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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Ley Mosaica


I. Los cristianos no están bajo la ley  

En efecto, el Señor, por medio de todos sus profetas, nos ha manifestado que no tiene necesidad ni de sacrificios ni de holocaustos ni de ofrendas, diciendo en una ocasión: ¿Qué se me da a mí de la muchedumbre de sus sacrificios?—dice el Señor—. Harto estoy de sus holocaustos…… Ahora bien, todo eso (el Antiguo Pacto) lo invalidó el Señor, a fin de que la nueva ley de nuestro Señor Jesucristo, que no está sometida al yugo de la necesidad, tenga una ofrenda no hecha por mano de hombre. Y así dice de nuevo a ellos: ¿Acaso fui yo quien mandé a sus padres, cuando salían de la tierra de Egipto, que me ofrecieran holocaustos y sacrificios? ¿0 no fue más bien esto lo que les mandé, a saber: que ninguno de ustedes guarde en su corazón rencor contra su hermano y que no amaran el falso juramento? (Bernabé - 150 d.C.)  

Es absurdo hablar de Jesucristo y al mismo tiempo practicar el Judaísmo. Porque el Cristianismo no creyó (se unió) en el Judaísmo, sino el Judaísmo en el Cristianismo, en el cual toda lengua que creyó fue reunida a Dios. (Ignacio - 50-100 d.C.)  

Porque el que hizo los cielos y la tierra y todas las cosas que hay en ellos, y nos proporciona todo lo que necesitamos, no puede Él mismo necesitar ninguna de estas cosas que El mismo proporciona a aquellos que se imaginan que están dándoselas a Él. Pero los que creen que le ofrecen sacrificios con sangre y sebo y holocaustos, y le honran con estos honores, me parece a mí que no son en nada distintos de los que muestran el mismo respeto hacia las imágenes sordas; porque los de una clase creen apropiado hacer ofrendas a cosas incapaces de participar en el honor, la otra clase a uno que no tiene necesidad de nada. (Diogneto - 125-200)  

«El Señor me mandó en aquel momento enseñaros estos preceptos y mandatos» (Deuteronomio 4:14). Por este motivo en el Nuevo Testamento de la libertad abolió los mandamientos que les había dado como en figura para el estado de servidumbre… (Ireneo - 180 d.C.)  

Toda la enorme multitud de justos que existieron antes de Abraham, así como todos los patriarcas que vivieron antes de Moisés, fueron justificados sin lo que hemos dicho… (Ireneo - 180 d.C.)  

Y la antigua Sinagoga tenía por marido la Ley… Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aquí que nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos en niños sin malicia y afincados en la justicia y honestidad… (Ireneo - 180 d.C.)  

II. El significado espiritual de la Ley  

Y lo que Moisés dijo: No comerán cerdo ni águila, ni gavilán ni cuervo, ni pez alguno que no tenga escamas, no es sino que tomó tres símbolos en inteligencia. Por lo demás, se dice en el Deuteronomio: Y estableceré con este pueblo justificaciones. Luego no está el mandamiento del Señor en no comer, sino que Moisés habló en espíritu. Ahora bien, el cerdo lo dijo por lo siguiente: "No te juntarás—dice—-con hombres tales que son semejantes a los cerdos; es decir, que cuando lo pasan prósperamente, se olvidan del Señor, y cuando se ven necesitados, reconocen al Señor, al modo que el cerdo, cuando come, no sabe de su señor; mas cuando tiene hambre, gruñe y, una vez que toma su comida, vuelve a callar. Tampoco comerás el águila, ni el gavilán, ni el milano, ni el cuervo. No te juntarás—dice—ni te asemejarás a hombres tales, que no saben procurarse el alimento por medio del trabajo y del sudor, sino que arrebatan en su iniquidad lo ajeno, y acechan como si anduvieran en sencillez, y miran por todas partes a quién despojar por medio de su avaricia, al modo que estas aves son las únicas que no se procuran a si mismas su alimento, sino que, posadas ociosamente, buscan la manera de devorar las carnes ajenas, siendo perniciosas por su maldad. Y no comerás—dice—la morena ni el pólipo ni la sepia. No te asemejarás—dice, juntándote con ellos, a hombres tales, que son impíos hasta el cabo y están ya condenados a muerte, al modo que estos peces, que son los únicos maldecidos, se revuelcan en el fondo del mar y no nadan como los otros, sino que habitan en la tierra del fondo. Mas tampoco comerás liebre. ¿Por qué? No serás corruptor ni te asemejarás a los tales. Porque la liebre multiplica cada año su ano, pues cuantos años vive, tantos agujeros tiene. En conclusión, tomando Moisés tres símbolos sobre los alimentos, así habló en espíritu mas ellos lo entendieron, conforme al deseo de la carne, como si se tratara de la comida. (Bernabé - 150 d.C.)  

Pasando a otro punto, también acerca del sábado, se escribe en el decálogo, es decir, en las diez palabras que habló Dios en el monte Sinaí a Moisés cara a cara: Y santifiquen el sábado del Señor con manos limpias y corazón puro. Y en otro lugar dice: Si mis hijos guardaren el sábado, entonces pondré sobre ellos mi misericordia. Del sábado habla al principio de la creación: E hizo Dios en seis días las obras de sus manos y las acabó en el día séptimo, y descansó en él y lo santificó. Atiendan, hijos, qué quiere decir lo de: Los acabó en seis días. Esto significa que en seis mil años consumará todas las cosas el Señor, pues un día es para Él mil años. Lo cual, Él mismo lo atestigua, diciendo: He aquí que el día del Señor será como mil años. Por lo tanto, hijos, en seis días, es decir, en los seis mil años, se consumarán todas las cosas. Y descansó en el día séptimo. Esto quiere decir: Cuando venga su hijo y destruya el siglo del inicuo y juzgue a los impíos y mudare el sol, la luna y las estrellas, entonces descansará de verdad en el día séptimo. Y por contera dice: Lo santificarás con manos limpias y corazón puro. Ahora, pues, si pensamos que pueda nadie santificar, sin ser puro de corazón, el día que santificó Dios mismo, nos equivocamos de todo en todo. Consiguientemente, entonces por nuestro descanso lo santificaremos de verdad, cuando, justificados nosotros mismos y en posesión ya de la promesa, seremos capaces de santificarlo; es decir, cuando ya no exista la iniquidad, sino que nos hayamos vuelto todos nuevos por el Señor, entonces, si, santificados primero nosotros, podremos santificar el día séptimo. Por último, les dice: Vuestros novilunios y vuestros sábados no los aguanto. Miren cómo dice: No me son aceptables sus sábados de ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo descansar todas las cosas, haré el principio de un día octavo, es decir, el principio de otro mundo. . Por eso justamente nosotros celebramos también el día octavo (El Domingo) con regocijo, por ser día en que Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos. (Bernabé - 150 d.C.)  

Por eso aun en nuestros tiempos lo que se lee en la Ley les parece una fábula a los judíos. Es que no tienen aquello que lo explica todo, como es lo que toca a la venida del Hijo de Dios hecho hombre. En cambio para los cristianos, cuando lo leen, se convierte en el tesoro escondido en el campo, revelado y explicado por la cruz de Cristo… (Ireneo - 180 d.C.)  

