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miércoles, 22 de abril de 2015

La mujer en la iglesia


Guiemos a nuestras mujeres hacia lo que es bueno: que manifiesten la moderación de su lengua por medio del silencio… (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

No es permitido que una mujer hable en la iglesia, ni tampoco enseñe, bautice o cumpla algún papel del hombre como el de dirigir. (Tertuliano 197 d.C.)  

Como podemos creer que el que ni permite a la mujer aprender con demasiada autoridad, va a permitir a una mujer enseñar o bautizar! El dice: “que guarden silencio y pregunten a sus esposos en casa”. (Tertuliano 197 d.C.)  

La mujer debe guardar silencio en la Iglesia. En la primera carta de Pablo a los Corintios dijo; Sus mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación. Y también a Timoteo: La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. (Cipriano 250 d.C.)

 

Viudas y huérfanos


Que ninguno les engañe… Pero observen bien a los que sostienen doctrina extraña respecto a la gracia de Jesucristo que vino a ustedes, que éstos son contrarios a la mente de Dios. No les importa el amor, ni la viuda, ni el huérfano, ni el afligido, ni el preso, ni el hambriento o el sediento. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Saludo a las casas de mis hermanos con sus esposas e hijos, y a las vírgenes que son llamadas viudas. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Que no se descuide a las viudas. Después del Señor sé tú su protector. (Ignacio 50-100 d.C.)  

(Los cristianos) Se contienen de toda unión ilegítima y de toda impureza... No desprecian a la viuda, no contristan al huérfano; el que tiene, le suministra abundantemente al que no tiene. Si ven a un forastero, le acogen bajo su techo y se alegran con él como con un verdadero hermano. Porque no se llaman hermanos según la carne, sino según el alma... (Arístides 125 d.C.)  

Nuestras viudas deben ser sobrias en lo que se refiere a la fe del Señor, haciendo intercesión sin cesar por todos los hombres, absteniéndose de toda calumnia, de hablar con malicia, dar falso testimonio, amar el dinero y toda cosa mala, sabiendo que son el altar de Dios… (Policarpo 135 d.C.)  

Y los presbíteros también deben ser compasivos, misericordiosos hacia los hombres, haciendo volver a las ovejas que se han extraviado, visitando a todos los enfermos, sin descuidar una viuda o un huérfano. (Policarpo 135 d.C.)  

Oye ahora las otras obras que se sigue de ellas: ministrar a las viudas, visitar a los huérfanos y necesitados, rescatar a los siervos de Dios en sus aflicciones, ser hospitalario (porque en la hospitalidad se ejerce la benevolencia una y otra vez…) (Hermas 150 d.C.)  

Por tanto, en vez de campos, compra almas que estén en tribulación, como puede cada cual, y visita a las viudas y los huérfanos, y no lo descuides; y gasta tus riquezas y todos tus recursos, que has recibido de Dios, en campos y casas de esta clase. Porque para este fin les ha enriquecido el Señor, para que puedan ejecutar estos servicios suyos. (Hermas 150 d.C.)  

Los que tienen las manchas son diáconos que ejercieron mal su oficio, y saquearon la sustancia de viudas y huérfanos, e hicieron ganancia para sí con las administraciones que habían recibido para ejecutar. Estos, pues, si permanecen en el mismo mal deseo, son muertos y no hay esperanza de vida para ellos… (Hermas 150 d.C.)  

Y de la décima montaña, en que había árboles que cobijaban a ciertas ovejas, los que creyeron son así: obispos, personas hospitalarias, que reciben alegremente en sus casas en todo tiempo a los siervos de Dios sin hipocresía. [Estos obispos] en todo tiempo sin cesar dieron albergue a los necesitados y a las viudas en sus administraciones, y se condujeron con pureza en todo momento. A [todos] éstos, pues, les dará asilo el Señor para siempre. Los que han hecho estas cosas, por consiguiente, son gloriosos a la vista de Dios, y su lugar es ahora con los ángeles si siguen hasta el fin sirviendo al Señor. (Hermas 150 d.C.)  

El día que se llama del sol [el domingo], se celebra una reunión de todos los que viven en las ciudades o en los campos, y se leen los recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas, mientras hay tiempo… Los que tienen y quieren, dan libremente lo que les parece bien; lo que se recoge se entrega al que hace cabeza para que socorra con ello a huérfanos y viudas, a los que están necesitados por enfermedad u otra causa, a los encarcelados, a los forasteros que están de paso: en resumen, se le constituye en proveedor para quien se halle en la necesidad. Celebramos esta reunión general el día domingo… (Justino Mártir 160 d.C.)  

Les ruego tengan extrema solicitud de las viudas, de los enfermos y de todos los necesitados. Pero aun para los forasteros, si fueren necesitados, tomen socorros de mi peculio que dejé en poder de Rogaciano, nuestro co presbítero… (Cipriano 250 d.C.) 

 

Himnos


Por tanto, en su amor concorde y armonioso se canta a Jesucristo. Y ustedes, cada uno, forman un coro, para que estando en armonía y concordes, y tomando la nota clave de Dios, podáis cantar al unísono con una sola voz por medio de Jesucristo al Padre, para que Él pueda oírlos y, reconocer por sus buenas obras que son miembros de su Hijo. (Ignacio 50-100 d.C.)  

OH, TIERNO Y BUEN PASTOR 
Oh, tierno y buen pastor que guías con amor la juventud;
Oh, soberano Rey, haz que con plena fe cumplamos bien tu ley, con gratitud.
Santo eres tú Señor, poder transformado, nuestro sostén.
Cumpliste tu misión de nuestra redención; sufriste humillación por nuestro bien.
Oh sumo mediator, a todo cruel dolor alivio das;
Que en duda y aflicción al débil corazón brindas consolación y dulce paz.
Se nuestro buen pastor, constante inspirador de nuestra acción.
Hijo del santo Dios, que al ir de ti en pos sea tu grata voz, la dirección. (Clemente de Alejandría 195 d.C.) 

¿Cómo podré expresar la felicidad de aquel matrimonio que ha sido contraído ante la Iglesia…? Unidos en la Iglesia de Dios… El canto de los salmos y de los himnos resuena a dos voces, y los dos entablan una competencia para cantar mejor a su Dios. Al ver y oír esto, Cristo se llena de gozo y envía sobre ellos su paz. (Tertuliano 197 d.C.)

Día del Señor


Miren cómo dice: No me son aceptables sus sábados de ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo descansar todas las cosas, haré el principio de un día octavo, es decir, el principio de otro mundo. Por eso justamente nosotros celebramos también el día octavo (El Domingo) con regocijo, por ser día en que Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos. (Bernabé 150 d.C.)

Así pues, si los que habían andado en prácticas antiguas alcanzaron una nueva esperanza, sin observar ya los sábados, sino moldeando sus vidas según el día del Señor, en el cual nuestra vida ha brotado por medio de Él. (Ignacio 50-100 d.C.)  

El día que se llama del sol [el domingo], se celebra una reunión de todos los que viven en las ciudades o en los campos… Celebramos esta reunión general el domingo, por ser el primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo; y también porque es el día en que Jesucristo, Nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos; pues hay que saber que le entregaron en el día anterior al de Saturno [sábado], y en el siguiente—que es el día domingo—, apareciéndose a sus Apóstoles y discípulos, nos enseñó esta misma doctrina que exponemos a vuestro examen. (Justino Mártir 160 d.C.)  

Consideramos como prohibido ayunar o hacer oración de rodillas en domingo, y el mismo privilegio disfrutamos desde el día de Pascua al de Pentecostés… (Tertuliano 197 d.C.)
 
 
 

La santa cena


I. El Significado de la santa cena o eucaristía 

El pan, es la medicina de la inmortalidad y el antídoto para que no tengamos que morir, sino vivir para siempre en Jesucristo. (Ignacio 50-100 d.C.)  

