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miércoles, 15 de abril de 2015

Vírgenes


Saludo a las casas de mis hermanos con sus esposas e hijos, y a las vírgenes que son llamadas viudas. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Las vírgenes deben andar en una conciencia inmaculada y pura. (Policarpo 135 d.C.)  

Entre nosotros hay muchos y muchas que, hechos discípulos de Cristo desde la niñez, permanecen vírgenes hasta los sesenta y los setenta años, y yo me glorío que os los puedo mostrar de entre toda raza humana. (Justino Mártir 160 d.C.) 

Y hasta es fácil hallar entre nosotros muchos hombres y mujeres que han llegado célibes hasta su vejez con la esperanza de alcanzar así una mayor intimidad con Dios. Ahora bien, si el permanecer en virginidad y celibato nos acerca más a Dios, mientras que el mero pensamiento y deseo de unión aparta, si huimos aun de los pensamientos, mucho más rechazaremos las obras. Porque no está nuestra religión en cuidados discursos, sino en la demostración y la enseñanza de las obras: o hay que permanecer tal como uno nació, o hay que casarse una sola vez... (Atenágoras 177 d.C.) 

«Sobre las vírgenes no tengo un precepto del Señor; mas os doy un consejo, como quien ha conseguido la misericordia del Señor, a fin de ser fiel» (1 Corintios 7:25). En cambio dice en otro verso: «Que Satanás no les tiente por su incontinencia» (1 Corintios 7:5). Así pues, si en el Nuevo Testamento notamos a los Apóstoles hacer ciertas concesiones por motivo de la incontinencia de algunos, a fin de que no apostaten de Dios, porque estando endurecidos podrían desesperar de la salvación, no os admire si en el Antiguo el mismo Dios quiso hacer algo semejante por la costumbre del pueblo… (Ireneo 180 d.C.)


martes, 14 de abril de 2015

Mujer


 I. Consejo a las mujeres  

A los jóvenes recomendaban modestia y pensamientos decorosos; a las mujeres les encargaban la ejecución de todos sus deberes en una conciencia intachable, apropiada y pura, dando a sus propios maridos la consideración debida; y les enseñaban a guardar la regla de la obediencia, y a regir los asuntos de sus casas con propiedad y toda discreción. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

Instruyamos a nuestros jóvenes en la lección del temor de Dios. Guiemos a nuestras mujeres hacia lo que es bueno: que muestren su hermosa disposición de pureza; que prueben su afecto sincero de bondad; que manifiesten la moderación de su lengua por medio del silencio; que muestren su amor, no en preferencias partidistas, sino sin parcialidad hacia todos los que temen a Dios, en santidad. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

Di a mis hermanas que amen al Señor y estén contentas con sus maridos en la carne y en el espíritu. De la misma manera encargo a mis hermanos en el nombre de Jesucristo que amen a sus esposas, como el amó a su iglesia. Pero da a conocer estas palabras a todos tus hijos, y tu esposa será como tu hermana; porque ella tampoco se ha refrenado en el uso de la lengua, con la cual obra mal. (Hermas 150 d.C.)  

Muchas mujeres, fortalecidas por la gracia de Dios, han ejecutado grandes hechos... (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

II. El papel de la mujer entre los herejes y las religiones paganas  

Otras veces (Los falsos maestros) presenta a una mujer un cáliz con la mezcla (de agua y vino), y le ordena que ella misma dé gracias en su presencia. En seguida acerca un cáliz mucho mayor que aquel que en la mujer engañada ha celebrado la Eucaristía… Haciendo estas y otras magias semejantes, seduce a muchos y los arrastra para que lo sigan. (Ireneo 180 d.C.)  

Parecería tener por cómplice a un demonio, por cuya obra causa la impresión de profetizar, y también hace profetizar a aquellas mujeres a quienes juzga dignas de participar... » Ella entonces, envanecida por lo que se le ha dicho, siente calentarse su alma con el sueño de que está por profetizar.
Ella entonces se siente profetisa… y en agradecimiento no sólo le da una gran parte de sus riquezas, de donde él amontona una buena cantidad de dinero; sino que también le entrega su cuerpo deseando estar unida íntimamente con él. Otras mujeres más fieles, llevadas por el temor de Dios, no se dejan seducir. Cuando él las ha intentado seducir como a las otras, mandándoles que profeticen, se han alejado de este hombre fuera de sí lanzándole insultos y anatemas… Dios concede esta gracia desde lo alto a quienes él quiere; y quienes reciben de Dios este don, hablan donde y cuando Dios quiere, no cuando Marcos ordena. (Ireneo 180 d.C.)  

(Entre los herejes, las mujeres) se atreven a enseñar, disputar, echar fuera demonios, realizar sanidades, y tal vez aun bautizar… (Tertuliano 197 d.C.) 

Un romano pagano dijo: Nosotros reinamos sobre el mundo, pero nuestras mujeres reinan sobre nosotros…
Hay ciertos lugares donde no puede entrar ningún hombre. En otros, no puede entrar ninguna mujer. Es un delito para un esclavo presenciar ciertas ceremonias religiosas. Unos templos son gobernados por una mujer con un esposo. Otros templos son gobernados por una mujer con muchos esposos. (Marcus Félix 200 d.C.)
 

 

Ser como niños


…habiéndonos renovado por el perdón de nuestros pecados, hizo de nosotros una forma nueva, hasta el punto de tener un alma de niños, como que de veras El nos ha formado de nuevo. (Bernabé 150 d.C.)  

Y de la montaña duodécima, que era blanca, los que creyeron eran así: eran como verdaderos recién nacidos, en cuyo corazón no hay astucia alguna, ni han aprendido lo que es maldad, sino que permanecen siendo niños para siempre. Estos, pues, moran, sin duda, en el reino de Dios, porque no contaminaron los mandamientos de Dios en nada, sino que siguen siendo niños todos los días de su vida en su mentalidad. (Hermas 150 d.C.)  

¿Y quiénes se salvan ahora y reciben la vida? ¿Acaso no son aquellos que aman a Dios, creen en sus promesas, y se han hecho «niños en la malicia» (Ireneo 180 d.C.)  

Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aquí que nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos en niños sin malicia y afincados en la justicia y honestidad… (Ireneo 180 d.C.)  

El Señor nos ha revelado con toda claridad qué significado tiene la palabra «niño», pues, «habiéndose propuesto la cuestión entre los apóstoles acerca de cuál de ellos era el mayor, Jesús puso en medio de ellos a un niño y dijo: El que se hiciere pequeño como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos» (Mateo 18:1-4 y Lucas 9: 46-48). No usa la palabra niño refiriéndose a la edad en que todavía no hay razón, como han pensado algunos... Porque ya no somos pequeños que andamos por el suelo, ni avanzamos arrastrándonos sobre la tierra como las serpientes, revolcándonos con todo nuestro cuerpo en placeres insensatos… Es natural que sean niños los que no reconocen a otro padre que a Dios: los que son sencillos, pequeños, puros, amantes del unicornio. A los que progresan en el Logos, el Señor les ha proclamado la orden de menospreciar las cosas de acá, exhortándoles a que atiendan únicamente al Padre, imitando lo que hacen los niños. Por esto dice en lo que sigue: «No anden preocupados por el mañana: a cada día le basta su malicia» (Mateo 6:34). De esta suerte ordena dejar de lado las preocupaciones de la vida y adherirse únicamente al Padre. El que cumple este precepto es realmente niño y párvulo para Dios lo mismo que para el mundo: el mundo lo tiene por extraviado; Dios por objeto de su amor... (Clemente de Alejandría 195 d.C.)
 
 

Familia


Esposos y esposas 

Di a mis hermanas que amen al Señor y estén contentas con sus maridos en la carne y en el espíritu. De la misma manera encargo a mis hermanos en el nombre de Jesucristo que amen a sus esposas, como el Señor amó a la Iglesia. (Ignacio 50-100 d.C.)  

