El hombre fue creado racional, y por ello semejante a Dios, libre en sus decisiones y con un fin en sí mismo; y si alguna vez se convierte en paja y otra en trigo, es por su propia responsabilidad… (Ireneo - 180 d.C.)  

Esta frase: « ¡Cuántas veces quise recoger a tus hijos, pero tú no quisiste!» (Mateo 23:37), bien descubrió la antigua ley de la libertad humana; pues Dios hizo libre al hombre, el cual, así como desde el principio tuvo alma, también gozó de libertad, a fin de que libremente pudiese acoger la Palabra de Dios, sin que éste lo forzase. Dios, en efecto, jamás se impone a la fuerza, pues en él siempre está presente el buen consejo. Por eso concede el buen consejo a todos. Tanto a los seres humanos como a los ángeles otorgó el poder de elegir - a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre este bien como un don de Dios que ellos custodian. En cambio no se hallará ese bien en quienes le desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo…
Si, en efecto, unos seres humanos fueran malos por naturaleza y otros por naturaleza buenos, ni éstos serían dignos de alabanza por ser buenos, ni aquéllos condenables, porque así habrían sido hechos. Pero, como todos son de la misma naturaleza, capaces de conservar y hacer el bien, y también capaces para perderlo y no obrarlo, con justicia los seres sensatos (¡Cuánto más Dios!) alaban a los segundos y dan testimonio de que han decidido de manera justa y han perseverado en el bien… (Ireneo - 180 d.C.)  

¿Cómo podrías hacerte dios, si primero no te haces un ser humano? ¿Cómo pretendes ser perfecto, si fuiste creado en el tiempo? ¿Cómo sueñas en ser inmortal, si en tu naturaleza mortal no has obedecido a tu Hacedor? Es, pues, necesario que primero observes tu orden humano, para que en seguida participes de la gloria de Dios… (Ireneo - 180 d.C.)  

Mas, como Dios es veraz, y en cambio la serpiente es mentirosa, los efectos probaron que la muerte sería la consecuencia si ellos comían. Al mismo tiempo ellos gustaron del bocado y de la muerte; porque comieron por desobediencia, y la desobediencia produce la muerte. Por eso fueron ellos entregados a la muerte, pues se hicieron sus deudores… (Ireneo - 180 d.C.)  

El hombre no cumplió el mandato sino que desobedeció a Dios. El ángel lo sedujo, celoso y envidioso del hombre por los numerosos dones con que Dios le había colmado. Y al persuadirle la desobediencia al mandato divino, provocó su propia ruina al mismo tiempo que hacía al hombre pecador. El ángel, convertido así en jefe y guía del pecado, fue castigado por haber ofendido a Dios, y consiguió al mismo tiempo que el hombre fuera expulsado del Jardín… Y al hombre le expulsó de su presencia, le transfirió y le hizo habitar entonces en el camino que conduce al Jardín, ya que el Jardín no admite al pecador… (Ireneo - 180 d.C.)  

Y porque, envueltos todos en la creación originaria de Adán, hemos sido vinculados a la muerte, por causa de su desobediencia, era conveniente y justo que, por obra de la obediencia de quien se hizo hombre por nosotros, fueran rotas las [cadenas] de la muerte. Y porque la muerte reinaba sobre la carne, era preciso que fuera abolida por medio de la carne, y que el hombre fuera liberado de su opresión… (Ireneo - 180 d.C.) 

Habiendo Dios puesto al hombre en el paraíso para que lo trabajara y lo guardara... le mandó que comiera de todos los frutos y, naturalmente, también del árbol de la vida, sólo le mandó que no comiera del árbol de la ciencia. Y Dios lo trasladó de la tierra de la que había sido creado al paraíso, para que pudiera programar, y para que, creciendo y llegando a ser perfecto y hasta declarado dios, llegara a subir al cielo, poseyendo la inmortalidad, ya que el hombre fue creado en condición intermedia, ni del todo mortal ni simplemente inmortal, sino capaz de lo uno y de lo otro... Pero por su edad Adán era todavía niño, y por eso no podía recibir la ciencia de modo debido… Además, quería probarle para ver si era obediente a su mandamiento, y quería también que permaneciera más tiempo sencillo e inocente en condición de niño… Ahora bien, si los hijos han de someterse a sus padres, mucho más a Dios, Padre del universo… Así fue la desobediencia la que hizo que el primer hombre fuera arrojado del paraíso: no es que el árbol de la ciencia tuviera nada malo, sino que como consecuencia de la desobediencia el hombre se atrajo los trabajos, el dolor, la tristeza, cayendo finalmente bajo la muerte… (Teófilo - 180 d.C.)  