No tengo deleite en el alimento de la corrupción o en los deleites de esta vida. Deseo el pan de Dios, que es la carne de Cristo, que era del linaje de David; y por bebida deseo su sangre, que es amor incorruptible. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Sean cuidadosos, pues, observando una eucaristía (porque hay una carne de nuestro Señor Jesucristo y una copa en unión en su sangre; hay un altar, y hay un obispo, junto con el presbiterio y los diáconos mis consiervos), para que todo lo que hagan sea según Dios. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Que ninguno les engañe… Pero observen bien a los que sostienen doctrina extraña respecto a la gracia de Jesucristo que vino a ustedes, que éstos son contrarios a la mente de Dios…. Se abstienen de la eucaristía (acción de gracias) y de la oración, porque ellos no admiten que la eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, cuya carne sufrió por nuestros pecados, y a quien el Padre resucitó por su bondad. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Ya entonces, anticipadamente, habla de los sacrificios que nosotros, las naciones, le ofrecemos en todo lugar, es decir, del pan de la Eucaristía y lo mismo del cáliz de la Eucaristía, a par que dice que nosotros glorificamos su nombre y ustedes lo profanáis. (Justino Mártir 160 d.C.)  

Cristo, tomó el pan creatural y, dando gracias, dijo: «Esto es mi cuerpo» (Mateo 26:26). Y del mismo modo, el cáliz, también tomado de entre las creaturas como nosotros, confesó ser su sangre, y enseñó que era la oblación del Nuevo Testamento. La Iglesia, recibiéndolo de los Apóstoles, en todo el mundo ofrece a Dios, que nos da el alimento, las primicias de sus dones en el Nuevo Testamento. (Ireneo 180 d.C.)  

¿Cómo dicen (los herejes) que se corrompe y no puede participar de la vida, la carne alimentada con el cuerpo y la sangre del Señor? Cambien, pues, de parecer, o dejen de ofrecer estas cosas. Por el contrario, para nosotros concuerdan lo que creemos y la Eucaristía y, a su vez, la Eucaristía da solidez a lo que creemos. Le ofrecemos lo que le pertenece, y proclamamos de manera concorde la unión y comunidad entre la carne y el espíritu. Porque, así como el pan que brota de la tierra, una vez que se pronuncia sobre él la invocación de Dios, ya no es pan común, sino que es la Eucaristía compuesta de dos elementos, terreno y celestial, de modo semejante también nuestros cuerpos, al participar de la Eucaristía, ya no son corruptibles, sino que tienen la esperanza de resucitar para siempre. (Ireneo 180 d.C.)  

Están enteramente locos quienes rechazan toda la Economía de Dios, al negar la salvación de la carne y despreciar su nuevo nacimiento, pues dicen que ella no es capaz de ser incorruptible. Pues si ésta no se salva, entonces ni el Señor nos redimió con su sangre, ni el cáliz de la Eucaristía es comunión con su sangre, ni el pan que partimos es comunión con su cuerpo (1 Corintios 10:16). Porque la sangre no puede provenir sino de las venas y de la carne, y de todo lo que forma la substancia del hombre, por la cual, habiéndola asumido verdaderamente el Verbo de Dios, nos redimió con su sangre. Como dice el Apóstol: «En él tenemos la redención por su sangre y la remisión de los pecados»… Pues él mismo confesó que el cáliz, que es una creatura, es su sangre, con el cual hace crecer nuestra sangre; y el pan, que es también una creatura, declaró que es su propio cuerpo, con el cual hace crecer nuestros cuerpos. En consecuencia, si el cáliz mezclado y el pan fabricado reciben la palabra de Dios para convertirse en Eucaristía de la sangre y el cuerpo de Cristo, y por medio de éstos crece y se desarrolla la carne de nuestro ser, ¿cómo pueden ellos negar que la carne sea capaz de recibir el don de Dios que es la vida eterna, ya que se ha nutrido con la sangre y el cuerpo de Cristo, y se ha convertido en miembro suyo? (Ireneo 180 d.C.)  

Luego, por la sabiduría divina, se hace útil a los hombres, y recibiendo la Palabra de Dios, se convierte en Eucaristía, que es el cuerpo y la sangre de Cristo. De modo semejante también nuestros cuerpos, alimentados con ella y sepultados en la tierra, se pudren en ésta para resucitar en el tiempo oportuno: es el Verbo de Dios quien les concede la resurrección, para la gloria de Dios Padre (Filipenses 2:11). Este es quien transforma lo mortal en inmortal, y a lo corruptible concede gratuitamente hacerse incorruptible (1 Corintios 15:53), pues el poder de Dios se manifiesta en la debilidad (2 Corintios 12:9). (Ireneo 180 d.C.)  

… habiendo dado gracias sobre el cáliz y bebido de él, lo dio a sus discípulos diciendo: «Beban todos de él: éste es mi cáliz de la Nueva Alianza, que será derramado por (los) muchos para el perdón de los pecados. Les digo que dentro de poco ya no beberé del producto de la vid, hasta el día en que lo beba de nuevo con ustedes en el reino de mi Padre» En esta acción reveló a sus discípulos dos cosas: la herencia de la tierra en la que se beberá el vino nuevo, y la resurrección de la carne. Pues la carne que de nuevo resucita es la misma que bebe el cáliz nuevo… (Ireneo 180 d.C.)  

La iglesia es donde va a beber su fe: la fe que sella con el agua, que viste con el Espíritu Santo, que alimenta con la Eucaristía… (Tertuliano 197 d.C.)  

Algunos, por ignorancia o por inadvertencia, al consagrar el cáliz del Señor y al administrarlo al pueblo no hacen lo que hizo y enseñó a hacer Jesucristo Señor y Dios nuestro, autor y maestro de este sacrificio... Al ofrecer el cáliz ha de guardarse la tradición del Señor, ni hemos de hacer nosotros otra cosa más que la que el Señor hizo primeramente por nosotros, a saber, que en el cáliz que se ofrece en su conmemoración se ofrezca una mezcla de agua y vino... No puede creerse que esté en el cáliz la sangre de Cristo, con la cual hemos sido redimidos y vivificados, si no hay en el cáliz el vino por el que se manifiesta la sangre de Cristo... (Cipriano 250 d.C.)  

…vemos que el agua representa al pueblo, mientras que el vino representa la sangre de Cristo. Así pues, cuando en el cáliz se mezclan el agua y el vino, el pueblo se une con Cristo, y la multitud de los creyentes se une y se junta a aquel en quien cree. Esta unión y conjunción de agua y vino en el cáliz del Señor hace una mezcla que ya no puede deshacerse…. Por esto al consagrar el cáliz del Señor no se puede ofrecer ni agua sola ni vino solo: si uno ofrece solo vino, se hará presente la sangre de Cristo sin nosotros; si sólo hay agua, se hará presente el pueblo sin Cristo. En cambio, cuando se mezclan ambas cosas hasta formar un todo sin distinción y perfectamente uno, entonces se consuma el misterio celestial y espiritual... (Cipriano 250 d.C.)  