…enseñémonos primero a andar en el mandamiento del Señor; y luego nuestras esposas también, a andar en la fe que les ha sido dada y en amor y pureza, apreciando a sus propios esposos en toda verdad y amando a todos los hombres igualmente en toda castidad, y criando a sus hijos en el temor de Dios. (Policarpo 135 d.C.)  

Pero da a conocer estas palabras a todos tus hijos, y tu esposa será como tu hermana; porque ella tampoco se ha refrenado en el uso de la lengua, con la cual obra mal. (Hermas 150 d.C.) 

Hijos 

No dejes de la mano la educación de tu hijo o de tu hija: desde su infancia enséñales el temor de Dios. (Didaché 80-140 d.C.)  

No levantes tu mano de tu hijo o de tu hija, sino que, desde su juventud, les enseñarás el temor del Señor. (Bernabé 150 d.C.)  

Instruyamos a nuestros jóvenes en la lección del temor de Dios... …Que nuestros hijos sean participantes de la instrucción que es en Cristo; que aprendan que la humildad de corazón prevalece ante Dios, qué poder tiene ante Dios el amor casto, que el temor de Dios es bueno y grande y salva a todos los que andan en él en pureza de corazón y santidad. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

«Con todo, no es por esto que Dios está enojado contigo, sino con miras a que puedas convenir a tu familia, que ha obrado mal contra el Señor y contra vosotros sus padres. Pero por apego a tus hijos tú no les amonestaste, sino que toleraste que se corrompieran de un modo espantoso. Por tanto, el Señor está enojado contigo. Pero Él quiere curar todos tus pecados pasados, que han sido cometidos en tu familia, porque a causa de sus pecados e iniquidades tú has sido corrompido por las cosas de este mundo. Pero la gran misericordia del Señor tuvo piedad de ti y de tu familia, y te corroborará, y te afianzará en su gloria. Sólo que no seas descuidado, sino que cobres ánimo y robustezcas a tu familia. Porque como el herrero trabajando a martillazos triunfa en la tarea que quiere, así también el recto discurso repetido diariamente vence todo mal. No dejes, pues, de reprender a tus hijos; porque sé que si se arrepienten de todo corazón, serán inscritos en los libros de vida con los santos.» (Hermas 150 d.C.) 

Y esto es lo que estaba escrito: «Hermas, tu simiente ha pecado contra Dios, y han blasfemado del Señor, y han traicionado a sus padres a causa de sus grandes maldades, sí, han conseguido el nombre de traidores de los padres, y, con todo, no sacaron provecho de su traición; y aun añadieron a sus pecados actos inexcusables y maldades excesivas; así que la medida de sus transgresiones fue colmada. Pero da a conocer estas palabras a todos tus hijos, y tu esposa será como tu hermana; porque ella tampoco se ha refrenado en el uso de la lengua, con la cual obra mal. Después que tú les hayas dado a conocer todas estas palabras, que el Señor me mandó que te revelara, entonces todos los pecados que ellos han cometido con anterioridad les serán perdonados… (Hermas 150 d.C.)


Matrimonio


Es apropiado que todos los hombres y mujeres, también, cuando se casan, se unan con el consentimiento del obispo, para que el matrimonio sea según el Señor y no según concupiscencia. Que todas las cosas se hagan en honor de Dios. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Teniendo, pues, esperanza de la vida eterna, despreciamos las cosas de la vida presente y aun los placeres del alma: cada uno de nosotros tiene por mujer a la que tomó según las leyes que nosotros hemos establecido, y aun ésta en vistas a la procreación. Porque así como el labrador, una vez echada la semilla a la tierra, espera la siega y no sigue sembrando, así para nosotros la medida del deseo es la procreación de los hijos… …o hay que permanecer tal como uno nació, o hay que casarse una sola vez. El segundo matrimonio es un adulterio decente. Dice la Escritura: «el que deja a su mujer y se casa con otra, comete adulterio» (Mateo 19:9; Marcos 10:11), no permitiendo abandonar a aquella cuya virginidad uno deshizo, ni casarse de nuevo… (Atenágoras 177 d.C.)  

El fin más inmediato del matrimonio es el de procrear hijos, aunque el fin más pleno sea el de procrear buenos hijos… Porque no hay que echar la semilla sobre las piedras, ni hay que hacer ultraje al semen, que es la sustancia principal de la generación, en la que se contienen los principios racionales de la naturaleza: hacer ultraje a estos principios racionales, depositándolos irracionalmente en vasos contrarios a la naturaleza, es cosa de todo punto impía... El matrimonio ha de tenerse por cosa legítima y bien establecida, pues el Señor quiere que los hombres se multipliquen. Pero no dice el Señor «entréguense al desenfreno», ni quiso que los hombres se entregaran al placer, como si hubieran nacido sólo para el coito. Oigamos la amonestación que nos hace el Pedagogo por boca de Ezequiel, cuando grita: «Circuncidad vuestra fornicación» (Ezequiel 43:9; 44:7). Hasta los animales irracionales tienen su tiempo establecido para la inseminación. Unirse con otro fin que el de engendrar hijos es hacer ultraje a la naturaleza… El matrimonio es el deseo de procrear hijos, no una desordenada efusión de semen, contraria a la ley y a la razón. Nuestra vida estará toda ella de acuerdo con la razón si dominamos nuestros apetitos desde sus comienzos, y no matamos con perversos artificios lo que la Providencia divina ha establecido para el linaje humano. Porque hay quienes ocultan su fornicación utilizando drogas abortivas que llevan a la muerte definitiva, siendo así causa no sólo de la destrucción del feto, sino de la del amor del género humano. (El cristiano) come, bebe y toma mujer, no por sí mismo, sino por necesidad. Digo tomar mujer cuando se hace según la razón y como conviene. El que quiere ser perfecto tiene como modelos a los apóstoles, y el verdadero varón no se muestra en la vida del que escoge vivir solo, sino que aquél se muestra superior a los hombres que lucha en el matrimonio, en la procreación de los hijos, en la preocupación por su familia, sin dejarse arrebatar ni por los placeres ni por las penas, sino que en medio de las preocupaciones familiares permanece incesantemente en el amor de Dios… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

La naturaleza no ofrece continuamente la ocasión de cumplir la unión conyugal... En todo caso no hay que entregarse a la licencia en la noche con el pretexto de que se está a oscuras, sino que hay que conservar en el alma sentimientos de reserva como una luz para la razón; porque no nos diferenciamos de Penélope, si durante el día confeccionamos una doctrina de castidad y de noche la deshacemos... Si en efecto debemos ejercitarnos en un cierto control, como es verdad, hay que mostrarlo sobre todo a la propia esposa, evitando las uniones inconvenientes; y hay que dar en la propia casa la prueba segura de que se es casto con los vecinos… Hay permiso para sembrar, para uno que está casado, como para un cultivador, solamente en el momento en que la semilla puede ser recibida con oportunidad. Para el resto del tiempo hay una excelente medicina para la incontinencia, y es el ser razonable; y también se es ayudado evitando la saciedad, que infla los deseos sensuales… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

¿Cómo podré expresar la felicidad de aquel matrimonio que ha sido contraído ante la Iglesia, reforzado por la oblación eucarística, sellado por la bendición, anunciado por los ángeles y ratificado por el Padre? Porque, en efecto, tampoco en la tierra los hijos se casan recta y justamente sin el consentimiento del padre. ¡Qué yugo el que une a dos fieles en una sola esperanza, en la misma observancia, en idéntica servidumbre! Son como hermanos y colaboradores, no hay distinción entre carne y espíritu. Más aún, son verdaderamente dos en una sola carne, y donde la carne es única, único es el espíritu. Juntos rezan, juntos se arrodillan, juntos practican el ayuno. Uno enseña al otro, uno honra al otro, uno sostiene al otro.
Unidos en la Iglesia de Dios, se encuentran también unidos en el banquete divino, unidos en las angustias, en las persecuciones, en los gozos. Ninguno tiene secretos con el otro, ninguno esquiva al otro, ninguno es gravoso para el otro. Libremente hacen visitas a los necesitados y sostienen a los indigentes. Las limosnas que reparten, no les son reprochadas por el otro; los sacrificios que cumplen no se les echan en cara, ni se les ponen dificultades para servir a Dios cada día con diligencia. No hacen furtivamente la señal de la cruz, ni las acciones de gracias son temerosas ni las bendiciones han de permanecer mudas. El canto de los salmos y de los himnos resuena a dos voces, y los dos entablan una competencia para cantar mejor a su Dios. Al ver y oír esto, Cristo se llena de gozo y envía sobre ellos su paz… (Tertuliano 197 d.C.)