Por tanto, no lo hizo ni mortal ni inmortal, sino... capaz de una cosa y de otra: de esta suerte, si el hombre se inclina a la inmortalidad guardando el mandamiento de Dios, recibiría de él como recompensa la inmortalidad y llegaría a ser dios; pero si, desobedeciendo a Dios, se entregaba a las cosas de la muerte, él mismo sería responsable de su propia muerte. Ahora bien, lo que el hombre perdió para sí por su descuido y desobediencia, eso mismo le regala Dios ahora por su amor y misericordia, con tal de que el hombre le obedezca… (Teófilo - 180 d.C.)  

Cuando David dice: «En pecado fui concebido, y mi madre me engendró en la iniquidad» (Salmos 50:7), habla en lenguaje profético refiriéndose a la madre Eva; pero Eva es «madre de vivientes» (Génesis 3:20), y aunque él fuera concebido en el pecado, no por ello él mismo está en pecado ni es él mismo pecado. Todo el que se convierte del pecado a la fe, se convierte de las costumbres de pecador, que son como una madre, a la vida… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

Ni alabanza ni condenación, ni recompensa ni castigo, sería justo si el hombre no tuviera el poder de escoger [lo bueno] y evitar [lo malo], si el pecado fuera involuntario… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

Considera, si te place, los beneficios divinos, remontándote a los comienzos. El primer hombre, cuando jugaba libremente en el paraíso, era todavía un niño pequeño de Dios. Pero cuando, sucumbiendo al placer—porque la serpiente significa el placer que se arrastra sobre el vientre, el vicio terrenal vuelto hacia la materia—se dejó seducir por la concupiscencia, el niño se hizo hombre con la desobediencia y se rebeló contra su padre, y se sintió avergonzado delante de Dios. Tal fue la fuerza del placer…. (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

Estos son vuestros argumentos, que siempre andáis royendo como huesos: «Si Dios es bueno, y sabe lo que ha de suceder, y tiene poder para evitar el mal, ¿por qué toleró que el hombre, imagen y semejanza suya y aun de su misma sustancia en lo que al alma se refiere, fuese engañado por el diablo hasta el punto de que cayera en la muerte por no obedecer a la ley? Porque si Dios es bueno, no podía querer que esto sucediera; si conoce el futuro, sabía que esto tenía que suceder; si tenía poder para ello, debía haberlo evitado. De esta suerte, dadas estas tres propiedades de la majestad divina, nunca debiera haber sucedido lo que era incompatible con ellas. Por el contrario, si realmente sucedió así, es evidente que no podemos creer que Dios sea bueno, ni conocedor del futuro ni todopoderoso... el hombre fue hecho por Dios como ser libre, capaz de arbitrio y decisión propia: precisamente es en esto donde más en particular se manifiesta que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios… (Tertuliano - 197 d.C.)  

Definimos el alma humana como nacida del soplo de Dios, inmortal, incorpórea, de forma humana, simple en su sustancia, consciente de sí misma, capaz de seguir varios cursos, dotada de libre arbitrio, sometida a circunstancias externas, mudable en sus capacidades, racional, dominadora, capaz de adivinación y procedente de un tronco común… (Tertuliano - 197 d.C.)  