II. Como fue celebrada  

En lo concerniente a la eucaristía, dad gracias de esta manera. Al tomar la copa, decid: «Te damos gracias, oh Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, que nos ha dado a conocer por Jesús, tu servidor. A ti sea la gloria por los siglos de los siglos.» Y después del partimiento del pan, decid: «¡Padre nuestro! Te damos gracias por la vida y por el conocimiento que nos has revelado por tu siervo, Jesús. ¡A Ti sea la gloria por los siglos de los siglos! De la misma manera que este pan que partimos, estaba esparcido por las altas colinas, y ha sido juntado, te suplicamos, que de todas las extremidades de la tierra, reúnas a ti Iglesia en tu reino, porque te pertenece la gloria y el poder (que ejerces) por Jesucristo, en los siglos de los siglos.» Que nadie coma ni bebe de esta eucaristía, sin haber sido antes bautizado en el nombre del Señor; puesto que el mismo dice sobre el particular: «No deis lo santo a los perros.» Cuando estéis saciados (del ágape), dad gracias de la manera siguiente: «¡Padre santo! Te damos gracias por Tu santo nombre que nos has hecho habitar en nuestros corazones, y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad que nos has revelado por Jesucristo, tu servidor. A ti sea la gloria por los siglos de los siglos. ¡Dueño Todopoderoso! que a causa de Tu nombre has creado todo cuanto existe, y que dejas gozar a los hombres del alimento y la bebida, para que te den gracias por ello. A nosotros, por medio de tu servidor, nos has hecho la gracia de un alimento y de una bebida espiritual y de la vida eterna. Ante todo, te damos gracias por tu poder. A Ti sea la gloria por los siglos de los siglos. ¡Señor! Acuérdate de tu iglesia, para librarla de todo mal y para completarla en tu amor. ¡Reúnela de los cuatro vientos del cielo, porque ha sido santificada para el reino que le has preparado; porque a Ti solo pertenece el poder y la gloria por los siglos de los siglos!» ¡Ya que este mundo pasa, te pedimos que tu gracia venga sobre nosotros! ¡Hosanna al hijo de David! El que sea santificado, que se acerque, sino que haga penitencia. Maranata ¡Amén! Permitan que los profetas den las gracias libremente. (Didaché 80-140 d.C.)  

Cuando se reunieren en el domingo del Señor, partan el pan, y para que el sacrificio sea puro, den gracias después de haber confesado sus pecados. El que de entre ustedes estuviere enemistado con su amigo, que se aleje de la asamblea hasta que se haya reconciliado con él, a fin de no profanar vuestro sacrificio. He aquí las propias palabras del Señor: «En todo tiempo y lugar me traeréis una víctima pura, porque soy el gran Rey, dice el Señor, y entre los pueblos paganos, mi nombre es admirable.» (Didaché 80-140 d.C.)  

Consideren como eucaristía válida la que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él la haya encomendado. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la iglesia universal. No es legítimo, aparte del obispo, ni bautizar ni celebrar una fiesta de amor; pero todo lo que él aprueba, esto es agradable también a Dios; que todo lo que hagan sea seguro y válido. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Terminadas las oraciones, nos damos el ósculo de la paz. Luego, se ofrece pan y un vaso de agua y vino a quien hace cabeza, que los toma, y da alabanza y gloria al Padre del universo, en nombre de su Hijo y por el Espíritu Santo. Después pronuncia una larga acción de gracias por habernos concedido los dones que de Él nos vienen. Y cuando ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo presente aclama diciendo: Amén, que en hebreo quiere decir así sea. Cuando el primero ha dado gracias y todo el pueblo ha aclamado, los que llamamos diáconos dan a cada asistente parte del pan y del vino con agua sobre los que se pronunció la acción de gracias, y también lo llevan a los ausentes.
A este alimento lo llamamos Eucaristía. A nadie le es lícito participar si no cree que nuestras enseñanzas son verdaderas, ha sido lavado en el baño de la remisión de los pecados y la regeneración, y vive conforme a lo que Cristo nos enseñó. Porque no los tomamos como pan o bebida comunes, sino que, así como Jesucristo, Nuestro Salvador, se encarnó por virtud del Verbo de Dios para nuestra salvación, del mismo modo nos han enseñado que esta comida—de la cual se alimentan nuestra carne y nuestra sangre—es la Carne y la Sangre del mismo Jesús encarnado, pues en esos alimentos se ha realizado el prodigio mediante la oración que contiene las palabras del mismo Cristo. Los Apóstoles —en sus comentarios, que se llaman Evangelios— nos transmitieron que así se lo ordenó Jesús cuando, tomó el pan y, dando gracias, dijo: Haced esto en conmemoración mía; esto es mi Cuerpo. Y de la misma manera, tomando el cáliz dio gracias y dijo: ésta es mi Sangre. Y sólo a ellos lo entregó (...) (Justino Mártir 160 d.C.)  

El día que se llama del sol [el domingo], se celebra una reunión de todos… y se leen los recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas… Después nos levantamos todos a una, y elevamos nuestras oraciones. Al terminarlas, se ofrece el pan y el vino con agua como ya dijimos…y el que preside, según sus fuerzas, también eleva sus preces y acciones de gracias, y todo el pueblo exclama: Amén. Entonces viene la distribución y participación de los alimentos consagrados por la acción de gracias y su envío a los ausentes por medio de los diáconos. (Justino Mártir 160 d.C.)  

Por consiguiente, la oblación de la Iglesia que dice el Señor se le ofrece por todo el mundo, es un sacrificio puro y acepto a Dios; no porque El tenga necesidad de nuestro sacrificio, sino porque quien lo ofrece recibe gloria al momento mismo de ofrecerlo, si su oblación es aceptada. Al ofrecer al Rey nuestra oblación le rendimos honor y le mostramos afecto. Esto es lo que el Señor, queriendo que lo hiciésemos con toda simplicidad e inocencia, enseñó a ofrecer diciendo: «Si al presentar tu oblación ante el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu oblación ante el altar, primero ve a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda» (Ireneo 180 d.C.)  

Mas, como la Iglesia lo ofrece con simplicidad, ante Dios este sacrificio se le tiene por puro… Conviene, pues, que ofrezcamos a Dios el sacrificio y que en todo seamos gratos a Dios, con pensamientos puros, con fe sin hipocresía, con esperanza firme, fervientes en el amor, ofreciendo las primicias de sus creaturas. Y sólo la Iglesia ofrece esta oblación pura a Dios, cuando la presenta en acción de gracias por los dones que provienen de la creación… (Ireneo 180 d.C.)  

El sacramento de la eucaristía, instituido por el Señor en el momento de la comida y para todos, lo tomamos nosotros también en las reuniones antes del alba y no lo recibimos de manos de otros fuera de los que presiden… Sufrimos con escrúpulo que se caiga al suelo algo de nuestro cáliz o de nuestro pan. (Tertuliano 197 d.C.)  

Los que acostumbran tomar parte en los divinos misterios saben con cuánto cuidado y reverencia guardan el cuerpo del Señor cuando les es entregado, no sea que alguna pequeña migaja de él pudiera caer al suelo, pudiendo perderse alguna pequeña parte de aquel don santificado. Con razón se sentirían culpables si por su negligencia cayera al suelo cualquier fragmento. Pues bien, si con razón dan muestras de tal cuidado en guardar el cuerpo del Señor, ¿pueden pensar que sería menos culpable cualquier descuido en guardar su palabra que en guardar su cuerpo? (Orígenes 225 d.C.)
 
 

Dones del espíritu


Ahora bien, el glorioso Policarpo… quedó con unos pocos compañeros, no haciendo otra cosa noche y día que orar por todos los hombres y por las iglesias por todo el mundo; porque ésta era su costumbre constante. Y mientras estaba orando tuvo una visión tres días antes de su captura; y vio que su almohada estaba ardiendo. Y se volvió y dijo a los que estaban con él: «Es necesario que sea quemado vivo.» (Martirio de Policarpo 155 d.C.)  

Así pues, cuando el hombre que tiene el Espíritu divino acude a una asamblea de hombres justos, que tienen fe en el Espíritu divino, y se hace intercesión a Dios en favor de la congregación de estos hombres, entonces el ángel del espíritu profético que está con el hombre llena al hombre, y éste, siendo lleno del Espíritu Santo, habla a la multitud, según quiere el Señor. De esta manera, pues, el Espíritu de la deidad será manifestado. (Hermas 150 d.C.)  