Nosotros afirmamos que la ley tiene un doble sentido, el literal y el espiritual, lo cual fue enseñado ya por algunos de nuestros predecesores. No somos nosotros, sino el mismo Dios hablando por uno de sus profetas quien dice que la ley en sentido literal es «juicios que no son buenos» y «mandamientos que no son buenos»; en cambio, el sentido espiritual, se dice en el mismo profeta que habla de parte de Dios, que es «juicios buenos» y «mandamientos buenos». El profeta no se contradice patentemente en un mismo pasaje, sino que el mismo Pablo, de acuerdo con esto, dijo que «la letra», que equivale al sentido literal, mata, pero el «espíritu» que es lo mismo que decir el sentido espiritual, vivifica. En efecto, se puede hallar en Pablo algo semejante a lo que algunos piensan que es contradictorio en el pronta. Así, Ezequiel dice en un lugar: «Les di juicios que no eran buenos y mandamientos que no eran buenos, por lo cual no podrán tener vida en ellos», y en otro lugar: «Les di juicios buenos y mandamientos buenos, por lo cual tendrán vida en ellos.» Así también Pablo, cuando quiere atacar el sentido literal de la ley dice: «Si el ministerio de la muerte, grabado con letras en las piedras se hizo con gloria, hasta el punto de que los hijos de Israel no podían mirar al rostro de Moisés a causa de la gloria de aquel rostro, que tenía que desvanecerse, ¿cómo no será más glorioso el ministerio del espíritu?» Pero cuando se pone a admirar y a aceptar la ley, la llama espiritual diciendo: «Sabemos que la ley es espiritual» y la acepta con estas palabras: «De suerte que la ley es santa, y el mandamiento es santo y justo y bueno» (Orígenes - 225 d.C.)  

Nosotros, los que somos de la Iglesia, recibimos a Moisés con sobrada razón, y leemos sus escritos, pensando que él, como profeta a quien Dios se ha revelado, ha descrito en símbolos, alegorías y figuras los misterios futuros, que nosotros enseñamos que se han cumplido a su tiempo. El que no comprenda esto en este sentido, ya sea judío o de los nuestros, no puede ni siquiera mantener que Moisés sea profeta… (Orígenes - 225 d.C.)  

III. El propósito de la ley

 

También llamó a la Ley nuestro pedagogo hasta la venida de Jesucristo. ¡Que no se culpe a la Ley por la incredulidad de algunos! Pues la Ley a nadie prohibió creer en el Hijo de Dios. (Ireneo - 180 d.C.)  

El Señor no abolió los preceptos naturales de la Ley, por los cuales se justifica el ser humano, los cuales incluso guardaban antes de la Ley aquellos que fueron justificados por la fe y agradaban a Dios; por el contrario, los amplió y llevó a la perfección como lo muestran sus palabras: «Se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: todo aquel que viere a una mujer para desearla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón» (Mateo 5:27-28). Y añadió: «Se ha dicho: No matarás. Pero yo les digo: todo el que sin motivo se enoje contra su hermano, es reo de juicio» (Mateo 5:21-22). Y: «Se ha dicho: No perjurarás. Pero yo os digo que no debéis jurar en absoluto. Que sus palabras sean: Sí, sí, y no, no» (Mateo 5:33-34.7). Y otras cosas parecidas… Y es que la Ley, como había sido promulgada para siervos, educaba mediante acciones externas y corporales, ajenas al alma, tratando de atraerla como quien la ata a la obediencia a los preceptos, a fin de que los seres humanos aprendiesen a someterse a Dios. (Ireneo - 180 d.C.)  

Como un arquitecto proyectaba la construcción de la obra salvadora… Cuando andaban errando en el desierto, les dio la más adecuada de las leyes… De muchas maneras preparó al género humano a fin de que la salvación le viniese como una sinfonía. (Ireneo - 180 d.C.)  

De esta manera dio al pueblo las leyes para fabricar la tienda y el templo, para elegir a los levitas, y para establecer el servicio de los sacrificios, oblaciones y ritos de purificación. No porque necesitase algo de esto… «Todo esto les sucedía en figura; y se ha escrito para instrucción de quienes venimos al final de los tiempos» (1 Corintios 10:11). Por los tipos aprendían a temer a Dios y a perseverar en su servicio… De esta manera la Ley era para ellos una educación y una profecía de los bienes futuros. Pues en un principio Dios amonestó a los seres humanos por medio de los preceptos naturales que desde el inicio inscribió en su naturaleza, es decir por los diez mandamientos… (Ireneo - 180 d.C.)  

Prueba de que estas prácticas (de la ley) no justificaban al ser humano, sino que servían de signo al pueblo, es que Abraham «creyó y le fue reputado a justicia, hasta el punto de llamarse el amigo de Dios» (Santiago 2:23; Génesis 15:6), sin la circuncisión y sin la observancia del sábado… Toda la enorme multitud de justos que existieron antes de Abraham, así como todos los patriarcas que vivieron antes de Moisés, fueron justificados sin lo que hemos dicho… (Ireneo - 180 d.C.)  

Además, se les dio como una figura de los bienes celestiales, porque los seres humanos aún no eran capaces de soportar a ojo desnudo la visión de las cosas divinas; también prefiguró las realidades de la Iglesia, a fin de que se afirmase nuestra fe; pues llevaba en sí la profecía de los bienes futuros, con el objeto de enseñar al género humano que Dios conoce de antemano todas las cosas… (Ireneo - 180 d.C.)  

Y aun es posible que la filosofía fuera dada directamente (por Dios) a los griegos antes de que el Señor los llamase: porque era un pedagogo para conducir a los griegos a Cristo, como la ley lo fue para los hebreos (Gálatas 3:24). La filosofía es una preparación que pone en camino al hombre que ha de recibir la perfección por medio de Cristo... (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

…en aquello más esencial que procede del mismo Dios, esto es, el alma, que ha recibido el sello del ser divino en lo que se refiere a la libertad de arbitrio y de decisión. De no ser así, no se hubiese impuesto una ley a un ser que no habría sido capaz de prestar un obsequio libre a esta ley; ni se hubiera señalado castigo de muerte a la transgresión de la misma, si no se hubiera dado por supuesto que había en el hombre libertad para despreciar la ley… Para esto se dio la ley, la cual no anula, sino que pone a prueba la libertad con que uno o libremente se somete o libremente la traspasa. Por esto tenían que estar ambos caminos abiertos al libre arbitrio... (Tertuliano - 197 d.C.)

Últimos días


Porque en los últimos tiempos abundarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se transformarán en lobos, y el amor se cambiará en odio. Habiendo aumentado la iniquidad, crecerá el odio de unos contra otros, se perseguirán mutuamente y se entregarán unos a otros. Entonces es cuando el Seductor del mundo hará su aparición y titulándose el Hijo de Dios, hará señales y prodigios; la tierra le será entregada y cometerá tales maldades como no han sido vistas desde el principio. Los humanos serán sometidos a la prueba del fuego; muchos perecerán escandalizados; pero los que perseverarán en la fe, serán salvos de esta maldición. Entonces aparecerán las señales de la verdad. Primeramente será desplegada la señal en el cielo, después la de la trompeta, y en tercer lugar la resurrección de los muertos, según se ha dicho: «El Señor vendrá con todos sus santos» ¡Entonces el mundo verá al Señor viniendo en las nubes del cielo! (Didaché - 80-140 d.C.)  