No hay hombre a quien no se le pegue un espíritu malvado que le está acechando desde las mismas puertas del nacimiento... En el parto de todos los hombres interviene la idolatría... Por lo demás. El Apóstol tenía presente la clara palabra del Señor: «Si uno no nace del agua y del Espíritu, no entrará en el reino de Dios» (Juan 3:5). Por tanto, toda alma ha de considerarse incluida en el estado de Adán en tanto no es incluida en el nuevo estado de Cristo. Hasta que no adquiere este nuevo estado, es inmunda, siendo objeto de ignominia en asociación con la carne… (Tertuliano - 197 d.C.)  

Con todo, sigue habiendo el bien en el alma, a saber, aquel bien original, divino y genuino que es propiamente suyo por naturaleza. Porque lo que procede de Dios propiamente no queda destruido, sino entenebrecido, ya que, en efecto, puede ser entenebrecido, puesto que no es Dios, pero no puede ser destruido, porque procede de Dios. (Tertuliano - 197 d.C.)

 

 

Expiación


I. Expiación por medio de Cristo  

Por el amor que sintió hacia nosotros, Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, y su carne por nuestra carne, y su vida por nuestras vidas. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

Por tanto, mantengámonos sin cesar firmes en nuestra esperanza y en las arras de nuestra justicia, que es Jesucristo, el cual tomó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, y no pecó, ni fue hallado engaño en su boca, sino que por amor a nosotros sufrió todas las cosas, para que pudiéramos vivir en Él. (Policarpo - 135 d.C.)  

«Escucha», me contestó; «el Hijo de Dios no está representado en la forma de un siervo, sino que está representado en gran poder y señorío.» «¿Cómo, señor?», dije yo; «no lo comprendo.» «Porque», dijo él, «Dios plantó la viña, esto es, creó al pueblo y lo entregó a su Hijo. Y el Hijo colocó a los ángeles a cargo de ellos, para que velaran sobre ellos; y el Hijo mismo limpió sus pecados, trabajando mucho y soportando muchas labores; porque cavar sin trabajar o esforzarse. Habiendo, pues, Él limpiado a su pueblo, les mostró los caminos de vida, dándoles la ley que Él recibió de su Padre. (Hermas - 150 d.C.) 

… Dios por compasión hacia nosotros tomó sobre sí nuestros pecados, y El mismo se separó de su propio Hijo como rescate por nosotros, el santo por el transgresor, el inocente por el malo, el justo por los injustos, lo incorruptible por lo corruptible, lo inmortal por lo mortal. Porque, ¿Qué otra cosa aparte de su justicia podía cubrir nuestros pecados? ¿En quién era posible que nosotros, impíos y libertinos, fuéramos justificados, salvo en el Hijo de Dios? ¡Oh dulce intercambio, oh creación inescrutable, oh beneficios inesperados; que la iniquidad de muchos fuera escondida en un Justo, y la justicia de uno justificara a muchos que eran inicuos! (Diogneto - 125-200)  

En cambio Cristo nuestro Señor sufrió una pasión con firmeza y sin debilidad, y no sólo no estuvo en peligro de corromperse, sino que restauró al hombre corrompido y lo llamó a la incorrupción. (Ireneo  - 180 d.C.)  

(Dios envió) su Hijo Jesucristo, el cual nos rescató de la apostasía mediante su sangre a fin de que fuésemos el pueblo santo el mismo que un día volverá de los cielos con el poder del Padre para juzgar a todos y para dar los bienes divinos a cuantos observen sus mandatos. (Ireneo - 180 d.C.)  

Convenía, pues, que aquel que estaba por matar el pecado y por redimir al hombre reo de muerte, se hiciese lo mismo que es éste, o sea el hombre que por el pecado había sido sometido a la servidumbre y estaba bajo el poder de la muerte, para que el pecado fuese arrancado por un hombre a fin de que el hombre escapase de la muerte. (Ireneo - 180 d.C.)  