 

Velo


…he aquí, vino hacia mí una virgen ataviada como si saliera de la cámara nupcial, toda blanca y con sandalias blancas, velada hasta la frente, y la cobertura de su cabeza era un turbante… (Hermas 150 d.C.)  

Se ha establecido por mandato que (la mujer) se cubra la cabeza con un velo y también se cubra la cara. Porque es una cosa de impiedad que la belleza sea un tropiezo para el hombre. (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Que las mujeres entiendan esto. Que deben cubrirse por completo a menos que estén en su casa. Porque esta forma de vestir es sobrio y las proteja de ser miradas... La mujer cristiana nunca caerá si pone delante de sus ojos la modestia y el velo. Tampoco será causa de tropiezo para el hombre por descubrirse el rostro. Por tanto, es la voluntad de la palabra que se deba orar con el velo. (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

“Por causa de los ángeles”; al decir “ángeles” se está refiriendo a los hombres justos y virtuosos. Que use el velo para no ser causa de tropiezo y guíe a la fornicación. (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Este asunto ha entendido bien los corintios mismos. De hecho, hasta este mismo día las vírgenes (igual que las mujeres) se cubren con el velo. Los discípulos aprueban lo que los apóstoles mandaron. (Tertuliano 160–222 d.C.) 

Sepan que se trata de la cabeza entera. La región que se debe cubrir con el velo, ocupa el mismo espacio que el cabello cuando éste se halla suelto. (Tertuliano 160–222 d.C.)  

Las mujeres paganas de Arabia te juzgarán. Porque no solo cubren la cabeza, sino la cara también. (Tertuliano 160–222 d.C.)  

La mujer no debe presentarse con la cabeza descubierta. (Tertuliano 160–222 d.C.)  

Pero amonestamos a las mujeres que no dejen esta disciplina del velo ni por un momento, ni siquiera por una hora… (Tertuliano 160–222 d.C.)  

Te ruego, seas tú madre, o hermana, o hija virgen, cubre tu cabeza… (Tertuliano 160–222 d.C.)  

Que todas las mujeres tengan la cabeza cubierta con una tela opaca, que no sea un velo transparente, porque eso no cubre en verdad. (Hipólito 200 d.C.)  

¿Qué hará la mujer cristiana si descuidara esta ordenanza? ¿Callará la oración espontánea de agradecimiento? ¿Se enfrentará a la tentación sin el arma de la oración? ¿Dejará de cumplir con su Señor, privando a un alma necesitada de un testimonio? ¿Desafiará al Señor y menospreciará su mandato, orando y testificando sin el velo? ¿Deshonrará a su Señor o usará el velo durante todo el día para así encontrarse todo el tiempo en comunión con su Dios, dispuesta para testificar? (Crisóstomo 344–407 d.C.)
 
 
 

lunes, 13 de abril de 2015

Vestimenta


…he aquí, vino hacia mí una virgen ataviada como si saliera de la cámara nupcial, toda blanca y con sandalias blancas, velada hasta la frente, y la cobertura de su cabeza era un turbante… (Hermas 150 d.C.)  

En ningún modo se debe permitir a las mujeres descubrir y exhibir una parte de sus cuerpos, a no ser que ambos caigan. Los hombres por mirar; y las mujeres por atraer la atención de los hombres. (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Tampoco es decente la ropa que llega hasta la rodilla. Clemente de (Alejandría 195 d.C.)  

Que las mujeres sean bien vestidas con ropa afuera y modestia adentro. (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

La ropa es necesaria únicamente para cubrir el cuerpo y protegerlo del frío. Siendo que éste es el propósito, la ropa de la mujer debe ser de una forma; y la del hombre de otra. Porque ambos deben cubrirse. También hay que deshacerse del oro y la seda de la India. (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Tampoco debemos adquirir ropa costosa. (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

El cuerpo de tales damas (paganas) no vale siquiera mil dracmas [moneda de poco valor], pero pagan diez mil talentos [más que un jornalero ganaba en toda la vida] por un solo vestido. De esta manera ¡su vestido vale más que ellas mismas! (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Los vestidos lujosos que no ocultan el talle del cuerpo en realidad no son vestidos. Tales vestidos, ajustándose al cuerpo, toman la forma del cuerpo y se adhieren a la figura. Así destacan la figura femenina, de manera que su figura entera se revela al que la ve, aunque no ve su mismo cuerpo… Tales vestidos están diseñados para exhibir, no para cubrir… (Clemente de Alejandría 195 d.C.) 

(Entre los paganos) Veo ya que entre mujeres nobles y rameras públicas no hay ninguna diferencia en los trajes. También se corrompieron aquellas enseñanzas de los mayores que componían la templanza y apadrinaban la modestia de las mujeres… (Tertuliano 197 d.C.)  

El que solía brillar por su elegancia, vestido ricamente de oro y púrpura, ¿cuándo podrá ponerse el vestido sencillo del pueblo? (Cipriano 250 d.C.)

Música y danza


Aborrezco sus reuniones paganas. Porque hay banquetes exagerados y flautas que provocan movimientos lascivos. (Justino Martir 160 d.C.)  

Acerca de este tipo de personas, el Espíritu Santo dijo por Isaías: «Beben vino a la música de las cítaras, los panderos, las liras y las flautas, pero ni miran las obras de Dios, ni contemplan las obras de sus manos» (Ireneo 180 d.C.) 

Las personas ocupadas en tocar flautas, salterios; en coros y danzas, aplaudiendo; y en otras diversiones desordenadas, se vuelven muy indecorosas. (Clemente de Alejandría 195 d.C.) 

Afuera (de la Iglesia) se muestran con diversiones impías ocupándose en danzas, tocando flautas y borracherías. (Clemente de Alejandría 195 d.C.) 

Las flautas son para los que están involucrados en idolatría. (Clemente de Alejandría 195 d.C.) 

El hombre es un instrumento pacífico, pero los otros instrumentos son violentos que provocan deseos impuros, pasiones desordenadas y despiertan la ira. (Clemente de Alejandría 195 d.C.) 

“Alábenlo con salterio” La lengua es el salterio del Señor. “Y Alábenlo con cuerdas” Con cuerdas significa la boca tocada por el Espíritu. (Clemente de Alejandría 195 d.C.) 

Nosotros solo usamos el único instrumento de paz, sólo la voz por la cual honramos a Dios. Ya no usamos el salterio, la trompeta, el címbalo y la flauta, porque los que son expertos en la guerra hacen uso de tales instrumentos en sus coros y fiestas… Pero si desean cantar acompañada con arpa o lirio no hay culpa. (Clemente de Alejandría 195 d.C.) 

Al agradar al mundo, danzando en sus casas, se rechaza la ley. (Comodio 240 d.C.) 

Por medio de nosotros las mujeres se convierten de una vida inmoral… de los deseos desordenados del teatro y la danza. (Orígenes 248 d.C.) 