De obrar milagros: (los herejes) no lo hacen por el poder de Dios, ni en verdad, ni actúan así para hacer el bien a los demás, sino para dañarlos induciéndolos a error, por medio de una magia ilusoria y un completo fraude, de modo que, en lugar de hacer el bien a quienes creen en sus seducciones, los perjudican. No son capaces de dar la vista a los ciegos, ni el oído a los sordos, ni expulsar a todos los demonios -sino sólo a aquellos que ellos mismos les meten, si es verdad lo que dicen-, ni curar a los enfermos, cojos y paralíticos o dañados en cualquier otro miembro del cuerpo como efecto de alguna enfermedad, ni dar de nuevo la salud a todos aquellos que enferman por accidente. Muy lejos están de resucitar a los muertos -como lo han hecho el Señor y los Apóstoles por medio de la oración y como en algunos casos ha sucedido en la comunidad cuando ha sido necesario, cuando toda la Iglesia lo ha suplicado con ayunos y plegarias, de modo que «ha regresado al muerto el espíritu» como respuesta a las oraciones de los santos-. Ni siquiera creen que esto sea posible; porque, según ellos, incluso la resurrección de los muertos no es sino el conocimiento de lo que ellos llaman la verdad… (Ireneo 180 d.C.)  

Damos lo que tenemos para la salvación de los hombres, y muchas veces los enfermos reciben de nosotros, para su curación, incluso lo que a nosotros nos hace falta… (Ireneo 180 d.C.)  

Por los profetas les demostraremos que ya estaban anunciadas, que él las hizo de modo que no quede duda alguna, y que él es el único Hijo de Dios. Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de él han recibido. Unos real y verdaderamente expulsan a los demonios, de modo que los mismos librados de los malos espíritus aceptan la fe y entran en la Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar, y reciben visiones y palabras proféticas; otros curan las enfermedades por la imposición de las manos y devuelven la salud; y, como arriba hemos dicho, algunos muertos han resucitado y vivido entre nosotros por varios años. ¿Qué más podemos decir? Son incontables las gracias que la Iglesia extendida por todo el mundo recibe de Dios… (Ireneo 180 d.C.)  

Pablo; pues en la Carta a los Corintios escribió con precisión acerca de los carismas proféticos, y reconoció que hay en la Iglesia hombres y mujeres que profetizan… (Ireneo 180 d.C.)  

Este es el Padre de nuestro Señor, por cuya providencia todo sucede, y que administra todas las cosas con su mandato. Da gratuitamente a quien conviene, distribuye los dones según los méritos, y castiga con justicia a los ingratos insensibles a su benignidad. (Ireneo 180 d.C.) 

Por eso dice el Apóstol: «Hablamos de la sabiduría de los perfectos» (1 Corintios 2:6); llamando perfectos a quienes recibieron el Espíritu de Dios, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu de Dios, como él mismo hablaba. También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu… (Ireneo 180 d.C.)  

Los herejes todavía no acogen los dones del Espíritu Santo y rechazan el carisma profético, por cuyo rocío el hombre produce frutos de vida divina. (Ireneo 180 d.C.)

 

Herejes y herejías


Ahora bien, Onésimo, de su propia iniciativa os alaba en gran manera por su conducta ordenada en Dios, porque todos viven en conformidad con la verdad, y no hay herejía alguna que halle albergue entre ustedes; es más, ni aun escuchan a nadie si habla de otras cosas excepto lo que se refiere a Jesucristo en verdad. Porque algunos son propensos a engaño malicioso sobre el Nombre, y lo propagan y hacen ciertas cosas indignas de Dios. A éstos tienen que evitarlos como si fueran fieras; porque son perros rabiosos, que muerden a escondidas; contra los cuales deberíais estar en guardia, porque son difíciles de sanar. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Absténganse de las plantas nocivas, que no son cultivadas por Jesucristo, porque no son plantadas por el Padre. Porque todos los que son de Dios y de Jesucristo están con los obispos… No se dejen engañar, hermanos míos. Si alguno sigue a otro que hace un cisma, no heredará el reino de Dios. Si alguno anda en doctrina extraña, no tiene comunión con la pasión. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Pero los que entregaron (varas) verdes y sin marchitar, éstos están también cerca de ellos; porque eran hipócritas, y trajeron doctrinas extrañas, y pervirtieron a los siervos de Dios, especialmente a los que no habían pecado, no permitiéndoles que se arrepintieran, sino persuadiéndoles con sus doctrinas insensatas. Éstos, pues, tienen esperanza de arrepentirse. (Hermas 150 d.C.)  

Acerca de la teoría de quienes opinan cosas contrarias al Padre nada dice la Escritura, ni en forma abierta, ni con sus palabras, ni en forma incontrovertida. Los mismos herejes dan testimonio de ello, cuando afirman que el Salvador las enseñó en secreto, no a todos sino a algunos discípulos capaces de entenderlo, y de interpretar su significado por medio de argumentos, enigmas y parábolas. Llegan incluso a decir que uno es el Dios del que se predica, y otro el Padre al que se refieren las parábolas y enigmas. (Ireneo 180 d.C.)  

Y del mismo Policarpo se dice que una vez se encontró a Marción, y éste le dijo: «¿Me conoces?» El le respondió: «Te conozco, primogénito de Satanás». Es que los Apóstoles y sus discípulos tenían tal reverencia, que no querían dirigir ni siquiera una mínima palabra a aquellos que adulteran la verdad, como dice San Pablo: «Después de una o dos advertencias, evita al hereje, viendo que él mismo se condena y peca sosteniendo una mala doctrina» (Ireneo 180 d.C.) 

Si alguien se atreviese a predicarles lo que los herejes han inventado, hablándoles en su propia lengua, ellos de inmediato cerrarían los oídos y huirían muy lejos, pues ni siquiera se atreverían a oír la predicación blasfema… (Ireneo 180 d.C.)  

Por tanto, quienes no participan de él, ni nutren su vida con la leche de su madre (la Iglesia), tampoco reciben la purísima fuente que procede del cuerpo de Cristo. «Cavan para sí mismos cisternas agrietadas», se llenan de pozos terrenos y beben agua corrompida por el lodo; porque huyen de la fe de la Iglesia para que no se les convenza de error, y rechazan el Espíritu para no ser instruidos. Enajenándose de la verdad, revolotean de error en error, andan fluctuando, opinando ora de un modo, ora de otro, según las ocasiones, y nunca llegan a afirmarse en una doctrina estable. (Ireneo 180 d.C.)  

… como pediste, recibas de nuestra cosecha todos los argumentos para confundir a los herejes; y para que, una vez refutados, ya no les permitas volver a caer en el abismo del error ni ahogarse en el mar de la ignorancia; sino que, volviéndose al puerto de la verdad, puedan lograr su salvación. (Ireneo 180 d.C.)  

En cambio a los otros, que se apartan de la sucesión original y se reúnen en cualquier parte, habrá que tenerlos por sospechosos, como herejes que tienen ideas perversas, o como cismáticos llenos de orgullo y autocomplacencia, o como hipócritas que no buscan en su actuar sino el interés y la vanagloria… (Ireneo 180 d.C.)  

La Iglesia ha sido plantada como el paraíso en el mundo. «De todo árbol, pues, del paraíso, pueden comer» (Génesis 2:16), dice el Espíritu de Dios, esto es, comed de toda la Escritura del Señor, pero no coman con espíritu orgulloso ni toquen nada de la disensión herética… (Ireneo 180 d.C.)  

Está claro que estas herejías nacieron más tarde y son innovaciones y desfiguraciones de la antigua y verdadera Iglesia, así como las que surgieron en tiempos todavía posteriores a ellas. Y creo que resulta evidente después de lo dicho, que la verdadera Iglesia es una, la realmente primitiva, en la cual están inscritos los que son predestinados como justos… (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

Si son herejes, no pueden ser cristianos, ya que no han recibido de Cristo lo que ellos se han escogido por propia elección al admitir el nombre de herejes. No siendo cristianos, no tienen derecho alguno sobre los escritos cristianos. Con razón se les ha de decir: ¿Quiénes son? ¿Cuándo llegaron, y de dónde? ¿Qué hacen en mi terreno, no siendo de los míos? ¿Con qué derecho, Marción, cortas leña en mi bosque? ¿Con qué permiso, Valentín, desvías el agua de mis fuentes? ¿Con qué poderes, Apeles, mueves mis mojones?... Esta posesión es mía; posesión antigua y anterior a vosotros. Tengo unos orígenes firmes, desde los mismos fundadores de la doctrina... (Tertuliano 197 d.C.)