Pues parece irrazonable que aquel que venció el enemigo no libre a aquel que fue violentamente herido por el enemigo y el primero en quedar sometido al cautiverio, cuando son arrancados de éste sus hijos a quienes engendró siendo esclavo. Ni parecería vencido el enemigo, si aún pudiese conservar los antiguos despojos. Como si un enemigo atacara a un pueblo y a los vencidos llevara cautivos de modo que por largo tiempo los mantuviese esclavos, durante el cual período éstos engendrasen hijos. Si mucho después alguien se compadeciera de los esclavos y asaltara al enemigo, no actuaría con justicia si liberase a los hijos, de manos de aquellos que habían llevado a sus padres al cautiverio, en cambio dejase bajo la esclavitud del enemigo a aquellos por cuya liberación había luchado. Si los hijos vuelven a adquirir la libertad por motivo de la liberación de sus padres, no pueden quedar cautivos esos mismos padres que desde el principio han sufrido el cautiverio. (Ireneo - 180 d.C.)  

Abraham había seguido según su fe el precepto del Verbo de Dios, con ánimo dispuesto a entregar a su hijo el amado en sacrificio a Dios; para que así Dios se complaciese en entregar en favor de toda su descendencia, para ser sacrificio de redención, a su Hijo Unigénito y amado. (Ireneo - 180 d.C.)  

Cristo, se hizo hombre en los últimos tiempos para luchar en favor del género humano, para vencer y destruir al enemigo del hombre y para dar a su plasma la victoria contra el adversario… (Ireneo - 180 d.C.)  

¿Cómo habría podido derrotar a aquel que era más fuerte que el hombre y lo tenía sujeto, de vencer al vencedor para liberar al ser humano vencido, si no hubiese sido superior al hombre vencido? (Ireneo - 180 d.C.)  

El es completo en todo, como Verbo poderoso y hombre verdadero, y nos compró con su sangre a la manera propia del Verbo (Colosenses 1:14), dándose a sí mismo en rescate (1 Timoteo 2:6) por los que habíamos sido hechos cautivos. Y como de modo injusto dominaba sobre nosotros la apostasía, y siendo nosotros, por naturaleza, propiedad de Dios todopoderoso, nos enajenó contra naturaleza y nos hizo sus discípulos; como el Dios Verbo es poderoso y no falla en la justicia, justamente se volvió contra esa apostasía, para redimir de ella lo que era suyo; no por la fuerza, como aquélla había dominado nuestros inicios arrebatando insaciablemente lo que no era suyo; sino por persuasión, como convenía a un Dios que persuade y que no nos fuerza a recibir lo que él quiere; de modo que ni se destruyese lo que es justo ni se perdiese la antigua criatura de Dios. (Ireneo - 180 d.C.)  

Habiéndolo vencido por tercera vez, lo rechazó como a un derrotado legítimamente. De este modo se disolvió la transgresión de Adán al mandato de Dios, por la fidelidad del Hijo de Dios al precepto de la Ley, no desobedeciendo al mandato de Dios… (Ireneo - 180 d.C.)  

El ángel apóstata de Dios queda desenmascarado al declararse su nombre, derrotado como fue y vencido por el Hijo del Hombre obediente al precepto divino. Como al principio persuadió al hombre a transgredir el precepto del Creador, y así lo sometió a su poder, que consiste en la transgresión y apostasía, con las cuales ató al hombre, era preciso que fuese vencido por el hombre mismo, y atado con las mismas cuerdas con las que él había amarrado al hombre. De esta manera el hombre, desatado, se podía volver a su Señor, abandonando al diablo los lazos con los que éste lo había ligado, o sea la transgresión. El encadenamiento de éste fue la liberación del hombre, pues «nadie puede penetrar en la casa del fuerte y robarle sus bienes, si primero no atare al fuerte»… en cuanto Verbo lo encadenó fuertemente, como a su propio fugitivo, y le arrebató los bienes, o sea los hombres de quienes él se había apoderado e injustamente se servía. Así fue justamente mantenido cautivo aquel que injustamente había tenido prisionero al hombre; en cambio quedó libre el hombre sometido al poder de este amo, según la misericordia de Dios Padre… (Ireneo - 180 d.C.)  

Y cuando iba a ser derramado en libación, ofreciéndose a sí mismo como rescate, nos dejó un nuevo testamento: «Yo les doy mi amor.»… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

El cantor de que yo hablo no se hace esperar: viene a destruir la amarga esclavitud de los demonios que nos tiranizan, cambiándola por el dulce y amable yugo de la piedad para con Dios… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.) 