Satanás tienta a los ojos con imágenes seductivas y placeres que llegan con facilidad la vista para el fin de destruir la castidad… Él tienta los oídos con músicas de hermosa melodía, para que escuchando sonidos dulces, él logre relajar y debilitar la fuerza del cristiano. (Cipriano 250 d.C.)



 

Entretenimiento


Los que saben que ni soportamos la vista de una ejecución capital según justicia, ¿cómo pueden acusarnos de asesinato o de antropofagia? ¿Quién de ustedes no está aficionado a las luchas de gladiadores o de fieras y no estima en mucho las que vosotros organizáis? Pero en cuanto a nosotros, pensamos que el ver morir está cerca del matar mismo, y por esto nos abstenemos de tales espectáculos. ¿Cómo podremos matar, los que ni siquiera queremos ver matar para no mancharnos con tal impureza? (Atenágoras 177 d.C.)  

El padre que protege con cuidado y guarda los oídos de su hija virgen luego la lleva al teatro él mismo. Allí la expone a todo su lenguaje indecente y actitudes viles.” Luego él hace la pregunta: “¿Cómo puede ser justo ver las cosas que son injusto hacer? Y aquellas cosas que contaminan al hombre cuando salen de su boca, ¿no le contaminarán cuando entran por sus ojos y oídos? (Tertuliano 197 d.C.)  

Todo celo en la búsqueda de gloria y honor está muerto en nosotros… Entre nosotros nunca se dice, ve o escucha nada que tenga algo en común con la locura del circo, la deshonestidad del teatro, las atrocidades de la arena o el ejercicio inútil del campo de lucha libre. ¿Por qué se ofenden con nosotros si diferimos de ustedes en cuanto a sus placeres? (Tertuliano 197 d.C.)  

Mucho menos puede turbar la fiesta de los espectáculos, porque igualmente renunciamos estas fiestas, como su origen supersticioso y las acciones con que se celebran. ¿Qué puede esperar nuestro deseo en las cuadrigas del circo? ¿Qué tienen que oír nuestros oídos en las torpezas del teatro? ¿Qué tienen que ver nuestros ojos en la atrocidad con que las fieras despedazan hombres en la arena? ¿Qué tiene que aprender nuestra atención en la vanidad de las acciones del visto? ¿En qué os ofendemos por presumir hay otros deleites más gustosos que vuestros juegos? (Tertuliano 197 d.C.)  

Ustedes (cristianos) no asisten a los juegos deportivos. No tienen ningún interés en las diversiones. Rechazan los banquetes, y aborrecen los juegos sagrados… Así, pobres que son, ni resucitarán de entre los muertos ni disfrutarán de la vida ahora. De esta manera, si tienen ustedes sensatez o juicio alguno, dejen de fijarse en los cielos y en los destinos y secretos del mundo… Aquellas personas que no pueden entender los asuntos civiles no tienen esperanza de entender los divinos… (Marcus Félix 200 d.C.) 

A mí me parece que las influencias depravadoras del teatro son hasta peores [que las de la arena]. Los temas de las comedias son las violaciones de las vírgenes y el amor de las prostitutas… De manera parecida, las tragedias levantan a la vista [de los espectadores] el homicidio de los padres y actos incestuosos cometidos por reyes impíos… ¿Y será mejor el arte de los mimos? Enseñan el adulterio cuando hacen el papel de los adúlteros. ¿Qué estarán aprendiendo nuestros jóvenes cuando ven que nadie tiene vergüenza de tales cosas, sino que todos las miran con gusto? (Lactancio 304-313 d.C.) 

El que se deleita en mirar la muerte de un hombre, aunque hombre condenado por la ley, contamina su conciencia igual como si fuera él cómplice o espectador de buena gana de un homicidio cometido en secreto. ¡Pero ellos dicen que eso es ‘deporte’—el derramar sangre humana! . . . Cuando vean a un hombre, postrado para recibir el golpe de muerte, suplicando clemencia, ¿serán justos aquéllos que no sólo permiten que le den muerte sino mucho más lo demandan? Votan cruel e inhumanamente para la muerte de aquél, no satisfechos con ver su sangre vertida o las cuchilladas en su cuerpo. De hecho, ordenan que [los gladiadores] —aunque heridos y postrados en la tierra—sean atacados otra vez, y que sus cuerpos sean apuñalados y golpeados, para estar seguros de que no están fingiendo la muerte. Esta gente hasta se enoja con los gladiadores si uno de los dos no es muerto pronto. Detestan las dilaciones, como si tuvieran sed de la sangre… Hundiéndose en tales prácticas, pierden su humanidad… Por eso, no conviene que nosotros que procuramos andar en el camino de la justicia compartamos en los homicidios del pueblo. Cuando Dios prohíbe el homicidio, no sólo prohíbe la violencia que condena las leyes del pueblo, sino mucho más prohíbe la violencia que los hombres tienen por legal… (Lactancio 304-313 d.C.)

 
 

Educación y estudios


No dejes de la mano la educación de tu hijo o de tu hija: desde su infancia enséñales el temor de Dios. (Didaché 80-140 d.C.)  

No levantes tu mano de tu hijo o de tu hija, sino que, desde su juventud, les enseñarás el temor del Señor. (Bernabé 150 d.C.)  

Instruyamos a nuestros jóvenes en la lección del temor de Dios... Que nuestros hijos sean participantes de la instrucción que es en Cristo; que aprendan que la humildad de corazón prevalece ante Dios, qué poder tiene ante Dios el amor casto, que el temor de Dios es bueno y grande y salva a todos los que andan en él en pureza de corazón y santidad. (Clemente de Roma 30-100 d.C.) 

(Los cristianos) Ni tampoco poseen ninguna invención descubierta por la inteligencia o estudio de hombres ingeniosos, ni son maestros de algún dogma humano como son algunos. (Diogneto 125-200) 

Entre nosotros fácilmente podrán encontrar gentes sencillas, artesanos, que si de palabra no son capaces de mostrar con razones la utilidad de su religión, muestran con las obras que han hecho una elección buena. Porque no se dedican a aprender discursos de memoria, sino que manifiestan buenas acciones: no hieren al que los hiere, no llevan a los tribunales al que les despoja, dan a todo el que pide y aman al prójimo como a sí mismos… (Atenágoras 177 d.C.) 

No estoy acostumbrado a escribir ni domino el arte de hablar; pero, impulsados por la caridad, exponemos a ti y a los tuyos las doctrinas que hasta ahora se mantenían ocultas y que por la gracia de Dios ahora salen a la luz del día: «Nada hay escondido que no se descubra, y nada oculto que no llegue a saberse» (Mateo 10:26).
Te suplico que no me pidas que te escriba con un arte que no he aprendido, porque vivo entre los Celtas y de ordinario tengo que expresarme en una lengua bárbara; ni tengo la facilidad de un escritor, pues no me he ejercitado; ni sé hablar con discursos elegantes o persuasivos; sino que te suplico recibas con amor lo que he escrito con amor, de manera sencilla, sin más adornos que la verdad y la sinceridad. (Ireneo 180 d.C.) 

Pues es mejor y más provechoso para uno ser ignorante o de poca ciencia, si se acerca a Dios por la caridad hacia su prójimo, que imaginarse saber mucho y ser perito en muchas cosas hasta blasfemar de Dios inventando a otro Dios y Padre. Por eso Pablo exclamó: «La ciencia infla, la caridad edifica»… Mejor que buscar la ciencia es no conocer otra cosa sino a Jesucristo el Hijo de Dios crucificado por nosotros, en vez de investigar cuestiones sutiles hasta caer en la impiedad y en la vana palabrería. (Ireneo 180 d.C.) 