 

lunes, 20 de abril de 2015

Divisiones de la Iglesia


No formarás divisiones, sino que guardarás la paz, tratando (le reconciliar a los que luchan. (Bernabé 150 d.C.)

Les había sido concedida toda gloria y prosperidad, y así se cumplió lo que está escrito: Mi amado comió y bebió y prosperó y se llenó de gordura y empezó a dar coces. Por ahí entraron los celos y la envidia, la discordia y las divisiones, la persecución y el tumulto, la guerra y la cautividad. Y así los hombres empezaron a agitarse: los humildes contra los honorables, los mal reputados contra los de gran reputación, los necios contra los sabios, los jóvenes contra los ancianos. Por esta causa la justicia y la paz se han quedado a un lado, en tanto que cada uno ha olvidado el temor del Señor y quedado ciego en la fe en Él, no andando en las ordenanzas de sus mandamientos ni viviendo en conformidad con Cristo, sino cada uno andando en pos de las concupiscencias de su malvado corazón, pues han concebido unos celos injustos e impíos, por medio de los cuales también la muerte entró en el mundo. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

¿Por qué hay, pues, contiendas e iras y disensiones y facciones y guerra entre ustedes? ¿No tenemos un solo Dios y un Cristo y un Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros? ¿Y no hay una sola vocación en Cristo? ¿Por qué, pues, separamos y dividimos los miembros de Cristo, y causamos disensiones en nuestro propio cuerpo, y llegamos a este extremo de locura, en que olvidamos que somos miembros los unos de los otros? Recuerden las palabras de Jesús nuestro Señor; porque Él dijo: ¡Ay de este hombre; mejor sería para él que no hubiera nacido, que el que escandalice a uno de mis elegidos! Sería mejor que le ataran del cuello una piedra de molino y le echaran en el mar que no que trastornara a uno de mis elegidos. Vuestra división ha trastornado a muchos; ha sido causa de abatimiento para muchos, de duda para muchos y de aflicción para todos. Y vuestra sedición sigue todavía. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

¿Quién hay, pues, noble entre ustedes? ¿Quién es compasivo? ¿Quién está lleno de amor? Que diga: si por causa de mí hay facciones y contiendas y divisiones, me retiro, me aparto adonde quieran, y hago lo que está ordenado por el pueblo: con tal que el rebaño de Cristo esté en paz con sus presbíteros debidamente designados. El que haga esto ganará para sí un gran renombre en Cristo, y será recibido en todas partes; porque la tierra es del Señor y suya es la plenitud de la misma. Esto es lo que han hecho y harán los que viven como ciudadanos de este reino de Dios, que no da motivo de arrepentirse de haberlo hecho. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

Como hijos, pues, [de la luz] de la verdad, evitad las divisiones y las doctrinas falsas; y allí donde está el pastor, síganle como ovejas. Absteneos de las plantas nocivas, que no son cultivadas por Jesucristo, porque no son plantadas por el Padre. No que haya hallado divisiones entre ustedes, pero sí filtración. Porque todos los que son de Dios y de Jesucristo están con los obispos; y todos los que se arrepientan y entren en la unidad de la Iglesia, éstos también serán de Dios, para que puedan vivir según Jesucristo. No os dejen engañar, hermanos míos. Si alguno sigue a otro que hace un cisma, no heredará el reino de Dios. Si alguno anda en doctrina extraña, no tiene comunión con la pasión. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Son en verdad infelices, pues al elegir ser falsos profetas, rechazan la gracia de la profecía en la Iglesia. Se parecen a aquellos que, para evitar mezclarse con los hipócritas que vienen a la Iglesia, se abstienen también de la comunión con los hermanos. (Ireneo 180 d.C.)
 

 

Excomulgación


Pero les amonesto de estas cosas, queridos, sabiendo que piensan lo mismo que yo. No obstante, estoy velando siempre sobre ustedes para protegeros de las fieras en forma humana —hombres a quienes no sólo no deberían recibir, sino, si fuera posible, ni tan sólo tener tratos [con ellos]; sólo orar por ellos, por si acaso se pueden arrepentir—. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Así pues, los que contradicen el buen don de Dios perecen por ponerlo en duda. Pero sería conveniente que tuvieran amor, para que también pudieran resucitar. Es, pues, apropiado, que se abstengan de los tales, y no les hablen en privado o en público; sino que presten atención a los profetas, y especialmente al Evangelio, en el cual se nos muestra la pasión y es realizada la resurrección. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Si alguien se atreviese a predicarles lo que los herejes han inventado, hablándoles en su propia lengua, ellos de inmediato cerrarían los oídos y huirían muy lejos, pues ni siquiera se atreverían a oír la predicación blasfema. (Ireneo 180 d.C.)  

De todos estos es necesario alejarse, y en cambio adherirse a aquellos que, como hemos dicho, conservan la doctrina de los Apóstoles en el orden de los presbíteros, que ofrecen una palabra sana y observan una conducta irreprochable (Tito 2:8) para edificar y corregir a los demás… (Ireneo 180 d.C.)  

Si alguno ha delinquido en pecado atroz o enorme, es desterrado de la oración, de la Iglesia y del tratado de aquella santa compañía. Este castigo es tan espantoso que parece un ensayo del juicio final, en que Cristo apartará lejos de si los condenados. (Tertuliano 197 d.C.)  

Todo el que se separa de la Iglesia, se une a una adúltera, se separa de las promesas de la Iglesia, es un extraño, un excomulgado, un enemigo… (Cipriano 250 d.C.)


Confesión de pecados


Confesarás tus faltas a la iglesia y te guardarás de ir a la oración con mala conciencia. Tal es el camino de la vida. (Didaché 80-140 d.C.)  

Cuando se reúnan en el domingo del Señor, partan el pan, y para que el sacrificio sea puro, den gracias después de haber confesado vuestros pecados. (Didaché 80-140 d.C.)  

Confesarás tus pecados. No te acercarás a la oración con conciencia mala. (Bernabé 150 d.C.)  

Además, había caído sobre todos ustedes un copioso derramamiento del Espíritu Santo; y, estando llenos de santo consejo, en celo excelente y piadosa confianza, extendían las manos al Dios Todopoderoso, suplicándole que les fuera propicio, en caso de que, sin querer, cometieran algún pecado. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

Por tanto, desarraiguemos esto rápidamente, y postrémonos ante el Señor y roguémosle con lágrimas que se muestre propicio y se reconcilie con nosotros, y pueda restaurarnos a la conducta pura y digna que corresponde a nuestro amor de hermanos. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

Porque es bueno que un hombre confiese sus transgresiones en vez de endurecer su corazón, como fue endurecido el corazón de los que hicieron sedición contra Moisés el siervo de Dios. (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

Nosotros, en tanto que estamos en este mundo, arrepintámonos de todo corazón de las cosas malas que hemos hecho en la carne, para que podamos ser salvados por el Señor en tanto que hay oportunidad para el arrepentimiento. Porque una vez hemos partido de este mundo ya no podemos hacer confesión allí, ni tampoco arrepentimos. (Segunda Clemente 150 d.C.)  

Si, pues, rogamos al Señor que nos perdone, nosotros deberíamos también perdonar: porque estamos delante de los ojos de nuestros Señor y Dios, y todos hemos de presentarnos ante el trono del juicio de Cristo, y cada uno tendrá que dar cuenta de sí. (Policarpo 135 d.C.)  

… porque el pobre es rico en intercesión [y confesión], y su intercesión tiene gran poder con Dios. (Hermas 150 d.C.)  