Y el hombre que en su simplicidad vivía en libertad, se encontró encadenado por sus pecados. Pero entonces el Señor quiso liberarlo de estas cadenas, y haciéndose él prisionero de la carne—eso sí que es un misterio divino—domó a la serpiente y esclavizó al tirano, es decir la muerte, y—cosa increíble—al hombre extraviado por el placer y encadenado a la corrupción, con sus manos extendidas (en la cruz) lo puso en libertad. He aquí una maravilla llena de misterios… (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

Cristo es «rescate para muchos». ¿A quién se pagó este rescate? Ciertamente no a Dios. Tal vez se hubiera pagado a Satanás. Porque éste tenía poder sobre nosotros hasta que le fue dado el rescate en favor nuestro, a saber la vida de Jesús. Y en esto quedó el demonio engañado, pues creía que podría retener el alma de Jesús en su poder, sin darse cuenta de que él no tenía poder suficiente para ello. O también, la muerte creyó que podría retenerle en su poder; pero en realidad no tuvo poder sobre aquél que se hizo libre de entre los muertos, y más poderoso que todo el poder de la muerte, tan poderoso que todos los que quieran seguirle en esto, pueden hacerlo por más que sean atrapados por la muerte, puesto que ahora la muerte ya no tiene poder sobre ellos. Porque, en efecto, nadie que está en Jesús puede ser arrebatado por la muerte. (Orígenes - 225 d.C.)  

II. Recapitulación en Cristo  

Recapitulación se trata de restituir todas las cosas por medio de la reencarnación. Cuando Cristo se hizo hombre y vivió una vida perfecta, restituyó a la humanidad caída a la comunión con Dios, deshaciendo el mal causado por Satanás en Edén. Ireneo sobre todo resaltó este tema en sus escritos.  

El Señor sufrió para devolverles la verdad a quienes habían errado respecto al Padre, y para conducirlos a él… El Señor con su pasión destruyó la muerte, corrigió el error, eliminó la corrupción, acabó con la ignorancia, reveló la vida, mostró la verdad y donó la incorrupción; al revés, mediante su pasión…

Pero si no se hizo carne sino apariencia de carne, entonces no era verdadera su obra. ¡No! Lo que parecía, eso era: el Dios del hombre recapitulaba en sí su antigua creación, para matar por cierto el pecado, dejar vacía la muerte (2 Timoteo 1:10) y dar vida al hombre. Por eso «sus obras son verdaderas». (Ireneo - 180 d.C.)  

Pero cuando se hizo hombre recapituló en sí mismo toda la historia de los seres humanos y asumiéndonos en sí nos concede la salvación; de manera que, cuanto habíamos perdido en Adán (es decir el haber sido hechos «a imagen y semejanza de Dios», lo volviésemos a recibir en Jesucristo. (Ireneo - 180 d.C.) 

Y para que aprendan que no habría de nacer de su simiente, es decir de José, sino según la promesa de Dios, es suscitado del vientre de David el Rey eterno que recapitula en sí todas las cosas… El recapituló en sí su antiguo plasma. Porque «como por la desobediencia de un hombre el pecado entró en el mundo, y por el pecado la muerte» tuvo poder (Romanos 5:12,19), «así por la obediencia de un hombre» la justicia ha sido restablecida para fructificar en vida para los hombres que en otro tiempo habían muerto. Y así como aquel primer Adán fue plasmado de una tierra no trabajada y aún virgen -«porque aún Dios no había hecho llover y el hombre aún no había trabajado la tierra» (Génesis 2:5)- sino que fue modelado por la mano de Dios (Salmos 119[118]:73; Job 10:8), o sea por el Verbo de Dios -ya que «todo fue hecho por él» (Juan 1:3) y «el Señor tomó barro de la tierra y plasmó al hombre» (Génesis 2:7)- así, para recapitular a Adán en sí mismo, el mismo Verbo existente recibió justamente de María la que aún era Virgen, el origen de lo que había de recapitular a Adán. Si pues el primer Adán (1 Corintios 15:45) hubiese tenido un hombre como padre y hubiese sido concebido del esperma de varón, justamente se diría que el segundo Adán (1 Corintios 15:47) habría sido engendrado de José. Pero si aquél fue tomado de la tierra, y plasmado por el Verbo de Dios, era conveniente que el mismo Verbo, que había de realizar en sí mismo la recapitulación de Adán, tuviese un origen en todo semejante. Pero entonces, se me dirá, ¿por qué Dios no tomó barro sino realizó de María la criatura que había de nacer? Para que no fuese hecha ninguna otra criatura diversa de aquélla, ni otra criatura que aquella que había de ser salvada, sino la misma que debía ser recapitulada, salvando la semejanza… (Ireneo - 180 d.C.)  