Una mente sana y religiosa que ama la verdad, sin peligro alguno pone la capacidad que Dios concedió a los seres humanos al servicio de la ciencia, y con un constante estudio podrá progresar en su conocimiento de las cosas. Por éstas quiero decir aquellas que día tras día suceden ante nuestros ojos, y también aquellas que las palabras de la Escritura tratan en forma abierta. Por eso se deben interpretar las parábolas sin métodos ambiguos: quien de esta manera las entiende, no correrá peligro, y todos deben explicar las parábolas de modo semejante. (Ireneo 180 d.C.)  

Muchos pueblos bárbaros dan su asentimiento a esta ordenación, y creen en Cristo, sin papel ni tinta en su corazón tienen escrita la salvación por el Espíritu Santo, los cuales con cuidado guardan la vieja Tradición, creyendo en un solo Dios… Cuantos sin letras creyeron en esta fe, son bárbaros según nuestro modo de hablar; pero en cuanto a su juicio, costumbres y modo de vivir, son sabios en la fe y agradan a Dios, al vivir con toda justicia, castidad y sabiduría… (Ireneo 180 d.C.)  

Los Herejes piensan más allá de los límites del pensamiento. Por eso dice el Apóstol: «No sepan más allá de lo que se debe saber, sino sepan según la prudencia» (Ireneo 180 d.C.)  

La fe es algo superior al conocimiento, y es su criterio… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

En particular, los estudios sirven para recomendar a la confianza de los oyentes el que expone las verdades particularmente importantes: ella provoca la admiración en el espíritu de los discípulos, y así conduce a la verdad... (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Emprende conmigo la búsqueda del bien. Todos los hombres, y de manera particular los que se dedican al estudio, están empapados de ciertas gotas de origen divino… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Porque la educación recibida de los padres, como la llaman, pasa con facilidad; pero la formación que viene de Dios es una posesión que permanece para siempre... Nuestro pedagogo es Jesús, Dios santo, Logos conductor de la humanidad entera. El mismo Dios que ama a los hombres se hace Pedagogo... (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Ahora bien, puesto que el Logos ha venido del cielo a nosotros, me parece a mí que ya no debemos ir a ninguna otra escuela humana, ni hemos de afanarnos por ir a Atenas o a cualquier otro lugar de Grecia, mucho menos de Jonia… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Quédese para Atenas esta sabiduría humana manipuladora y adulteradora de la verdad, por donde anda la múltiple diversidad de sectas contradictorias entre sí con sus diversas herejías. Pero, ¿qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué relación hay entre la Academia y la Iglesia? ¿Qué tienen que ver los herejes y los cristianos? Nuestra escuela es la del pórtico de Salomón, que enseñó que había que buscar al Señor con simplicidad de corazón. (Tertuliano 197 d.C.)  

La mano del Creador ha impreso en el corazón del hombre un doble instinto que le lleva a buscar con esmero la religión y la sabiduría; pero el error de los hombres viene de que separan la una de la otra, y abrazan la religión sin estudiar la sabiduría, o se aplican a su estudio sin ocuparse del de la religión, cuando la una deber marchar con la otra… (Lactancio 304-313 d.C.)  

Hablando de aquel que enseña los fundamentos de la vida y amolda la vida de otros, hago la pregunta: ‘¿No es necesario que él mismo viva de acuerdo con los fundamentos que enseña?’ Si no vive de acuerdo con lo que enseña, su enseñanza resulta nula… Su alumno le contestará así: ‘No puedo hacer lo que usted me enseña, porque es imposible. Me enseña a no enojarme. Me enseña a no codiciar. Me enseña a no lujuriar. Me enseña a no temer el sufrimiento y la muerte. Pero todo esto está muy contrario a la naturaleza. Todos los hombres sienten estos deseos. Si usted está convencido de que es posible vivir contrario a los deseos naturales, primero permítame ver su ejemplo para que yo sepa que en verdad es posible.’…¿Cómo podrá [el maestro] quitar este pretexto de los obstinados, a no ser con su ejemplo? Sólo así podrán sus alumnos ver con sus propios ojos que lo que enseña es en verdad posible. Es por eso mismo que nadie vive de acuerdo con las enseñanzas de los filósofos. Los hombres prefieren el ejemplo a solo palabras, porque fácil es hablar—pero difícil actuar. (Lactancio 304-313 d.C.)

 
 

Cultura


Porque los cristianos no se distinguen del resto de la humanidad ni en la localidad, ni en el habla, ni en las costumbres. Porque no residen en alguna parte en ciudades suyas propias, ni usan una lengua distinta, ni practican alguna clase de vida extraordinaria. .. Pero si bien residen en ciudades de griegos y bárbaros, según ha dispuesto la suerte de cada uno, y siguen las costumbres nativas en cuanto a alimento, vestido y otros arreglos de la vida… (Diogneto 125-200)  

Nuestra lucha está contra las instituciones de nuestros antepasados, contra la autoridad de las tradiciones, contra leyes humanas, contra los razonamientos de los sabios de este mundo, contra la antigüedad, y contra las costumbres que teníamos… (Tertuliano 197 d.C.)  

Cuando ustedes nos acusan de haber dejado las costumbres instituidas por nuestros antepasados, deben considerar una y otra vez, si esta acusación no se aplica a ustedes también. (Tertuliano 198 d.C.)  

¿Qué prefieren seguir, la antigüedad o la razón? Si prefieren seguir la razón tienen que abandonar las tradiciones instituidas y la autoridad de nuestros antepasados. Porque no hay nada correcto que la razón no apruebe. (Lactancio 304-313 d.C.)  

(Como vivían las mujeres paganas) Cuando tú estás en la casa,… tu cabello está con el peluquero. Te quitas los dientes cada noche, y los guardas en un centenar de estuches para cosméticos. ¡Ni siquiera tu cara duerme contigo! Y luego guiñas con el ojo a los hombres por debajo de una ceja que sacaste de la gaveta por la mañana… (Comentario de un romano pagano de su propia cultura)  

Un romano pagano dijo: Nosotros reinamos sobre el mundo, pero nuestras mujeres reinan sobre nosotros… (Comentario de un romano pagano de su propia cultura)


Salud


Les ruego tengan extrema solicitud de las viudas, de los enfermos y de todos los necesitados. Pero aun para los forasteros, si fueren necesitados, tomen socorros de mi peculio que dejé en poder de Rogaciano, nuestro co presbítero… Pero como veo que no hay ocasión de reunirme con ustedes, y ya ha empezado el verano, en el que suelen atacar las enfermedades graves y frecuentes, considero que se ha de ayudar a los hermanos. Así que los que recibieron billetes de recomendación de los mártires y pueden ser ayudados por su intercesión ante Dios, si se vieren en trance de peligro o de enfermedad, sin esperar mi presencia, pueden cumplir su arrepentimiento de su delito ante cualquier presbítero presente, o, si no se encontrare un presbítero y urgiera el peligro de muerte, ante un diácono también, a fin de que, impuesta la mano como signo de reconciliación, vayan al Señor con la paz que nos solicitaron los mártires se les concediera en sus cartas… (Cipriano 250 d.C.)  

Les molesta a algunos que el poder de la enfermedad nos ataque a nosotros de la misma manera que ataca a los paganos. [Es] como si el cristiano creyera en disfrutar de los placeres de este mundo y escapar de las enfermedades, en lugar de soportar las adversidades aquí y esperar los goces venideros. Mientras permanezcamos sobre la tierra, pasaremos por las mismas tribulaciones que los demás de la raza humana, aunque vivamos separados de ellos en espíritu… Así como cuando la tierra se hace estéril y no hay cosecha, el hambre no hace acepción de personas. Cuando un ejército enemigo captura una ciudad, todos son llevados cautivos sin distinción. Cuando las bellas nubes no dan su agua, la sequía afecta a todos por parejo… Padecemos de enfermedades de los ojos, de fiebre, y de debilidad del cuerpo, en la misma manera que los demás… (Cipriano 250 d.C.)
 