El escándalo consumado está cerca, aquel del que está escrito, corno dice Enoc; pues el Dueño abrevió los tiempos y los días, a fin de que se apresure su Amado y venga a su heredad. Además, el profeta dice así: Diez reinos reinarán sobre la tierra y tras ellos se levantará un rey pequeño que humillará de un golpe a tres reyes. Igualmente, Daniel dice sobre lo mismo: Y vi la cuarta bestia, mala y fuerte, y más fiera que todas las otras bestias de la tierra, y cómo de ella brotaban diez cuernos y de ellos un cuerno pequeño, como un retoño, y cómo éste humilló de un golpe a tres de los cuernos mayores… Por lo tanto, atendamos a los últimos días, pues de nada nos servirá todo el tiempo de nuestra fe, si ahora, en el tiempo inicuo y en los escándalos que están por venir, no resistimos como conviene a hijos de Dios, a fin de que el Negro no se nos infiltre. (Bernabé - 150 d.C.)  

Atiendan, hijos, qué quiere decir lo de: las acabó en seis días. Esto significa que en seis mil años consumará todas las cosas el Señor, pues un día es para Él mil años. Lo cual, Él mismo lo atestigua, diciendo: He aquí que el día del Señor será como mil años. Por lo tanto, hijos, en seis días, es decir, en los seis mil años, se consumarán todas las cosas. (Bernabé - 150 d.C.)  

Estos son los últimos tiempos. Por tanto seamos reverentes; temamos la longanimidad de Dios, para que no resulte en condenación contra nosotros. (Ignacio - 50-100)  

En aquel primer momento el ángel apóstata, provocando por la serpiente la desobediencia de los hombres, pensó que el asunto quedaría oculto al Señor: por eso Dios le dio la forma y nombre que tiene. Mas ahora, en estos últimos tiempos, el mal se extiende entre los hombres, no sólo haciéndolos apóstatas; sino que, mediante muchas invenciones, los ha hecho blasfemar contra el Creador; quiero decir, por medio de todos los herejes de los que he hablado. (Ireneo - 180 d.C.)  

Y por eso, cuando al final de los siglos la Iglesia se levante, «habrá una tribulación como no la ha habido desde el principio ni la habrá» (Mateo 24:21): pues en los últimos tiempos los justos deberán luchar, y los vencedores recibirán la incorrupción como corona… Ananías, Azarías y Misael fueron arrojados al horno de fuego (Daniel 3:20), prueba que sirvió como profecía de lo que sucederá al fin de los tiempos, cuando los justos sufrirán la prueba del fuego… (Ireneo 180 d.C.)
 
 

Tribulación


Bienaventurados sean, pues, cuantos sufran con paciencia la gran tribulación que viene, y cuantos no nieguen su vida… Pero tú dirás a Máximo: "He aquí viene tribulación (sobre ti) si tú crees apropiado negarme por segunda vez. El Señor está cerca de todos los que se vuelven a Él, como está escrito en Eldad y Modat, que profetizaron al pueblo en el desierto"» (Hermas - 150 d.C.)  

Tú has escapado de una gran tribulación por causa de tu fe, y porque, aunque viste una bestia tan inmensa, no dudaste en tu mente. Ve, pues, y declara a los elegidos del Señor sus obras poderosas, y diles que esta bestia es un tipo de la gran tribulación que ha de venir. Por tanto, si se preparan de antemano, y se arrepienten (y se vuelven) al Señor de todo corazón, podrán escapar de ella si su corazón es hecho puro y sin mácula y si durante el resto de los días de su vida sirven al Señor de modo intachable. (Hermas - 150 d.C.)  

Por eso la tribulación es necesaria para quienes se salvan; para que, en cierto modo triturados, molidos y dispersos por el poder del Verbo de Dios, sirvan cocidos para el banquete del Rey. Así se expresó uno de los nuestros que, condenado al martirio, fue arrojado a las fieras: «Soy trigo de Cristo, y me masticarán los dientes de las fieras, para que se me encuentre como trigo de Dios». (Ireneo - 180 d.C.)  

Y por eso, cuando al final de los siglos la Iglesia se levante, «habrá una tribulación como no la ha habido desde el principio ni la habrá» (Mateo 24:21): pues en los últimos tiempos los justos deberán luchar, y los vencedores recibirán la incorrupción como corona… Ananías, Azarías y Misael fueron arrojados al horno de fuego (Daniel 3:20), prueba que sirvió como profecía de lo que sucederá al fin de los tiempos, cuando los justos sufrirán la prueba del fuego… (Ireneo - 180 d.C.)
 
 
 

Templos


Y, en efecto, hermanos míos, templo santo es para el Señor la morada de nuestro corazón. Porque dice otra vez el Señor: ¿Y en qué seré visto por el Señor mi Dios y seré glorificado? Dice: Te confesaré en la reunión de mis hermanos y te cantaré himnos en medio de la congregación de los santos. Luego nosotros somos los que introdujo en la tierra buena. (Bernabé - 150 d.C.) 

Pues inquiramos si existe un templo de Dios: Existe, ciertamente, allí donde Él mismo dice que lo ha de hacer y perfeccionar. Está, efectivamente, escrito: Y será, cumplida la semana, que se edificará el templo de Dios gloriosamente en el nombre del Señor. Hallo, pues, que existe un templo. ¿Cómo se edificará en el nombre del Señor? Aprendedlo. Antes de creer nosotros en Dios, la morada de nuestro corazón era corruptible y flaca, como templo verdaderamente edificado a mano, pues estaba llena de idolatría y era casa de demonios, porque no hacíamos sino cuanto era contrario a Dios. Mas se edificará en el nombre del Señor. Atiendan a que el templo del Señor se edifique gloriosamente. ¿De qué manera? Apréndanlo. Después de recibido el perdón de los pecados, y por nuestra esperanza en el Nombre, fuimos hechos nuevos, creados otra vez desde el principio. Por lo cual, Dios habita verdaderamente en nosotros, en la morada de nuestro corazón. ¿De qué manera? Porque en nosotros mora la palabra de su fe, el llamamiento de su promesa, la sabiduría de sus justificaciones, los mandamientos de su doctrina; profetizando Él mismo en nosotros, morando Él en persona dentro de nosotros, abriéndonos la puerta del templo, es decir, nuestra boca; dándonos penitencia, nos introduce a nosotros, que estábamos esclavizados por la muerte, en el templo incorruptible. Y es así que quien desea salvarse no mira a un hombre, sino al que mora y habla dentro de sí, maravillado de no haber oído jamás antes las palabras de la boca de quien hablaba y no tener él siquiera deseo de escucharle. Este es templo espiritual que se edifica para el Señor. (Bernabé - 150 d.C.)  