Así pues, el Verbo de Dios se hizo la misma criatura que debía recapitular en sí, y por eso se confiesa Hijo del Hombre, y declara bienaventurados a los humildes, porque heredarán la tierra… (Ireneo - 180 d.C.)  

Por eso nuestro Dios en los últimos tiempos, para recapitular todas las cosas en sí mismo, vino a nosotros, no tal como podía mostrarse, sino como nosotros éramos capaces de mirarlo. (Ireneo - 180 d.C.)  

Como dice la Escritura que dijo él a la serpiente: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y el linaje de la mujer: él te quebrantará la cabeza, mientras tú acecharás su talón» (Génesis 3:15). El Señor recapituló en sí mismo esta enemistad, como un hombre «nacido de mujer» (Gálatas 4:4), y le aplastó la cabeza, como lo hemos explicado en nuestro libro precedente… (Ireneo - 180 d.C.)  

«Se pedirá cuenta de toda la sangre justa derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el templo y el altar; en verdad les digo, todas estas cosas vendrán sobre esta generación» (Mateo 23:35-36; Lucas 11:50-51), con lo cual quería decir que él recapitularía en la suya propia el derramamiento de la sangre de todos los justos y profetas desde el principio, y que él mismo pediría cuenta de la sangre de ellos. Pero no pediría cuentas de esto si no debiese también salvarlo y si el Señor, para recapitular todas las cosas, no se hubiese hecho él mismo carne y sangre según la antigua creación, para salvar en sí, en el fin, lo que al principio se había perdido en Adán… (Ireneo - 180 d.C.)  

Porque disolviendo la desobediencia del hombre que tuvo lugar al principio en el árbol, «se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Filipenses 2:8), curando por la obediencia en el árbol la desobediencia en el árbol… (Ireneo - 180 d.C.)  

«Recapitulando en sí todas las cosas del cielo y de la tierra» (Efesios 1:10); pero las cosas que están en los cielos son espirituales, mientras las que están sobre la tierra son esta obra que es el hombre. Todas estas cosas ha recapitulado en sí, unificando al hombre y al espíritu, haciendo habitar al Espíritu en el hombre, haciéndose él mismo Cabeza del espíritu y dando su Espíritu al hombre como cabeza; por éste vemos, oímos y hablamos. (Ireneo - 180 d.C.)  

Habiendo pues recapitulado todo en sí, también recapituló nuestra lucha contra el enemigo; ha provocado y vencido a aquel que desde el principio nos había hecho cautivos en Adán, y ha quebrantado con el pie su cabeza como en el Génesis Dios dijo a la serpiente: «Pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu simiente y la suya, éste observará tu cabeza y tú observarás su talón» (Génesis 3:15). Desde entonces el que habría de nacer de la mujer virgen según la semejanza de Adán, se preanuncia que estará observando la cabeza de la serpiente… Porque el enemigo no sería justamente vencido si el que lo venciese no fuese un hombre nacido de mujer. Porque por una mujer había dominado sobre el hombre y se había opuesto desde el principio al hombre. Por eso el Señor mismo se confiesa Hijo del Hombre, para recapitular en sí a aquel hombre viejo del cual él mismo se hizo creatura mediante la mujer; para que así como por un hombre vencido nuestra raza descendió hasta la muerte, así también por un hombre victorioso ascendamos a la vida; y como la muerte recibió la palma contra nosotros por un hombre, así también nosotros por un hombre recibamos la palma contra la muerte.
Pero el Señor no habría recapitulado en sí aquella antigua enemistad cumpliendo la promesa del Demiurgo y ejecutando su mandato, si hubiese provenido de otro Padre. Mas siendo el mismo quien al principio nos plasmó y que al final envió al Hijo, el Señor ejecutó su precepto «nacido de mujer» (Gálatas 4:4) destruyendo a nuestro adversario y perfeccionando al hombre según la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26). Y por eso no lo destruyó de otra manera sino mediante las palabras de la Ley, usando como ayuda el precepto del Padre para destruir y refutar al ángel apóstata… (Ireneo - 180 d.C.)  