Uno de nuestros diáconos del Asia menor recibió en su casa (un falso profeta), y sobre él recayó esta calamidad: su mujer, que era muy hermosa, dejó que este mago la corrompiera en mente y cuerpo, y hasta se fue tras él por mucho tiempo; cuando después algunos hermanos con gran esfuerzo la ayudaron a convertirse, ella pasó el resto de su vida haciendo penitencia, llorando y lamentándose de la deshonra que había sufrido de aquel mago. (Ireneo 180 d.C.)  

Vamos a decirlo francamente: si conservas ocultos tus pecados, ¿piensas obtener un gran beneficio?, ¿crees acaso que quedará a salvo tu honorabilidad? No. Aunque logremos ocultar nuestras faltas, en cuanto esto es posible al hombre, no las podremos esconder a los ojos de Dios. ¿Y vamos a comparar la estima de los hombres con la certeza de que Dios conoce nuestros pecados? ¿Qué es preferible: condenarse, ocultando las miserias a los ojos humanos, o reconocer sinceramente nuestras propias culpas? (Tertuliano 197 d.C.)  

Esto es lo que se llama confesión, con la que reconocemos ante Dios nuestro pecado, no porque él lo ignore, sino porque la confesión dispone para la satisfacción y de ella nace la penitencia, y con la penitencia Dios es aplacado. Por tanto, la confesión es aquella disciplina por la que el hombre se prosterna y se humilla, poniéndose en una actitud que atrae la misericordia… (Tertuliano 197 d.C.) 

 

La Iglesia y el Estado


El procónsul dijo: «Convence al pueblo.» Pero Policarpo contestó: «En cuanto a ti, he considerado que eres digno de hablarte; porque se nos ha enseñado a rendir honor como es debido a los príncipes y autoridades designadas por Dios, salvo que no sea en nuestro perjuicio; pero en cuanto a éstos, no los considero dignos de que tenga que defenderme delante de ellos.» (Martirio de Policarpo 155 d.C.)  

Residen en sus propios países, pero sólo como transeúntes; comparten lo que les corresponde en todas las cosas como ciudadanos, y soportan todas las opresiones como los forasteros. Todo país extranjero les es patria, y toda patria les es extraña… Se hallan en la carne, y, con todo, no viven según la carne. Su existencia es en la tierra, pero su ciudadanía es en el cielo. Obedecen las leyes establecidas, y sobrepasan las leyes en sus propias vidas. (Epístola a Diogneto 125-200 d.C.)  

En cuanto a los tributos y contribuciones, nosotros antes que nadie procuramos pagarlos a quienes vosotros habéis designado para ello en todas partes: así se nos enseñó. Cuando se le acercaron algunos para preguntarle si había que pagar el tributo al César, Él respondió: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: Del César. Entonces les dijo: Den, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22:20-21). Por eso, sólo adoramos a Dios, pero en todo lo demás os servimos a ustedes con gusto, reconociendo que son emperadores y gobernantes de los hombres y rogando que, junto con el poder imperial, se advierta que también son hombres de prudente juicio. (Justino Mártir 160 d.C.)  

¿Por qué se empeñan, oh griegos, en que, como en lucha de pugilato, choquen las instituciones del Estado contra nosotros? Si no quiero seguir las costumbres de ciertas gentes, ¿por qué he de ser odiado como el ser más abominable? El emperador manda pagar tributos, y yo estoy dispuesto a hacerlo. Mi amo quiere que le esté sujeto y le sirva, y yo reconozco esta servidumbre. Porque, en efecto, al hombre se le ha de honrar humanamente, pero temer sólo se ha de temer a Dios, que no es visible a los ojos humanos ni es por arte alguna comprensible. Sólo si se me manda negar a Dios no estoy dispuesto a obedecer, sino que antes sufriré la muerte, para no declararme mentiroso y desagradecido. (Taciano 160 d.C.)  

Yo no deseo ser un rey. No anhelo ser rico. Rechazo toda posición militar. Detesto la fornicación. No soy llevado por un amor insaciable de ganancias [financieras] para hacerme a la mar. No compito por una corona. Estoy libre de una sed excesiva por la fama. Desprecio la muerte. (…) ¡Mueran al mundo, repudiando la locura que hay en él! ¡Vivan para Dios! (Tatiano 160 d.C.)  

(Escrito por un crítico pagano del cristianismo)…es que si todos los demás hiciesen como ustedes, nada impediría que el Emperador se quedase en solitario y abandonado y el mundo entero se tornaría presa de los bárbaros más salvajes y más groseros. (Celso 178 d.C.)  

No tenemos nación alguna en la tierra. Por tanto, podemos despreciar las posesiones terrenales. (Clemente de Alejandría 195 d.C.)  

A un soldado de la autoridad civil se le debe enseñar a que no mate a los hombres y a que se niegue a hacerlo si se le ordenara, y también a negarse a prestar juramento. Si él no está dispuesto a cumplir, se le debe rechazar para el bautismo. Un comandante militar o un juez de la corte que esté activo tienen que renunciar o ser rechazado. Si un candidato o un creyente busca convertirse en soldado, tendrá que ser rechazado por haber despreciado a Dios. (Hipólito 170 -236 d.C.)  

Todo celo en la búsqueda de gloria y honor está muerto en nosotros. De modo que nada nos presiona a participar en sus reuniones públicas. Además, no hay otra cosa más totalmente ajena a nosotros que los asuntos del estado. Reconocemos un único dominio que lo abarca todo; el mundo. Renunciamos a todos los espectáculos de ustedes. (Tertuliano 197 d.C.)  

¿Cuáles cosas serán de Dios si todas las cosas son del César? (Tertuliano 197 d.C.)  

Nosotros invocamos por la salud del emperador a Dios eterno, a Dios verdadero, a Dios vivo, a quien ellos mismos, más que a otros dioses, desean tener propicio. Conocen que el que les dio el imperio les puede dar la salud, y que sólo puede conservar la vida de los hombres el que les dio el alma con que viven… Así está orando en comunidad nuestra santa compañía, pidiendo a Dios por todos los emperadores larga vida, imperio quieto, palacio seguro, ejércitos fuertes, Senado leal, pueblo honrado, inundo pacífico, que es todo lo que desean los emperadores como públicos ministros y particulares personas… Así estamos con esta postura rogando a Dios por los emperadores. Venga, pues, abran las uñas de hierro brechas en las carnes; clávennos en altas cruces; laman las lenguas de fuego; degüellen los alfanjes; acométannos con brío feroz las fieras; que aquella disposición y figura con que ruega a Dios el cristiano, es un aparejo para todo linaje de muerte; es postura que desafía los tormentos. Continúen presidentes buenos, atiendan a la persecución, atormenten la vida de los que así ruegan por la salud del César, y llamad a la verdad de la oración delito, a la devoción superstición, crimen la postura… (Tertuliano 197 d.C.) 

…los cristianos tienen precepto para redundancia de la benignidad de rogar a Dios por sus enemigos, y de pedir favores para los que les persiguen. Los que tienen, pues, precepto de rogar a Dios por sus enemigos, sin duda rogarán cuidadosamente por los emperadores… Y no sólo debemos rogar por ellos a título de enemigos, sino porque expresamente, señalando sus nombres, nos manda nuestra ley rogar a Dios por los príncipes. «Rueguen, dice, por los reyes, por las potestades, para que viva en tranquilidad la república.» Y debemos cuidar mucho de este precepto, porque en su provecho tiene fiador nuestra importancia… (Tertuliano 197 d.C.) 

Pero quería en este segundo crimen de lesa Majestad de que nos acusan como de segundo sacrilegio, porque no celebramos los días solemnes del César con ese modo que inventó, no la razón, sino el deleite, y no lo sufre ni la modestia, ni la vergüenza, ni la honestidad, mostrar la verdad y vuestra fe, por si acaso los hallare yo aun en eso peores que los cristianos que llamáis indevotos de los romanos y públicos enemigos de los emperadores… (Tertuliano 197 d.C.) 