Y que nadie entre ustedes diga que esta carne no va a ser juzgada ni se levanta otra vez. Entended esto: ¿En qué fuisteis salvados? ¿En qué recobrasteis la vista si no fue en esta carne? Por tanto hemos de guardar la carne como un templo de Dios; porque de la misma manera que fuisteis llamados en la carne, seréis llamados también en la carne. (Segunda Clemente – 150 d.C.)  

Ustedes son piedras de un templo, preparadas de antemano para un edificio de Dios el Padre, siendo elevadas hacia lo alto por medio del motor (instrumento) de Jesucristo, que es la Cruz, y usando como cuerda el Espíritu Santo. (Ignacio - 50-100)  

Hagamos todas las cosas considerando que El vive en nosotros, para que podamos ser sus templos, y Él mismo pueda estar en nosotros como nuestro Dios. (Ignacio - 50-100) 

Apresúrense a congregaros, como en un solo templo, Dios; como ante un altar, Jesucristo, que vino de un Padre y está con un Padre y ha partido a un Padre. (Ignacio - 50-100) 

…mantengan su carne como un templo de Dios; amad la unión; eviten las divisiones; sean imitadores de Jesucristo como Él mismo lo era de su Padre. (Ignacio - 50-100) 

Dios, también quiere que nosotros ofrezcamos en el altar el don, con frecuencia y sin cesar nunca. Porque hay un altar en los cielos, al que todas nuestras oblaciones se dirigen; y un templo, como Juan dice en el Apocalipsis: «Se abrió el templo de Dios» (Apocalipsis 11:19); y sobre el santuario: «Apareció el santuario de Dios, en el que habitará junto con los hombres» (Apocalipsis 21:3). (Ireneo - 180 d.C.)  

Algo semejante sucedió a Salomón: solía juzgar rectamente, hablar con sabiduría, edificó un templo que fue figura del verdadero… (Ireneo - 180 d.C.) 

Por eso dice que la carne plasmada es templo de Dios: «¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno violase el templo de Dios, Dios lo destruirá; porque el templo de Dios es sagrado, y éste sois vosotros» (1 Corintios 3:16). Abiertamente llama templo al cuerpo en el cual habita el Espíritu. Así como dice el Señor: «Destruid este templo, y en tres días lo resucitaré. Y esto lo dijo refiriéndose a su cuerpo» (Juan 2:19-21). Pero no sólo sabe que nuestros cuerpos son templos, sino que son templos de Cristo, como cuando dice a los Corintios: «¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Y tomaré los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta?» (1 Corintios 6:15). (Ireneo - 180 d.C.)  

Por eso quiere que nuestra carne sea templo puro, para que el Espíritu de Dios se deleite en él, como el esposo en la esposa… (Ireneo - 180 d.C.)  

Allá se encuentra Jerusalén, donde reinaron David y su hijo Salomón, quien construyó el templo en el nombre de Dios a imagen del tabernáculo hecho por Moisés como figura de las realidades celestes y espirituales… (Ireneo - 180 d.C.) 

La Ley… Ya no mandará guardar un día de descanso al que todos los días observa el sábado, es decir, al que rinde culto a Dios en el templo de Dios que es el cuerpo del hombre y practica siempre la justicia. (Ireneo - 180 d.C.)  

(Escrito por un crítico pagano del cristianismo) Vamos a tratar de otro asunto. Los cristianos no pueden soportar la vista de templos, de altares ni de estatuas tienen… Los persas comparten ese mismo sentimiento…«Sé de buena fuente que entre los Persas la ley no permite erguir altares, templos, estatuas. Se considera locos a quienes lo hacen… El menosprecio de los cristianos hacia los templos, las estatuas y los altares es como el signo y la señal de reunión, misteriosa y secreta, que entre sí intercambian. (Celso - 178 d.C.)  

(Los cristianos) Menosprecian los templos como si fueran casas de los muertos… (Marcos Félix - 200 d.C.)  

El cristiano, en cambio, por muy ignorante que sea, tiene la convicción de que todo lugar es parte del universo, y de que todo el mundo es templo de Dios. (Orígenes - 225 d.C.)  

Hemos de portarnos como templos de Dios, para que sea una prueba de que habita en nosotros el Señor y no desdigan nuestros actos del espíritu recibido… (Cipriano - 250 d.C.)
 
 

Sermón del Monte


He aquí la doctrina contenida en estas palabras: Bendigan a los que los maldicen, oren por sus enemigos, ayunen por los que los persiguen. Si aman a los que les aman, ¿qué gratitud merecerán? Lo mismo hacen los paganos. Al contrario, amen a los que los odian, y no tendrán ya enemigos. Absténganse de los deseos carnales y mundanos. Si alguien te abofeteare en la mejilla derecha, vuélvele también la otra, y entonces serás perfecto. Si alguien te pidiere que le acompañes una milla, ve con él dos. Si alguien quisiere tomar tu capa, déjale también la túnica. Si alguno se apropia de algo que te pertenezca, no se lo vuelvas a pedir, porque no puedes hacerlo. Debes dar a cualquiera que te pida, y no reclamar nada, puesto que el Padre quiere que los bienes recibidos de su propia gracia, sean distribuidos entre todos. Dichoso aquel que da conforme al mandamiento; el tal, será sin falta. Desdichado del que reciba. Si alguno recibe algo estando en la necesidad, no se hace acreedor a reproche ninguno; pero aquel que acepta alguna cosa sin necesitarlo, dará cuenta de lo que ha recibido y del uso que ha hecho de la limosna. Encarcelado, sufrirá interrogatorio por sus actos, y no será liberado hasta que haya pasado el último centavo. (Didaché - 80-140 d.C.)  

Sus palabras sobre el ejercicio de la paciencia, y sobre el estar prontos a servir y ajenos a la ira, son éstas: a quien te golpee en una mejilla, preséntale la otra, y a quien quiera quitarte la túnica o el manto, no se lo impidas (Lucas 6:29). Mas quienquiera que se irrite, es reo del fuego (Mateo 5:22) A quien te contrate para una milla, acompáñale dos (Mateo 5:41). Brillen, pues, vuestras obras delante de los hombres, para que viéndolas admiren a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:16). No debemos, pues, ofrecer resistencia. (Justino Mártir - 160 d.C.)  

…usando la enseñanza del Señor: según su palabra, no sólo serán echados de su presencia quienes pequen, sino también quienes quieran pecar (Mateo 5:25-28). No sólo el que asesina merecerá el castigo del asesino, sino también aquel que, sin motivo, se enoje contra su hermano (Mateo 5:21-22). No sólo prohibió odiar a los demás, sino que ordenó amar a los enemigos (Mateo 5:43-44). No únicamente vetó hablar mal del prójimo, sino que mandó no llamar al otro vacío o estúpido, bajo pena de caer en el fuego de la gehena (Mateo 5:22). No sólo enseñó no golpear a otro, sino que, si alguien nos pega, a presentarle la otra mejilla (Mateo 5:39). No se limitó a disponer que no hemos de robar lo ajeno, sino también a no reclamarle al otro que nos ha quitado lo nuestro (Mateo 5:40); y no únicamente prohibió hacer el mal o herir al prójimo, sino que mandó hacer el bien con generosidad a quienes nos tratan mal y orar por ellos para que se conviertan y se salven (Mateo 5:44): no hemos de imitar, pues, a los otros en las ofensas, los apetitos y el orgullo. (Ireneo - 180 d.C.)  