Jesucristo nuestro Señor… al fin de los tiempos para recapitular todas las cosas se hizo hombre entre los hombres, visible y tangible, para destruir la muerte, para manifestar la vida y restablecer la comunión entre Dios y el hombre. (Ireneo - 180 d.C.)  

Y porque, envueltos todos en la creación originaria de Adán, hemos sido vinculados a la muerte, por causa de su desobediencia, era conveniente y justo que, por obra de la obediencia de quien se hizo hombre por nosotros, fueran rotas las [cadenas] de la muerte. Y porque la muerte reinaba sobre la carne, era preciso que fuera abolida por medio de la carne, y que el hombre fuera liberado de su opresión. El Verbo se hizo carne (Juan 1:14) para destruir por medio de la carne el pecado que por obra de la carne había adquirido el poder, el derecho de propiedad y dominio; y para que no existiese más entre nosotros. Por esta razón Nuestro Señor tomó una corporeidad idéntica a la de la primera criatura para luchar en favor de los primogénitos y vencer en Adán a quien en Adán nos había herido. (Ireneo - 180 d.C.)  

Y así como por obra de una virgen desobediente fue el hombre herido y, precipitado, murió, así también, reanimado el hombre por obra de una Virgen, que obedeció a la Palabra de Dios, recibió él en el hombre nuevamente reavivado, por medio de la vida, la vida. Pues el Señor vino a buscar la oveja perdida, es decir, el hombre que se había perdido. De donde no se hizo el Señor otra carne, sino de aquella misma que traía origen de Adán y de ella conservó la semejanza. Porque era conveniente y justo que Adán fuese recapitulado en Cristo, a fin de que fuera abismado y sumergido lo que es mortal en la inmortalidad. Y que Eva fuese recapitulada en María, a fin de que una Virgen, venida a ser abogada de una virgen [Eva], deshiciera y destruyera la desobediencia virginal mediante la virginal obediencia. El pecado cometido a causa del árbol fue anulado por la obediencia cumplida en el árbol, obediencia a Dios por la cual el Hijo del hombre fue elevado en el árbol, aboliendo la ciencia del mal y aportando y regalando la ciencia del bien. El mal es desobedecer a Dios; el bien, en cambio, es obedecer. (Ireneo - 180 d.C.)  

Así pues, por la obediencia a que se sometió hasta la muerte, pendiente del madero, destruyó la desobediencia antigua cometida en el árbol… (Ireneo - 180 d.C.)  

Para cumplir las promesas y recapitularlas en Sí mismo con el fin de restituirnos la vida, el Verbo de Dios se hizo carne por el ministerio de la Virgen, a fin de desatar la muerte y vivificar al hombre, porque nosotros estábamos encadenados por el pecado, y destinados a nacer a través del régimen del pecado y a caer bajo el imperio de la muerte… Dios Padre, por su inmensa misericordia, envió a su Verbo creador, el cual, venido para salvarnos, estuvo en los mismos lugares, en la misma situación y en los ambientes donde nosotros hemos perdido la vida. Y rompió las cadenas que nos tenían prisioneros. Apareció su luz e hizo desaparecer las tinieblas de la prisión y santificó nuestro nacimiento y abolió la muerte, desligando aquellos mismos lazos en que nos habían encadenado. (Ireneo - 180 d.C.)