 
 

Prosperidad y pobreza


Les había sido concedida toda gloria y prosperidad, y así se cumplió lo que está escrito: Mi amado comió y bebió y prosperó y se llenó de gordura y empezó a dar coces. Por ahí entraron los celos y la envidia, la discordia y las divisiones, la persecución y el tumulto, la guerra y la cautividad. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

No permitas tampoco que esto turbe tu mente, al ver que los impíos poseen riquezas, y los siervos de Dios sufren. Tengamos fe, hermanos y hermanas. Estamos militando en las filas de un Dios vivo; y recibimos entrenamiento en la vida presente, para que podamos ser coronados en la futura. Ningún justo ha recogido el fruto rápidamente, sino que ha esperado que le llegue. Porque si Dios hubiera dado la recompensa de los justos inmediatamente, entonces nuestro entrenamiento habría sido un pago constante y sonante, no un entrenamiento en la piedad; porque no habríamos sido justos yendo en pos de lo que es piadoso, sino de las ganancias. Y por esta causa el juicio divino alcanza al espíritu que no es justo, y lo llena de cadenas. (Segunda Clemente 150 d.C.)  

Pero el amor al dinero es el comienzo de todos los males. Sabiendo, pues, que no trajimos nada a este mundo ni tampoco nos llevaremos nada de él. (Policarpo 135 d.C.)  

«Pero, ¿quiénes son, señora, las piedras blancas y redondas que no encajaron en el edificio?» Ella me contestó: « ¿Hasta cuándo vas a seguir siendo necio y obtuso, y lo preguntarás todo, y no entenderás nada? Éstos son los que tienen fe, pero también tienen las riquezas de este mundo. Cuando viene la tribulación, niegan a su Señor por razón de sus riquezas y sus negocios.» Y yo contesté y le dije: « ¿Cuándo serán, pues, útiles en el edificio?» Ella me contestó: «Cuando les sean quitadas las riquezas que hacen descarriar sus almas, entonces serán útiles a Dios. Porque tal como la piedra redonda, a menos que sea cortada y pierda alguna parte de sí misma, no puede ser cuadrada, del mismo modo los que son ricos en este mundo, a menos que sus riquezas les sean quitadas, no pueden ser útiles al Señor. Aprende primero de ti mismo. Cuando tenías riquezas no eras útil; pero ahora eres útil y provechoso para vida. Sé útil a Dios, porque tú mismo también eres sacado de las mismas piedras. (Hermas 150 d.C.)  

Miren, pues, los que se alegran en su riqueza, que los que están en necesidad no giman, y su gemido se eleve al Señor, y ustedes con su [abundancia de] cosas buenas hallen cerrada la puerta de la torre. (Hermas 150 d.C.)  

«Los que nunca han investigado respecto a la verdad, ni inquirido respecto a la divinidad, sino meramente creído, y se han mezclado en negocios y riquezas y amigos paganos y muchas otras cosas de este mundo; cuantos, digo, se dedican a estas cosas, no comprenden las parábolas de la deidad; porque han sido entenebrecidos por sus acciones, y se han corrompido y hecho infructuosos. (Hermas 150 d.C.)  

«Escucha», contestó; «el rico tiene mucha riqueza pero en las cosas del Señor es pobre, pues las riquezas le distraen y su confesión e intercesión al Señor es muy escasa; y aun cuando da, es poco y débil, y no tiene poder de arriba. Así pues, cuando el rico va al pobre y le ayuda en sus necesidades, creyendo que por lo que hace al pobre recibirá recompensa de Dios —porque el pobre es rico en intercesión [y confesión], y su intercesión tiene gran poder con Dios, el rico, pues, suple todas las cosas al pobre sin titubear. Pero el pobre, siendo provisto por el rico, hace intercesión por él, dando gracias a Dios por el (rico) que le ha dado a él. Y el otro es todavía más celoso de ayudar al pobre, para que pueda seguir viviendo; porque sabe que la intercesión del pobre es aceptable y rica delante de Dios. Los dos, pues, cumplen su obra; el pobre haciendo intercesión, en que es rico [y que él recibe del Señor]; y la devuelve, otra vez, al Señor que se la proporciona. El rico, también, de igual manera provee al pobre, sin vacilar, las riquezas que ha recibido del Señor. Y esta obra es grande y aceptable a Dios, porque (el rico) entiende (el objeto) de sus riquezas, y provee para el pobre de los tesoros del Señor, y realiza el servicio del Señor rectamente. (Hermas 150 d.C.)  

…éstos son los que han sido creyentes, pero se hicieron ricos y tuvieron renombre entre los gentiles. Se revistieron de gran orgullo y se volvieron arrogantes, y abandonaron la verdad y no se juntaron con los justos, sino que vivieron del todo a la manera de los gentiles, y su camino les pareció más placentero a ellos… (Hermas 150 d.C.)  

Y de la tercera montaña, la que tiene espinos y zarzas, los que han creído son así: algunos de ellos son ricos, y otros están enzarzados en muchos asuntos de negocios. Las zarzas son los ricos, y los espinos son los que están mezclados en varios asuntos de negocios. Estos [pues, que están mezclados en muchos y varios asuntos de negocios] no se juntan con los siervos de Dios, sino que se descarrían, siendo ahogados por sus asuntos; por su parte, los ricos no están dispuestos a unirse a los siervos de Dios, no sea que se les pueda pedir algo. Estos hombres, pues, difícilmente entrarán en el reino de Dios. Porque tal como es difícil andar entre espinos con los pies descalzos, también es difícil que estos hombres entren en el reino de Dios. (Hermas 150 d.C.)  

Porque la felicidad no consiste en enseñorearse del prójimo, ni en desear tener más que el débil, ni en poseer riqueza y usar fuerza sobre los inferiores; ni puede nadie imitar a Dios haciendo estas cosas; sí, estas cosas se hallan fuera de su majestad. (Diogneto 125-200)  

(Escrito por un crítico pagano del cristianismo) Porque este mismo Dios, según decís, había en otro tiempo prometido las mismas cosas y aún más extraordinarias a sus fieles. Ahora ven qué servicios prestó a los judíos y a ustedes mismos. Aquellos, en vez del Imperio del mundo, ni siquiera tienen un hogar ni terruño propio. Y, en cuanto a ustedes, si hay aún cristianos errantes y escondidos, procuran aplicarles la pena capital. (Celso 178 d.C.)  

Lo que (Cristo) quiere es que desterremos de nuestra alma la primacía de las riquezas, la desenfrenada codicia y fiebre de ellas, las solicitudes, las espinas de la vida, que ahogan la semilla de la verdadera Vida… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

…de no tener nadie nada, ¿qué comunión de bienes podría darse entre los hombres? ¿Cómo dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al desamparado—cosas por las que, de no hacerse, amenaza el Señor con el fuego eterno y las tinieblas exteriores—, si cada uno empezara por carecer de todo eso? De suerte que lo que hay que destruir no son las riquezas, sino las desordenadas pasiones del alma que no permiten hacer mejor uso de ellas. De este modo, convertido el hombre en bueno y noble, puede hacer de las riquezas uso bueno y generoso… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Yo no deseo ser un rey. No anhelo ser rico. Rechazo toda posición militar. Detesto la fornicación. No soy llevado por un amor insaciable de ganancias [financieras] para hacerme a la mar. No compito por una corona. Estoy libre de una sed excesiva por la fama. Desprecio la muerte. (…) ¡Mueran al mundo, repudiando la locura que hay en él! ¡Vivan para Dios! (Tatiano 160 d.C.)  