Cristo «Se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: todo aquel que viere a una mujer para desearla, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón» (Mateo 5:27-28). Y añadió: «Se ha dicho: No matarás. Pero yo les digo: todo el que sin motivo se enoje contra su hermano, es reo de juicio» (Mateo 5:21-22). Y: «Se ha dicho: No perjurarás. Pero yo les digo que no debéis jurar en absoluto. Que vuestras palabras sean: Sí, sí, y no, no» (Mateo 5:33-34.7). Y otras cosas parecidas. (Ireneo - 180 d.C.)

Sangre de Cristo


Porque el Señor soportó entregar su carne a la destrucción, a fin de que fuéramos nosotros purificados por la remisión de nuestros pecados, lo que se nos concede por la aspersión de su sangre. Acerca de esto, efectivamente, está escrito, parte que se refiere a Israel, parte a nosotros, y dice así: Fue herido por nuestras iniquidades y debilitado por nuestros pecados: Con su llaga fuimos nosotros sanados. Fue conducido como oveja al matadero y como cordero estuvo mudo delante del que le trasquila. (Bernabé - 150 d.C.)  

Pongamos nuestros ojos en la sangre de Cristo y démonos cuenta de lo precioso que es para su Padre, porque habiendo sido derramado por nuestra salvación, ganó para todo el mundo la gracia del arrepentimiento. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

Y además le dieron una señal (a Rahab la ramera) que debía colgar fuera de la casa un cordón de grana, mostrando con ello de antemano que por medio de la sangre del Señor habrá redención para todos los que creen y esperan en Dios. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

Por el amor que sintió hacia nosotros, Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, y su carne por nuestra carne, y su vida por nuestras vidas. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

No tengo deleite en el alimento de la corrupción o en los deleites de esta vida. Deseo el pan de Dios, que es la carne de Cristo, que era del linaje de David; y por bebida deseo su sangre, que es amor incorruptible. (Ignacio - 50-100 d.C.) 

Sed cuidadosos, pues, observando una eucaristía (porque hay una carne de nuestro Señor Jesucristo y una copa en unión en su sangre; hay un altar, y hay un obispo, junto con el presbiterio y los diáconos mis consiervos), para que todo lo que hagáis sea según Dios. (Ignacio - 50-100 d.C.)  

Nuestro Cristo, quien sufrió y fue crucificado, no cayó bajo la maldición de la ley. Al contrario, él manifestó que sólo él podrá salvar a los que no se aparten de su fe… Como la sangre de la pascua salvó a los que estaban en Egipto, así mismo la sangre de Cristo salva de la muerte a los que creen… (Justino Mártir - 160 d.C.)  

(Dios envió) su Hijo Jesucristo, el cual nos rescató de la apostasía mediante su sangre a fin de que fuésemos el pueblo santo el mismo que un día volverá de los cielos con el poder del Padre para juzgar a todos y para dar los bienes divinos a cuantos observen sus mandatos. (Ireneo - 180 d.C.)  

En otro pasaje subraya que Cristo sufrió, y que él mismo es el Hijo de Dios que por nosotros murió y nos redimió con su sangre, en el tiempo decidido (por el Padre): «Estando nosotros aún sin fuerzas, murió por los impíos en el momento determinado... Dios muestra su amor por nosotros en el hecho que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con mayor razón, ahora que estamos justificados en su sangre, seremos salvados por él de su cólera! Si, en efecto, cuando aún éramos enemigos, nos hemos reconciliado con Dios por la sangre de su Hijo, con mayor razón, ahora que estamos reconciliados, seremos salvados en su vida» .Pablo declara con precisión que el mismo que ha sufrido y derramado su sangre por nosotros es Cristo, el Hijo de Dios. (Ireneo - 180 d.C.) 

Así pues, el Señor nos redimió con su propia sangre (Colosenses 1:14), dando su vida por la nuestra y su carne por nuestra carne, y derramando el Espíritu del Padre para la unidad y comunión entre Dios y los hombres. Así trajo a Dios a los hombres mediante el Espíritu; y levantando los hombres a Dios por medio de su propia carne, por su venida nos otorgó su inmortalidad de manera firme y verdadera, mediante la comunión con él. (Ireneo - 180 d.C.)  

De este modo, no arrebató dolosamente lo ajeno, sino que asumió con justicia y benignidad lo que era suyo: con justicia en cuanto a la apostasía, pues con su sangre nos liberó de ella (Colosenses 1:14); y con benignidad respecto a nosotros, los que hemos sido redimidos… (Ireneo - 180 d.C.)  

Porque la sangre no puede provenir sino de las venas y de la carne, y de todo lo que forma la substancia del hombre, por la cual, habiéndola asumido verdaderamente el Verbo de Dios, nos redimió con su sangre. Como dice el Apóstol: «En él tenemos la redención por su sangre y la remisión de los pecados»… (Ireneo - 180 d.C.) 

Así salvó a los hijos de Israel, prefigurando de un modo misterioso la pasión de Cristo en la inmolación de un cordero inmaculado y en su sangre, derramada como garantía de inmunidad, para rociar las casas de los hebreos. Este misterio recibe el nombre de «Pasión», manantial de liberación… (Ireneo - 180 d.C.) 

Ya que había venido aquel a quien está reservado el reino del cielo; aquel que lavó su vestimenta en el vino y con sangre de la uva su manto. Su vestimenta igual que el manto, son quienes creen en Él, a los cuales también Él purificó, con su sangre; y su sangre dícese sangre de la uva, porque así como no es producto del hombre la sangre de la uva, sino de Dios que hace que se alegren aquellos que la beben, de igual forma su cuerpo y su sangre no son obra del hombre sino de Dios… (Ireneo - 180 d.C.)  

Con el Logos alimentaba ella a estos hijos que el mismo Señor dio a luz con dolores de carne, que el Señor envolvió en los pañales de su sangre preciosa. ¡Oh santos alumbramientos! ¡Oh santos pañales! El Logos lo es todo para el niño, padre, madre, pedagogo y nodriza. «Comed mi carne y bebed mi sangre», dice (Juan 6:53). Estos son los alimentos apropiados que el Señor nos proporciona generosamente: nos ofrece su carne, y derrama su sangre. Nada falta a los hijos para que puedan crecer... (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)
 
 

Sábado


Cuando se reúnan en el domingo del Señor, partan el pan, y para que el sacrificio sea puro, den gracias después de haber confesado sus pecados. (Didaché - 80-140 d.C.)  