Pero nuestra junta no tiene estos peligros; que si los cristianos son hombres de hielo, para las honras y dignidades no necesitan de ir al Senado, ni a otra junta a pretender tumultuosamente cargos apadrinados con la violencia de los votos. No acude el cristiano al Consistorio por su interés; para él todo el mundo es su república, todos los hombres son ciudadanos; con igualdad mira el público negocio y el ajeno… (Tertuliano 197 d.C.) 

Nuestras oraciones derrotan a todos los demonios que provocan la guerra. Esos demonios también hacen que las personas violen sus juramentos y alteren la paz. Así pues, de esta manera, nosotros somos mucho más útiles a los reyes que aquellos que van al campo de batalla para pelear por ellos. Y también tomamos parte en los asuntos públicos cuando sumamos los ejercicios de abnegación a nuestras oraciones y meditaciones justas, las cuales nos enseñan a despreciar los placeres y a no dejarnos llevar por ellos. De manera que nadie lucha mejor por el rey que nosotros. En realidad, nosotros no peleamos bajo su mando, aun si nos lo exigiera. Sin embargo, peleamos a su favor, formando un ejército especial, un ejército de santidad, por medio de nuestras oraciones a Dios. Y si él deseara que “dirigiéramos ejércitos en defensa de nuestro país”, sepa que también hacemos esto. Y no lo hacemos con el objetivo de ser vistos por los hombres o por vanagloria. Ya que en secreto, y en nuestros corazones, nuestras oraciones ascienden a favor de nuestro prójimo, como si fuéramos sacerdotes. De manera que los cristianos son benefactores de su país más que las demás personas. (Orígenes 225 d.C.)

 

 

jueves, 16 de abril de 2015

Obispo


Si alguien viniese de fuera para enseñaros todo esto, recíbanle. Pero si resultare ser un doctor extraviado, que les dé otras enseñanzas para destruir su fe, no le oigan. Si por el contrario, se propusiese haceros regresar en la senda de la justicia y del conocimiento del Señor, recibidle como recibiríais al Señor. Vean ahí como según los preceptos del Evangelio deben portarse con los apóstoles y profetas. Reciban en nombre del Señor a los apóstoles que les visitaren, en tanto permanecieren un día o dos entre ustedes: el que se quedare durante tres días, es un falso profeta. Al salir el apóstol, deben proveerle de pan para que pueda ir a la ciudad donde se dirija: si pide dinero, es un falso profeta. A todo el que fuere a ustedes en nombre del Señor, recibidle, y pruébenlo después para conocerlo, puesto que deben tener suficiente criterio para conocer a los que son de la derecha y los que pertenecen a la izquierda. Si quisiere permanecer entre ustedes… que trabaje para comer; si no tuviese oficio ninguno, procurad según su prudencia a que no quede entre ustedes ningún cristiano ocioso. Si no quisiere hacer esto, es un negociante del cristianismo, del cual se alejarán.
El verdadero profeta, que quisiere fijar su residencia entre ustedes, es digno del sustento; porque un doctor verdadero, es también un artista, y por tanto digno de su alimento. Tomarás tus primicias de la era y el lagar, de los bueyes y de las cabras y se las darás a los profetas, porque ellos son sus grandes sacerdotes. Al preparar una hornada de pan, toma las primicias, y dalas según el precepto. Lo mismo harás al empezar una vasija de vino o de aceite, cuyas primicias destinarás a los profetas. En lo concerniente a tu dinero, tus bienes y tus vestidos, señala tú mismo las primicias y haz según el precepto. (Didaché 80-140 d.C.)  

Para el cargo de obispos y diáconos del Señor, elegirán a hombres humildes, desinteresados, veraces y probados, porque también hacen el oficio de profetas y doctores. No los menosprecien, puesto que son vuestros dignatarios, juntamente con vuestros profetas y doctores. (Didaché 80-140 d.C.)  

Los apóstoles recibieron el Evangelio para nosotros del Señor Jesucristo… y confirmados en la palabra de Dios con plena seguridad por el Espíritu Santo, salieron a proclamar las buenas nuevas de que había llegado el reino de Dios. Y así, predicando por campos y ciudades, por todas partes, designaron a las primicias (de sus labores), una vez hubieron sido probados por el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los que creyeran. Y esto no lo hicieron en una forma nueva; porque verdaderamente se había escrito respecto a los obispos y diáconos desde tiempos muy antiguos; porque así dice la escritura en cierto lugar: Y nombraré a tus obispos en justicia y a tus diáconos en fe…
… Y nuestros apóstoles sabían por nuestro Señor Jesucristo que habría contiendas sobre el nombramiento del cargo de obispo. Por cuya causa, habiendo recibido conocimiento completo de antemano, designaron a las personas mencionadas, y después proveyeron a continuación que si éstas durmieran, otros hombres aprobados les sucedieran en su servicio. A estos hombres, pues, que fueron nombrados por ellos, o después por otros de reputación, con el consentimiento de toda la Iglesia, y que han ministrado intachablemente el rebaño de Cristo, en humildad de corazón, pacíficamente y con toda modestia, y durante mucho tiempo han tenido buena fama ante todos… (Clemente de Roma 30-100 d.C.)  

(El Obispo Ignacio escribe:) No les estoy dando órdenes, como si yo fuera alguien que pudiera hacerlo. Porque aun cuando estoy en cadenas por amor del Nombre, no he sido hecho perfecto todavía en Jesucristo. [Porque] ahora estoy empezando a ser un discípulo; y les hablo como a mis compañeros. Porque yo debería ser entrenado por ustedes para la contienda en fe, exhortación, persistencia y longanimidad… Jesucristo, nuestra vida inseparable, es también la mente del Padre, así como los obispos establecidos hasta los extremos de la tierra están en la mente de Jesucristo. Por lo tanto es apropiado que anden en armonía con la mente del obispo; lo cual ya lo hacen… (Ignacio 50-100 d.C.)  

Sí, y les corresponde a ustedes también no tomaros libertades por la juventud de su obispo, sino, según el poder de Dios el Padre, rendirle toda reverencia, tal como he sabido que los santos presbíteros tampoco se han aprovechado de la evidente condición de su juventud, sino que le han tenido deferencia como prudente en Dios; no ya a él, sino al Padre de Jesucristo, a saber, el Obispo de todos. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Sed obedientes al obispo y los unos a los otros, como Jesucristo lo era al Padre [según la carne], y como los apóstoles lo eran a Cristo y al Padre, para que pueda haber unión de la carne y el espíritu. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Es necesario, por tanto, como acostumbráis hacer, que no hagáis nada sin el obispo, sino que seáis obedientes también al presbiterio, como los apóstoles de Jesucristo nuestra esperanza; porque si vivimos en El, también seremos hallados en Él. Y estoy persuadido que pensáis de esta forma en lo que respecta a estas cuestiones; porque he recibido la muestra de su amor, y la tengo conmigo, en la persona de su obispo, cuyo comportamiento es una gran lección, cuya mansedumbre es poder; un hombre a quien creo que incluso los impíos prestan reverencia. (Ignacio 50-100 d.C.)  