(Escrito por un crítico pagano del cristianismo) Una última observación se impone: suponiendo que Jesús, en conformidad con los profetas de Dios y de los Judíos, fuese el hijo de Dios, ¿cómo es que el Dios de los Judíos les ordenó, por medio de Moisés, que procurasen las riquezas y el poder, que se multiplicasen hasta llenar la tierra, que masacrasen a sus enemigos sin perdonar siquiera a los niños y exterminar coda la raza, lo que él mismo hace ante sus propios ojos, tal como cuenta Moisés? ¿Por qué los amenaza él, si desobedecieron sus mandamientos, de tratarlos como enemigos declarados, mientras que el Hijo, el Nazareno, formula preceptos completamente opuestos: el rico no tendrá acceso hasta el Padre, ni el que ambiciona el poder, ni el que ama la sabiduría y la gloria; no nos debemos inquietar con las necesidades de subsistencia más que los cuervos; es necesario preocuparnos menos de la vestimenta que los lirios; si os diesen una bofetada es preciso aprestarse a recibir una segunda? ¿Quién miente entonces: Moisés o Jesús? ¿Será que el Padre, cuando envió al Hijo, se olvidó de lo que le había dicho a Moisés? ¿Habrá cambiado de opinión, renegado de sus propias leyes y encargado a su heraldo el promulgar otras completamente contrarias? (Celso 178 d.C.)  

Es monstruosidad que una persona viva en lujo, mientras otras viven en necesidad… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

No tenemos nación alguna en la tierra. Por tanto, podemos desdeñar las posesiones terrenales. (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

…la riqueza puede, sin la ayuda de nada, corromper al alma de aquellos que la poseen y extraviarlos del camino de la salvación.” El describió la riqueza como “un peso de que debemos despojarnos, el cual debemos echar de nosotros como una enfermedad peligrosa y fatal… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Si alguien se encuentra excitado por la pérdida de los bienes de fortuna, le aconsejamos con múltiples lugares de la sagrada Escritura a despreciar el siglo. No puede encontrarse mejor exhortación al desprendimiento de las riquezas que el ejemplo de Jesucristo, que no poseyó ningún bien temporal. Siempre defendió a los pobres y condenó a los ricos. Inspirándonos el despego de los bienes de este mundo, nos exhorta a la paciencia, demostrándonos que si despreciamos las riquezas no debe apurarnos que las perdamos. De ninguna manera hemos de apetecerlas, pues el Señor no estuvo apegado a ellas, y si disminuyen o llegamos a perderlas totalmente, hemos de soportarlo con paz... (Tertuliano 197 d.C.) 

A lo menos aprendan de su situación actual, gente miserable, que es lo que en verdad les espera después de la muerte. Muchos de ustedes (los que son cristianos)… en verdad, según ustedes mismos dicen, la mayoría de ustedes… están en necesidad, soportando frío y hambre, y trabajando en trabajos agotadores. Pero su dios lo permite. O él no quiere ayudar a su pueblo, o él no puede ayudarlos. Por tanto, o él es dios débil, o es injusto… ¡Fíjense! Para ustedes no hay sino amenazas, castigos, torturas, y cruces… ¿Dónde está su dios que los promete ayudar después de resucitar de entre los muertos? Él ni siquiera los ayuda ahora y aquí. Y los romanos, sin la ayuda del dios de ustedes, ¿no gobiernan todo el mundo, incluso a ustedes también, y no disfrutan los bienes de todo el mundo? “Mientras tanto, ustedes viven en incertidumbre y ansiedades, absteniéndose aun de los placeres decentes… (Marcus Félix 200 d.C.)  

Un amor ciego a las posesiones ha engañado a muchos. ¿Cómo podrán los ricos estar preparados, o dispuestos, a partir de esta tierra [en la persecución] cuando sus riquezas los encadenan aquí? . . . Por eso, el Señor, el Maestro de lo bueno, les advierte de antemano, diciendo: ‘Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme’ [Mateo 19:21]. El que no tuviera nada en este mundo no sería vencido por el mundo. Seguiría al Señor, sin cadenas, libre, como hicieron los apóstoles... Pero ¿cómo podrán seguir a Cristo cuando la cadena de la riqueza los estorba? … Ellos creen que poseen, pero en realidad son ellos una posesión. No son los señores de su riqueza, sino los esclavos de ella… (Cipriano 250 d.C.) 

Satanás, habiendo inventado las religiones falsas, vuelve a los hombres del camino al cielo y los guía en el de la destrucción. Este camino parece plano y espacioso, lleno de los deleites de las flores y los frutos. Satanás coloca todas estas cosas en el camino, las cosas estimadas como buenas en este mundo: la riqueza, la honra, la diversión, el placer, y todas las demás seducciones. Pero escondidos entre estas cosas vemos también la injusticia, la crueldad, el orgullo, la lascivia, las contenciones, la ignorancia, las mentiras, la necedad y otros vicios. El fin de este camino es lo siguiente: Cuando hayan avanzado tanto que no pueden volver, el camino se desaparece junto con todos sus deleites. Esto sucede sin advertencia de manera que nadie puede prever el engaño del camino antes de caer en el abismo... “Por contraste, el camino al cielo parece muy dificultoso y montañoso, lleno de espinos y cubierto de piedras dentadas. Por eso, todos los que andan en él tienen que usar mucho cuidado para guardarse de no caer. En este camino Dios ha colocado la justicia, la abnegación, la paciencia, la fe, la pureza, el dominio propio, la paz, el conocimiento, la verdad, la sabiduría, y otras virtudes más. Pero estas virtudes van acompañadas de la pobreza, la humildad, los trabajos, los sufrimientos y muchas penas y pruebas. Porque el que tiene una esperanza para el porvenir, el que ha escogido las cosas mejores, será privado de los bienes terrenales. Por llevar él poco equipo y estar libre de las distracciones, él puede vencer las dificultades en el camino. Porque es imposible que el rico encuentre este camino, o que persevere en él, ya que se ha rodeado de las ostentaciones reales, o se ha cargado de las riquezas. (Lactancio 304-313 d.C.)

(Aquí Cipriano describe el materialismo que empezó a contaminar la iglesia en el año 250) Cada uno se preocupaba de aumentar su hacienda, y olvidándose de su fe y de lo que antes se solía practicar en tiempo de los apóstoles y que siempre deberían seguir practicando, se entregaban con codicia insaciable y abrasadora a aumentar sus posesiones… Muchos obispos, que debían ser ejemplo y exhortación para los demás, se olvidaban de su divino ministerio, y se hacían ministros de los poderosos del siglo: abandonaban su sede. Dejaban destituido a su pueblo, recorriendo las provincias extranjeras siguiendo los mercados en busca de negocios lucrativos, con ansia de poseer abundancia de dinero mientras los hermanos de sus iglesias padecían hambre; se apoderaban de haciendas con fraudes y ardides, y aumentaban sus intereses con crecida usura... Nosotros, al olvidarnos de la ley que se nos había dado, hemos dado con nuestros pecados motivo para lo que ocurre: ya que hemos despreciado los mandamientos de Dios, somos llamados con remedios severos a que nos enmendemos de nuestros delitos y demos muestra de nuestra fe… (Cipriano 250 d.C.)


Trabajo


Si el que viniere a ustedes, fuere un pobre viajero, socórranlo cuanto puedan; pero no debe quedarse en su casa más de dos o tres días. Si quisiere permanecer entre ustedes como artista, que trabaje para comer; si no tuviese oficio ninguno, procuren según su prudencia a que no quede entre ustedes ningún cristiano ocioso. Si no quisiere hacer esto, es un negociante del cristianismo, del cual se alejarán. (Didaché 80-140 d.C.)  

Tampoco comerás el águila, ni el gavilán, ni el milano, ni el cuervo. No te juntarás—dice—ni te asemejarás a hombres tales, que no saben procurarse el alimento por medio del trabajo y del sudor, sino que arrebatan en su iniquidad lo ajeno, y acechan como si anduvieran en sencillez, y miran por todas partes a quién despojar por medio de su avaricia, al modo que estas aves son las únicas que no se procuran a sí mismas su alimento, sino que, posadas ociosamente, buscan la manera de devorar las carnes ajenas, siendo perniciosas por su maldad. (Bernabé 150 d.C.)  