Pasando a otro punto, también acerca del sábado, se escribe en el decálogo, es decir, en los diez mandamientos que habló Dios en el monte Sinaí a Moisés cara a cara: Y santificad el sábado del Señor con manos limpias y corazón puro. Y en otro lugar dice: Si mis hijos guardaren el sábado, entonces pondré sobre ellos mi misericordia. Del sábado habla al principio de la creación: E hizo Dios en seis días las obras de sus manos y las acabó en el día séptimo, y descansó en él y lo santificó. Atended, hijos, qué quiere decir lo de: las acabó en seis días. Esto significa que en seis mil años consumará todas las cosas el Señor, pues un día es para Él mil años. Lo cual, Él mismo lo atestigua, diciendo: He aquí que el día del Señor será como mil años. Por lo tanto, hijos, en seis días, es decir, en los seis mil años, se consumarán todas las cosas. Y descansó en el día séptimo. Esto quiere decir: Cuando venga su hijo y destruya el siglo del inicuo y juzgue a los impíos y mudare el sol, la luna y las estrellas, entonces descansará de verdad en el día séptimo. Y por contera dice: Lo santificarás con manos limpias y corazón puro. Ahora, pues, si pensamos que pueda nadie santificar, sin ser puro de corazón, el día que santificó Dios mismo, nos equivocamos de todo en todo. Consiguientemente, entonces por nuestro descanso lo santificaremos de verdad, cuando, justificados nosotros mismos y en posesión ya de la promesa, seremos capaces de santificarlo; es decir, cuando ya no exista la iniquidad, sino que nos hayamos vuelto todos nuevos por el Señor, entonces, si, santificados primero nosotros, podremos santificar el día séptimo. Por último, les dice: sus novilunios y sus sábados no los aguanto. Mirad cómo dice: No me son aceptables sus sábados de ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo descansar todas las cosas, haré el principio de un día octavo, es decir, el principio de otro mundo. Por eso justamente nosotros celebramos también el día octavo (El Domingo) con regocijo, por ser día en que Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos. (Bernabé - 150 d.C.)  

Así pues, si los que habían andado en prácticas antiguas alcanzaron una nueva esperanza, sin observar ya los sábados, sino moldeando sus vidas según el día del Señor, en el cual nuestra vida ha brotado por medio de Él. (Ignacio - 50-100 d.C.)  

… ni observan la superstición de los judíos… Pero, además, sus escrúpulos con respecto a las carnes, y su superstición con referencia al sábado y la vanidad de su circuncisión y el disimulo de sus ayunos y lunas nuevas, yo [no] creo que sea necesario que tú aprendas a través de mí que son ridículas e indignas de consideración alguna. Y en cuanto al guardar la observancia de meses y de días, ¿quién podría considerar esto como una exhibición de piedad y no mucho más de necedad? (Epístola a Diogneto - 125-200)  

El día que se llama del sol [el domingo], se celebra una reunión de todos los que viven en las ciudades o en los campos… Celebramos esta reunión general el domingo, por ser el primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo; y también porque es el día en que Jesucristo, Nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos; pues hay que saber que le entregaron en el día anterior al de Saturno [sábado], y en el siguiente—que es el día domingo—, apareciéndose a sus Apóstoles y discípulos, nos enseñó esta misma doctrina que exponemos a vuestro examen. (Justino Mártir - 160 d.C.)  

Prueba de que estas prácticas (de la ley) no justificaban al ser humano, sino que servían de signo al pueblo, es que Abraham «creyó y le fue reputado a justicia, hasta el punto de llamarse el amigo de Dios» (Santiago 2:23; Génesis 15:6), sin la circuncisión y sin la observancia del sábado... Toda la enorme multitud de justos que existieron antes de Abraham, así como todos los patriarcas que vivieron antes de Moisés, fueron justificados sin lo que hemos dicho… (Ireneo - 180 d.C.)  

…el Señor descansó de todas sus obras (Génesis 2:2-3), es decir, el verdadero sábado de los justos en el cual ya no llevarán a cabo las obras de la tierra, sino que hallarán preparada la mesa del Señor, que los alimentará con toda suerte de manjares. (Ireneo - 180 d.C.)  

En el libro anterior mostramos que levitas y sacerdotes son todos los discípulos del Señor, los cuales profanan el sábado en el templo, sin cometer falta… (Ireneo - 180 d.C.)  

La Ley… Ya no mandará guardar un día de descanso al que todos los días observa el sábado, es decir, al que rinde culto a Dios en el templo de Dios que es el cuerpo del hombre y practica siempre la justicia. (Ireneo - 180 d.C.)
 
 

Padre Nuestro


No hagan tampoco oración como los hipócritas, sino como el Señor lo ha mandado en su Evangelio. Ustedes orarán así: «Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan cotidiano; perdónanos nuestra deuda como nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos induzcas en tentación, sino líbranos del mal, porque tuyo es el poder y la gloria por todos los siglos.»Oren así tres veces al día. (Didaché - 80-140 d.C.)  

Ante todo no quiso el Doctor de la paz y Maestro de la unidad que orara cada uno por sí y privadamente, de modo que cada uno, cuando ora, ruegue sólo por sí. No decimos «Padre mío, que estás en los cielos», ni «el pan mío dame hoy»… Es pública y común nuestra oración, y, cuando oramos, no oramos por uno solo, sino por todo el pueblo…
Así, dice, deben orar: Padre nuestro, que estás en los cielos: «Padre», dice en primer lugar el hombre nuevo, regenerado y restituido a su Dios por la gracia, porque ya ha empezado a ser hijo…
Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo: Añadimos después esto: «Cúmplase tu voluntad en la tierra como en el cielo». No en el sentido de que Dios haga lo que quiere, sino en cuanto nosotros podamos hacer lo que Dios quiere. Pues ¿quién puede estorbar a Dios de que haga lo que quiera? Pero porque a nosotros se nos opone el diablo para que no esté totalmente sumisa a Dios nuestra mente y vida, pedimos y rogamos que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios; y para que se cumpla en nosotros, necesitamos de esa misma voluntad, es decir, de su ayuda y protección, porque nadie es fuerte por sus propias fuerzas, sino por la bondad y misericordia de Dios… La voluntad de Dios es la que Cristo enseñó y cumplió: humildad en la conducta, firmeza en la fe, reserva en las palabras, rectitud en los hechos, misericordia en las obras, orden en las costumbres, no hacer ofensa a nadie y saber tolerar las que se hacen, guardar paz con los hermanos, amar a Dios de todo corazón, amarle porque es Padre, temerle porque es Dios; no anteponer nada a Cristo, porque tampoco Él antepuso nada a nosotros; unirse inseparablemente a su amor, abrazarse a su cruz con fortaleza y confianza; si se ventila su nombre y honor, mostrar en las palabras la firmeza con la que le confesamos; en los tormentos, la confianza con que luchamos; en la muerte, la paciencia por la que somos coronados. Esto es querer ser coherederos de Cristo, esto es cumplir el precepto de Dios, esto es cumplir la voluntad del Padre… (Cipriano - 250 d.C.)

 

Ofrendas


I. Exhortación y consejos sobre las ofrendas  

Debes dar a cualquiera que te pida, y no reclamar nada, puesto que el Padre quiere que los bienes recibidos de su propia gracia, sean distribuidos entre todos. Dichoso aquel que da conforme al mandamiento; el tal, será sin falta. Desdichado del que reciba. Si alguno recibe algo estando en la necesidad, no se hace acreedor a reproche ninguno; pero aquel que acepta alguna cosa sin necesitarlo, dará cuenta de lo que ha recibido y del uso que ha hecho de la limosna. Encarcelado, sufrirá interrogatorio por sus actos, y no será liberado hasta que haya pasado el último centavo. Es con este motivo, que ha sido dicho: «¡Antes de dar limosna, déjala sudar en las manos, hasta que sepas a quien la das!» (Didaché - 80-140 d.C.)  