(El Obispo Ignacio escribe) No os mando nada, cosa que hicieron Pedro y Pablo. Ellos eran apóstoles, yo soy un reo; ellos eran libres, pero yo soy un esclavo en este mismo momento. Con todo, cuando sufra, entonces seré un hombre libre de Jesucristo, y seré levantado libre en Él. Ahora estoy aprendiendo en mis cadenas a descartar toda clase de deseo. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Recuerden en sus oraciones a la iglesia que está en Siria, que tiene a Dios como su pastor en lugar mío. Jesucristo sólo será su obispo —El y su amor—. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Porque todos los que son de Dios y de Jesucristo están con los obispos; y todos los que se arrepientan y entren en la unidad de la Iglesia, éstos también serán de Dios, para que puedan vivir según Jesucristo. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Seguid todos a su obispo, como Jesucristo siguió al Padre, y al presbiterio como los apóstoles; y respetad a los diáconos, como el mandamiento de Dios. Que nadie haga nada perteneciente a la Iglesia al margen del obispo. Considerad como eucaristía válida la que tiene lugar bajo el obispo o bajo uno a quien él la haya encomendado. Allí donde aparezca el obispo, allí debe estar el pueblo; tal como allí donde está Jesús, allí está la iglesia universal. No es legítimo, aparte del obispo, ni bautizar ni celebrar una fiesta de amor; pero todo lo que él aprueba, esto es agradable también a Dios; que todo lo que hagáis sea seguro y válido. (Ignacio 50-100 d.C.)  

Estas cosas les escribo, hermanos, con respecto a la justicia, no porque yo me impusiera esta carga, sino porque ustedes me enviaron. Porque ni yo, ni hombre alguno, puede seguir la sabiduría del bienaventurado y glorioso Pablo, el cual, cuando estuvo entre ustedes, enseñó cara a cara a los hombres de aquel día la palabra de verdad con cuidado y certeza… (Policarpo 135 d.C.)  

Sabiendo, pues, que de Dios nadie se mofa, deberíamos andar dignamente en su mandamiento y su gloria. De igual manera los diáconos deben ser intachables en la presencia de su justicia, como diáconos de Dios y Cristo y no de hombres; no calumniadores, ni con doblez de palabra, ni amantes del dinero, templados en todas las cosas, compasivos, diligentes, andando en conformidad con la verdad del Señor que se hizo ministro (diácono) de todos. (Policarpo 135 d.C.)  

Y los presbíteros también deben ser compasivos, misericordiosos hacia los hombres, haciendo volver a las ovejas que se han extraviado, visitando a todos los enfermos, sin descuidar una viuda o un huérfano o un pobre: sino procurando hacer siempre lo que es honroso a la vista de Dios y de los hombres, absteniéndose de toda ira, acepción de personas, juicios injustos, apartándose de todo amor al dinero, no prontos a creer nada en contra de un hombre, sin enjuiciar precipitadamente, sabiendo que todos somos deudores de pecado. (Policarpo 135 d.C.) 

«Oye ahora respecto a las piedras que entran en el edificio. Las piedras que son cuadradas y blancas, y que encajan en sus junturas, éstas son los apóstoles y obispos y maestros y diáconos que andan según la santidad de Dios, y ejercen su oficio de obispo, de maestro y diácono en pureza y santidad para los elegidos de Dios, algunos de los cuales ya duermen y otros están vivos todavía. Y, debido a que siempre están de acuerdo entre sí, tuvieron paz entre sí y se escucharon el uno al otro. Por tanto, sus junturas encajan en el edificio de la torre.» (Hermas 150 d.C.)  

Ahora, pues, les digo a ustedes los que gobernáis la Iglesia y que ocupen sus asientos principales, no sean como los charlatanes. Los charlatanes, verdaderamente, llevan sus drogas en cajas, pero ustedes llevan droga y su veneno en el corazón. Están endurecidos, y no quieren limpiar sus corazones, y mezclar su sabiduría en un corazón limpio, para que puedan conseguir misericordia del Gran Rey. Mirad, pues, hijos, que estas divisiones no les priven de su vida. ¿Cómo es posible que quieran instruir a los elegidos del Señor, en tanto que ustedes no tienen instrucción? Instrúyanse unos a otros, pues, y tened paz entre ustedes, que yo también pueda estar contento delante del Padre, y dar cuenta de todos ustedes a su Señor. (Hermas 150 d.C.)  

Los que tienen las manchas son diáconos que ejercieron mal su oficio, y saquearon la sustancia de viudas y huérfanos, e hicieron ganancia para sí con las administraciones que habían recibido para ejecutar. Estos, pues, si permanecen en el mismo mal deseo, son muertos y no hay esperanza de vida para ellos… (Hermas 150 d.C.)  

Y de la décima montaña, en que había árboles que cobijaban a ciertas ovejas, los que creyeron son así: obispos, personas hospitalarias, que reciben alegremente en sus casas en todo tiempo a los siervos de Dios sin hipocresía. [Estos obispos] en todo tiempo sin cesar dieron albergue a los necesitados y a las viudas en sus administraciones, y se condujeron con pureza en todo momento. A [todos] éstos, pues, les dará asilo el Señor para siempre. Los que han hecho estas cosas, por consiguiente, son gloriosos a la vista de Dios, y su lugar es ahora con los ángeles si siguen hasta el fin sirviendo al Señor. (Hermas 150 d.C.)  

Pero si halla alguna parte del rebaño desparramada, ¡ay de los pastores! Porque si resulta que los mismos pastores están esparcidos, ¿cómo van a responder de los rebaños? ¿Dirán que fueron hostigados por el rebaño? Nadie los creería. Porque es algo increíble que un pastor sea herido por su rebaño, y aún será castigado más a causa de su falsedad. Y yo soy el pastor, y me corresponde estrictamente rendir cuentas de ustedes. (Hermas 150 d.C.)  

Pero (los falsos maestros), y a mi juicio con toda razón, no quieren enseñar abiertamente a todos, sino sólo a quienes pueden pagar bien por tales misterios. Pues estas cosas no se parecen a aquéllas de las que dijo el Señor: «Den gratis lo que gratis han recibido» (Mateo 10:8). (Ireneo 180 d.C.)  

Por este motivo es preciso obedecer a los presbíteros de la Iglesia. Ellos tienen la sucesión de los Apóstoles, como ya hemos demostrado, y han recibido, según el beneplácito del Padre, el carisma de la verdad junto con la sucesión episcopal… Así son los presbíteros que la Iglesia nutre. De éstos dice el profeta: «Te daré príncipes en la paz y guardianes de la justicia»
En esta congregación presiden presbíteros ancianos que alcanzaron esta honra, no por precio, sino por el testimonio de sus méritos; que aquí el honor no se compra sino con costumbres. (Tertuliano 197 d.C.)  

(Aquí Cipriano describe el materialismo que empezó a contaminar la iglesia en el año 250) y olvidándose de su fe y de lo que antes se solía practicar en tiempo de los apóstoles y que siempre deberían seguir practicando… Muchos obispos, que debían ser ejemplo y exhortación para los demás, se olvidaban de su divino ministerio, y se hacían ministros de los poderosos del siglo: abandonaban su sede. Dejaban destituido a su pueblo, recorriendo las provincias extranjeras siguiendo los mercados en busca de negocios lucrativos, con ansia de poseer abundancia de dinero mientras los hermanos de sus iglesias padecían hambre; se apoderaban de haciendas con fraudes y ardides, y aumentaban sus intereses con crecida usura... Nosotros, al olvidarnos de la ley que se nos había dado, hemos dado con nuestros pecados motivo para lo que ocurre: ya que hemos despreciado los mandamientos de Dios, somos llamados con remedios severos a que nos enmendemos de nuestros delitos y demos muestra de nuestra fe… (Cipriano 250 d.C.)  

Con toda diligencia hay que guardar la tradición divina y las prácticas apostólicas, y hay que atenerse a lo que se hace entre nosotros que es lo que se hace casi en todas las provincias del mundo, a saber, que para hacer una ordenación bien hecha, los obispos más próximos de la misma provincia se reúnan con el pueblo al frente del cual ha de estar el obispo ordenando, y éste se elija en presencia del pueblo, ya que éste conoce muy bien la vida de cada uno y ha podido observar por la convivencia el proceder de sus actos. Así vemos que se hizo también entre vosotros en la ordenación de nuestro colega Sabino: se le confirió el episcopado y se le impusieron las manos para que sustituyera a Basilides por el sufragio de toda la comunidad de hermanos y el de los obispos que estuvieron presentes y el de los que se enviaron su voto por carta… (Cipriano 250 d.C.)