Te acordarás, de noche y día, del día del juicio, y buscarás cada día las personas de los santos. Ya en el ministerio de la palabra, y caminando para consolar y meditando para salvar un alma por la palabra, ya ocupado en oficio manual, trabajarás para rescate de tus pecados. (Bernabé 150 d.C.)  

Trabajen juntos los unos con los otros, luchen juntos, corran juntos, sufran juntos, reposen juntos, levántense juntos, como mayordomos y asesores y ministros de Dios. Agraden al Capitán en cuyo ejército sirven, del cual también han de recibir la premio… (Ignacio 50-100 d.C.)  

Haz lo que es bueno, y de todas tus labores, que Dios te da, da a todos los que están en necesidad generosamente, sin hacer preguntas sobre a quién has de dar y a quién no has de dar. (Hermas 150 d.C.)  

El gasto del pagano, pues, no lo practiques; porque no es conveniente para los siervos de Dios. Si no trabajas en tu propio oficio en el cual puedes gozarte; y no corrompas, ni toques lo que es de otro, ni lo desees; porque es malo desear las posesiones de otro. Pero ejecuta tu propio trabajo y serás salvo.» (Hermas 150 d.C.)  

Pero hay que evitar el exceso de los negocios, y nunca caerás en pecado alguno. Porque los que están ocupados en exceso (de negocios), pecan mucho también, siendo distraídos de sus ocupaciones, y en modo alguno sirven a su propio Señor. (Hermas 150 d.C.) 

Pero los que entregaron sus varas medio verdes y medio secas, estos son los que están mezclados en negocios y no se unen a los santos. Por lo tanto, la mitad de ellos vive, pero la otra mitad está muerta. (Hermas 150 d.C.)  

…Estos [pues, que están mezclados en muchos y varios asuntos de negocios] no se juntan con los siervos de Dios, sino que se descarrían, siendo ahogados por sus negocios; por su parte, los ricos no están dispuestos a unirse a los siervos de Dios, no sea que se les pueda pedir algo. Estos hombres, pues, difícilmente entrarán en el reino de Dios. Porque tal como es difícil andar entre espinos con los pies descalzos, también es difícil que estos hombres entren en el reino de Dios. (Hermas 150 d.C.)  

Entre nosotros fácilmente podréis encontrar gentes sencillas, y artesanos, que si de palabra no son capaces de mostrar con razones la utilidad de su religión, muestran con las obras que han hecho una elección buena... (Atenágoras 177 d.C.)  

A lo menos aprendan de su situación actual, gente miserable, que es lo que en verdad les espera después de la muerte. Muchos de ustedes (Los que son cristianos)…en verdad, según ustedes mismos dicen, la mayoría de ustedes… están en necesidad, soportando frío y hambre, y trabajando en trabajos agotadores. Pero su dios lo permite… (Marcus Félix 200 d.C.)
 

Oración


No hagan tampoco oración como los hipócritas, sino como el Señor lo ha mandado en su Evangelio. Ustedes orarán así: «Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan cotidiano; perdónanos nuestra deuda como nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos induzcas en tentación, sino líbranos del mal, porque tuyo es el poder y la gloria por todos los siglos.» Oren así tres veces al día. (Didaché 80-140 d.C.)  

Hagan sus oraciones, sus limosnas y todo cuanto hicieren, según los preceptos dados en el Evangelio de nuestro Señor. (Didaché 80-140 d.C.)  

Confesarás tus pecados. No te acercarás a la oración con conciencia mala. (Bernabé 150 d.C.)  

El dar limosna es, pues, una cosa buena, como el arrepentirse del pecado. El ayuno es mejor que la oración, pero el dar limosna mejor que estos dos. Y el amor cubrirá multitud de pecados, pero la oración hecha en buena conciencia libra de la muerte. Bienaventurado el hombre que tenga abundancia de ellas. Porque el dar limosna quita la carga del pecado. (Segunda Clemente 150 d.C.)  

Y orad sin cesar por el resto de la humanidad (los que tienen en sí esperanza de arrepentimiento) para que puedan hallar a Dios. Por tanto, dejen que tomen lecciones por lo menos de vuestras obras. (Ignacio 50-100 d.C.) 

…volvamos a la palabra que nos ha sido entregada desde el principio, siendo sobrios en la oración y constantes en los ayunos, rogando al Dios omnisciente, con suplicaciones, que no nos deje caer en la tentación, según dijo el Señor: El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (Policarpo 135 d.C.)  

Oren también por los reyes y potentados y príncipes, y por los que os persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz, que vuestro fruto pueda ser manifiesto entre todos los hombres, para que puedan ser perfeccionados en Él. (Policarpo 135 d.C.) 

Ahora bien, el glorioso Policarpo… quedó con unos pocos compañeros, no haciendo otra cosa noche y día que orar por todos los hombres y por las iglesias por todo el mundo; porque ésta era su costumbre constante. Y mientras estaba orando tuvo una visión tres días antes de su captura; y vio que su almohada estaba ardiendo. Y se volvió y dijo a los que estaban con él: «Es necesario que sea quemado vivo.» (Martirio de Policarpo 155 d.C.)  

Y Policarpo les persuadió a concederle una hora para que pudiera orar sin ser molestado; y cuando ellos consintieron, él se levantó y oró, estando tan lleno de la gracia de Dios, que durante dos horas no pudo callar, y todos los que le oían estaban asombrados, y muchos se arrepentían de haber acudido contra un anciano tan venerable. (Martirio de Policarpo 155 d.C.)  

Pero el Señor es abundante en compasión, y da a los que le piden sin cesar. (Hermas 150 d.C.)  

Nuestras oraciones derrotan a todos los demonios que provocan la guerra. Esos demonios también hacen que las personas violen sus juramentos y alteren la paz. Así pues, de esta manera, nosotros somos mucho más útiles a los reyes que aquellos que van al campo de batalla para pelear por ellos. Y también tomamos parte en los asuntos públicos cuando sumamos los ejercicios de abnegación a nuestras oraciones y meditaciones justas, las cuales nos enseñan a despreciar los placeres y a no dejarnos llevar por ellos. De manera que nadie lucha mejor por el rey que nosotros. En realidad, nosotros no peleamos bajo su mando, aun si nos lo exigiera. Sin embargo, peleamos a su favor, formando un ejército especial, un ejército de santidad, por medio de nuestras oraciones a Dios. Y si él deseara que “dirigiéramos ejércitos en defensa de nuestro país”, sepa que también hacemos esto. Y no lo hacemos con el objetivo de ser vistos por los hombres o por vanagloria. Ya que en secreto, y en nuestros corazones, nuestras oraciones ascienden a favor de nuestro prójimo, como si fuéramos sacerdotes. De manera que los cristianos son benefactores de su país más que las demás personas. (Orígenes 225 d.C.)  

Pero también antes la oración imponía plagas, dispersaba ejércitos enemigos, impedía la utilidad de las lluvias. Ahora, en cambio, la oración aleja toda la ira de la justicia de Dios, está alerta por los enemigos, suplica por los peregrinos… Ella misma disminuye los delitos, repele las tentaciones, extingue las persecuciones, consuela a los pusilánimes, deleita a los magnánimos, conduce a los peregrinos, mitiga las agitaciones, obstaculiza a los ladrones, alimenta a los pobres, gobierna a los ricos, levanta a los caídos, apoya a los que se están cayendo, sostiene a los que están en pie… La oración es el muro de la fe, nuestras armas y nuestras lanzas contra el enemigo que nos observa por todas partes. Por tanto, nunca caminemos inermes… (Tertuliano 197 d.C.)