Ni tiendas la mano para recibir, ni la tengas cerrada cuando se trate de dar. Si posees algunos bienes como fruto de tu trabajo, no pagarás el rescate de tus pecados. No estés indeciso cuando se trate de dar, ni regañes al dar algo, porque conoces al dispensador de la recompensa. No vuelvas la espalda al indigente; reparte lo que tienes con tu hermano, y no digas que lo tuyo te pertenece, porque si las cosas inmortales os son comunes, ¿con cuánta mayor razón deberá serlo lo perecedero? (Didaché - 80-140 d.C.)  

Al salir el apóstol, deben proveerle de pan para que pueda ir a la ciudad donde se dirija: si pide dinero, es un falso profeta. ... El profeta, que hablando por el espíritu, ordenare la mesa y comiere de ella, es un falso profeta. El profeta que enseñare la verdad, pero no hiciere lo que enseña, es un falso profeta. Si alguien, hablando por el espíritu, les pidiere dinero u otra cosa, no le hagan caso; pero si aconseja se dé a los pobres, no le juzguen…. Si el que viniere a ustedes, fuere un pobre viajero, socórranlo cuanto puedan; pero no debe quedarse en su casa más de dos o tres días. Si quisiere permanecer entre ustedes como artista, que trabaje para comer; si no tuviese oficio ninguno, procuren según su prudencia a que no quede entre ustedes ningún cristiano ocioso. Si no quisiere hacer esto, es un negociante del cristianismo, del cual se alejarán. El verdadero profeta, que quisiere fijar su residencia entre ustedes, es digno del sustento; porque un doctor verdadero, es también un artista, y por tanto digno de su alimento. Tomarás tus primicias de la era y el lagar, de los bueyes y de las cabras y se las darás a los profetas, porque ellos son sus grandes sacerdotes. Al preparar una hornada de pan, toma las primicias, y dalas según el precepto. Lo mismo harás al empezar una vasija de vino o de aceite, cuyas primicias destinarás a los profetas. En lo concerniente a tu dinero, tus bienes y tus vestidos, señala tú mismo las primicias y haz según el precepto. (Didaché - 80-140 d.C.)  

Hagan sus oraciones, sus limosnas y todo cuanto hicieren, según los preceptos dados en el Evangelio de nuestro Señor. (Didaché - 80-140 d.C.) 

No seas de los que extienden la mano para recibir y la encogen para dar. Amarás como a la niña de tus ojos a todo el que te habla del Señor… No vacilarás en dar, ni cuando des murmurarás, sino que conocerás quien es el buen pagador de tu galardón. (Bernabé - 150 d.C.)  

…Y eran todos humildes en el ánimo y libres de arrogancia, mostrando sumisión en vez de reclamarla, más contentos de dar que de recibir (Clemente de Roma v30-100 d.C.)  

Que los ricos ministren a los pobres; que los pobres den gracias a Dios, porque Él les ha dado a alguno por medio del cual son suplidas sus necesidades. (Clemente de Roma - 30-100 d.C.)  

Esperen el juicio que viene. Así pues, los que tienen más que suficiente, busquen a los hambrientos, en tanto que la torre no está terminada; porque una vez que la torre haya sido terminada, desearán hacer bien y no hallarán oportunidad de hacerlo. Miren, pues, los que se alegrarán en su riqueza, que los que están en necesidad no giman, y su gemido se eleve al Señor, y ustedes con su [abundancia de] cosas buenas halléis cerrada la puerta de la torre. (Hermas - 150 d.C.)  

Haz lo que es bueno, y de todas tus labores, que Dios te da, da a todos los que están en necesidad generosamente, sin hacer preguntas sobre a quién has de dar y a quién no has de dar. Da a todos, porque Dios desea que todos reciban de su abundancia. Los que reciben, pues, tendrán que dar cuenta a Dios de por qué lo han recibido y a qué fin; porque los que reciben en necesidad no serán juzgados, pero los que reciben con pretextos simulados recibirán el castigo. Así pues, el que da es inocente; porque como recibe del Señor el servicio a ejecutar, lo ha ejecutado en sinceridad, sin hacer distinción entre a quién da y a quién no da. Esta administración, pues, cuando es ejecutada sinceramente, pasa a ser gloriosa a la vista de Dios. (Hermas - 150 d.C.)  

Ahora bien, ¿puede un Espíritu divino recibir dinero y profetizar? No es posible que un profeta de Dios haga esto… (Hermas - 150 d.C.)  

«Escucha», contestó; «el rico tiene mucha riqueza pero en las cosas del Señor es pobre, pues las riquezas le distraen y su confesión e intercesión al Señor es muy escasa; y aun cuando da, es poco y débil, y no tiene poder de arriba. Así pues, cuando el rico va al pobre y le ayuda en sus necesidades, creyendo que por lo que hace al pobre recibirá recompensa de Dios —porque el pobre es rico en intercesión [y confesión], y su intercesión tiene gran poder con Dios—, el rico, pues, suple todas las cosas al pobre sin titubear. Pero el pobre, siendo provisto por el rico, hace intercesión por él, dando gracias a Dios por el (rico) que le ha dado a él. Y el otro es todavía más celoso de ayudar al pobre, para que pueda seguir viviendo; porque sabe que la intercesión del pobre es aceptable y rica delante de Dios. Los dos, pues, cumplen su obra; el pobre haciendo intercesión, en que es rico [y que él recibe del Señor]; y la devuelve, otra vez, al Señor que se la proporciona. El rico, también, de igual manera provee al pobre, sin vacilar, las riquezas que ha recibido del Señor. Y esta obra es grande y aceptable a Dios, porque (el rico) entiende (el objeto) de sus riquezas, y provee para el pobre de los tesoros del Señor, y realiza el servicio del Señor rectamente. (Hermas - 150 d.C.)  

Los que tienen las manchas son diáconos que ejercieron mal su oficio, y saquearon la sustancia de viudas y huérfanos, e hicieron ganancia para sí con las administraciones que habían recibido para ejecutar. Estos, pues, si permanecen en el mismo mal deseo, son muertos y no hay esperanza de vida para ellos… (Hermas - 150 d.C.)  

Pero ellos, y a mi juicio con toda razón, no quieren enseñar abiertamente a todos, sino sólo a quienes pueden pagar bien por tales misterios. Pues estas cosas no se parecen a aquéllas de las que dijo el Señor: «Den gratis lo que gratis han recibido» (Mateo 10:8). (Ireneo - 180 d.C.)  

«Quien se compadece del pobre presta a Dios» (Proverbios 19:17). Mas aunque Dios no tenga necesidad de nada, recibe nuestras buenas obras a fin de darnos en retorno sus propios bienes, como dice nuestro Señor: «Vengan, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para ustedes; porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, vagué peregrino y me recibieron, desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme» (Mateo 25:34-36). Así como él no necesita de estas cosas, y sin embargo quiere que las hagamos en favor de nosotros mismos, así también el Verbo mismo mandó al pueblo que ofreciera oblaciones aunque él no las necesitaba, sino para que aprendiera a servir a Dios… (Ireneo - 180 d.C.)  

Por amor a otro él se hace pobre a sí mismo, para que no pase por alto ningún hermano que tenga necesidad. Comparte, especialmente si cree que él puede soportar la pobreza mejor que su hermano. También considera que el sufrir de otro es su propio sufrir. Y si sufre algo por haber compartido de su propia pobreza, no se queja. (Clemente de Alejandría - 195 d.C.)  

Para mantener esta hermandad, Dios quiere que hagamos siempre el bien, nunca el mal. Y Él mismo nos enseña en qué consiste hacer el bien: ayudar a los humildes y desgraciados, dar de comer a los que no tengan alimento. Siendo piadoso, quiso que los hombres vivamos en sociedad y que veamos en cada persona nuestra misma naturaleza. No merecemos ser librados en los peligros si no socorremos a los demás; ni recibir auxilio si lo negamos nosotros… (Lactancio - 304-313 d.C.)  

II. Recompensas por ayudar a los necesitados  

El dar limosna es, pues, una cosa buena, como el arrepentirse del pecado. El ayuno es mejor que la oración, pero el dar limosna mejor que estos dos. Y el amor cubrirá multitud de pecados, pero la oración hecha en buena conciencia libra de la muerte. Bienaventurado el hombre que tenga abundancia de ellas. Porque el dar limosna quita la carga del pecado. (Segunda Clemente - 150 d.C.) 

Cuando puedan hacer bien, no lo demoren, porque la limosna libra de la muerte. (Policarpo - 135 d.C.)  

Por tanto, en vez de campos, compra almas que estén en tribulación, como puede cada cual, y visita a las viudas y los huérfanos, y no lo descuides; y gasta tus riquezas y todos tus recursos, que has recibido de Dios, en campos y casas de esta clase. Porque para este fin les ha enriquecido el Señor, para que puedan ejecutar estos servicios suyos. Es mucho mejor comprar campos [y posesiones] y casas de esta clase, que hallarás en tu propia ciudad cuando vayas a residir a ella. Este dispendio abundante es hermoso y gozoso y no trae tristeza ni temor, sino gozo. (Hermas - 150 d.C.)  

Digo, además, que todo hombre debe ser rescatado de la desgracia; porque el que tiene necesidad, y sufre desgracias en su vida diaria, está en gran tormento y necesidad. Así pues, todo el que rescata de la penuria una vida de esta clase, obtiene un gran gozo para sí mismo. Porque el que es hostigado por la desgracia de esta clase es afligido y torturado con igual tormento que el que está en cadenas. Porque muchos hombres, a causa de calamidades de esta clase, como ya no lo pueden resistir más, recurren a la violencia contra ellos mismos. Por tanto, el que conoce la calamidad de un hombre de esta clase y no lo rescata, comete un gran pecado, y se hace culpable de la sangre del mismo. Hagan, pues, buenas obras todos los que hayáis recibido (beneficios) del Señor. (Hermas - 150 d.C.)  

Pero todo el que toma sobre sí la carga de su prójimo, todo el que desea beneficiar a uno que es peor en algo en lo cual él es superior, todo el que provee a los que tienen necesidad las posesiones que ha recibido de Dios, pasa a ser un dios para aquellos que lo reciben de él, es un imitador de Dios. (Diogneto - 125-200)  

Nosotros tenemos por patria el paraíso… ¡Qué alegría tan grande para ellos y nosotros llegar a su presencia y abrazarlos, qué placer disfrutar allá del reino del cielo sin temor de morir y qué dicha tan soberana y perpetua con una vida sin fin! …allí los galardonados por su misericordia, que hicieron obras buenas, socorriendo a los pobres con limosnas, que, por cumplir los preceptos del Señor, transfirieron su patrimonio terreno a los tesoros del cielo. Corramos, hermanos amadísimos, con insaciable anhelo tras éstos, para estar enseguida con ellos; deseemos llegar pronto a Cristo. Vea Dios estos pensamientos, y que Cristo contemple estos ardientes deseos de nuestro espíritu y fe; Él otorgará mayores mercedes de su amor a los que tuvieren mayores deseos de Él… (Cipriano - 250 d.C.)  

III. Ser amigos con las riquezas injustas  

Y sabiendo que nosotros también obraríamos bien al poseer algo recibido de otros, dijo: «El que tenga dos túnicas dé una al que no tenga, y haga lo mismo quien tenga comida» (Lucas 3:11); y: «Tuve hambre y me dieron de comer, desnudo y me vistieron» (Mateo 25:35-36); y: «Cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha» (Mateo 6:3). Lo mismo se diga de todas las obras de beneficencia por las cuales somos justificados, como si redimiéramos lo nuestro al dar de lo ajeno. Y digo de lo ajeno, no porque el mundo sea ajeno a Dios, sino porque hemos recibido de otros esos bienes, así como los hebreos los recibieron de los egipcios que no conocían a Dios. Y usándolos construimos en nosotros mismos el santuario de Dios, en cuanto Dios habita en quienes hacen el bien. Como dice el Señor: «Hagan amigos con el dinero inicuo, para que ellos, cuando se los eche, les reciban en los eternos tabernáculos» (Lucas 16:9). Nosotros, pues, somos justificados como creyentes cuando convertimos en utilidad para el Señor aquello que como paganos habíamos adquirido de la injusticia… (Ireneo - 180 d.C.) 

IV. Como ofrendaban en el culto  

El día que se llama del sol [el domingo], se celebra una reunión de todos los que viven en las ciudades o en los campos, y se leen los recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas, mientras hay tiempo… Los que tienen y quieren, dan libremente lo que les parece bien; lo que se recoge se entrega al que hace cabeza para que socorra con ello a huérfanos y viudas, a los que están necesitados por enfermedad u otra causa, a los encarcelados, a los forasteros que están de paso: en resumen, se le constituye en proveedor para quien se halle en la necesidad. Celebramos esta reunión general el día domingo… (Justino Mártir - 160 d.C.)  

Y si en la caja se pone algún dinero no es tributo del honor, ni precio con que la dignidad cristiana se compre ó se redima, sino voluntarios donativos de los congregantes; que cada uno da una monedilla cada mes, ó cuando quiere ó cuando puede, ó de la manera que quiere; que la donación es graciosa. Esta suma es el depósito de la piedad que de allí se saca, no para gastos de banquetes, ni para bebidas desordenadas, ni para voluntarias glotonerías, sino para sustentar y enterrar pobres, para alimentar niños y niñas huérfanos de padres y de hacienda, para viejos que no pueden salir de casa, para los que padecieron naufragio, para los presos en las cárceles, para los desterrados á las islas y para los condenados á las minas por causa de religión tan solamente. Todos estos son ahijados que cría la religión, porque su confesión los sustenta… (Tertuliano - 197 d.C.)